—?Abre de una vez la maldita puerta! ?Abre!
Tom fruncio el ceno, se inclino hacia delante y echo un vistazo. Vio a un desconocido alli fuera, un hombre bajo de pelo rubio y rizado, barba dorada y frios ojos azules. El desconocido parecia preocupado por algo. Tom se pregunto que debia hacer.
Tom sonrio, asintio y se aparto de la ventana. Empezaba a sentir que venia una vision: el habitual rugido en su mente, el silbido del viento. La luz de extranos soles, azul, blanca, naranja, inflamaba su cerebro.
Sin embargo, aun podia oir la voz enfadada del hombre.
—Mueve esta furgoneta o tendre que volarla. ?Quien demonios te dijo que se puede aparcar aqui? ?Donde esta tu jodido permiso? —El hombre golpeaba la puerta de metal—. Eh, esta furgoneta ni siquiera tiene licencia. ?Quieres abrir de una punetera vez?
—Aqui esta el Magistrado del Imperio —dijo Tom suavemente—. Ese resplandor, esa luminosidad que flota en el aire. No puedes verle, ?verdad? Bueno,
—?No puedo oir lo que dices, jodido idiota! Abre la maldita puerta si quieres decirme algo.
Tom sonrio y no dijo nada. Se iba mas y mas lejos a cada momento. La furiosa voz continuaba:
—… Por los poderes que la Ciudad y el Condado de San Francisco y la Autoridad de Vigilancia en las calles me han investido, declaro a esta furgoneta en violacion del articulo ciento diecisiete del Codigo Civil, y por tanto…
Entonces, una voz familiar.
—Tranquilo, camarada. Ya nos marchabamos. El amigo que esta dentro no puede conducir por razones medicas.
Charley.
Tom se esforzo por recuperar la conciencia del mundo que le rodeaba. El sol azul se desvanecio, y el blanco, y el naranja.
—Esta bien —dijo Charley—. Puedes dejarnos entrar, Tom.
Tom vio a Mujer y a Stidge junto a Charley. Al otro lado de la calle estaban Nicholas, Choke, Tamal y Buffalo. Habia con ellos dos hombres jovenes, que parecian asustados. Los chicos de la granja. Malo, penso Tom. Malo.
—Este hombre… —dijo, inseguro—. Estaba golpeando la furgoneta. Yo no sabia…
—Esta bien. Abre.
Tom se extrano de que Charley no abriera la puerta el mismo. Tenia la llave, ?no? Pero Charley empezaba a parecer impaciente. Tom tiro del seguro y cuando la puerta se descorrio, Charley salto hacia atras y Mujer y Stidge aprisionaron rapidamente al hombre de pelo rubio y lo empujaron dentro, arrojandolo boca abajo sobre el suelo.
—Que demonios —dijo el hombre, con voz apagada—. Soy oficial de los Vig…
Stidge le golpeo con algo en la nuca y el hombre se quedo quieto.
Entonces los demas irrumpieron en la furgoneta, Charley, Nicholas, Choke, Tamal, Buffalo y los dos chicos de la granja.
—?Vale, vamonos, Mujer! —ordeno Charley—. No podemos quedarnos aqui.
Mujer corrio a colocarse al volante y la furgoneta se alejo flotando calle abajo.
—?Que queria? —le pregunto Charley a Tom—. ?Que trataba de decirte?
—No estoy seguro. Algo sobre no poder aparcar. Y no tener una licencia. Golpeaba la puerta, pero me dijiste que no dejara entrar a nadie, y entonces volviste y…
—Entonces es un poli de verdad —murmuro Charley—. Un maldito vigilante.
Busco en el bolsillo del policia y encontro una pequena computadora, se la acerco al oido, escucho durante un momento y asintio. Entonces la piso y la rompio en pedazos.
—Ahora esta fuera de contacto. Pero tenemos que deshacernos de el. ?Deshacernos de un poli! ?Mierda!
—Dejas al loco a cargo de la furgoneta, y ya ves lo que pasa —dijo Stidge.
—Esta bien.
—Tampoco fue muy buena idea aparcar alli —continuo el pelirrojo.
—Esta bien. ?Esta bien!
—?Adonde quieres que vayamos? —pregunto Mujer.
—Dobla a la izquierda. Luego sigue recto hasta que veas las indicaciones al Puente Golden Gate, sigue por ahi y dirigete al norte, a la salida de la ciudad. Y conduce despacio. Lo ultimo que nos hace falta ahora es que nos detenga una patrulla de trafico. —Meneo la cabeza—. Maldicion, vaya lio.
—?Nos vamos de San Francisco, tan rapido? —dijo Tamal.
—?Te apetece quedarte? Tenemos a bordo un muerto, un poli secuestrado, dos tipos de los que tenemos que deshacernos, ?y todavia quieres quedarte? ?Nos registramos en un hotel y le ofrecemos una fiesta al alcalde? Por Dios, Tamal. Por Dios.
—Eso de ahi es la indicacion al puente, ?no? —pregunto Mujer.
—?Que crees que dice? —repuso Charley—. Puente Golden Gate, grande como la vida.
—No estaba seguro de que dijera eso.
—Mujer tiene problemas para leer —dijo Stidge—. No aprendio muy bien, ?eh?
—Chinga tu madre —contesto Mujer en espanol—. ?Pija! ?Hijo de puta!
—?Que es lo que dice? —pregunto Stidge.
—Que le gusta mucho tu pelo rojo —dijo Charley.
—Si no nos quedamos en San Francisco —pregunto Buffalo—, ?adonde vamos a ir entonces, Charley?
—Te lo dire mas tarde. Mujer, cuando salgas del puente toma la primera desviacion y siguela hasta que llegues a una carretera comarcal. Entonces dirigete a la playa. —Meneo otra vez la cabeza y se la golpeo con la palma de la mano abierta—. Mierda, mierda, mierda. Podiamos habernos quedado en San Francisco, y ahora mira… No recuerdo haber estado nunca en un lio parecido.
—?Es esta la carretera?
—Si. Detente aqui.
Tom intervino.
—Los Ultimos Dias estan casi sobre nosotros. Pronto sera el Tiempo del Cruce —dijo—. Perdonalos, Charley. No les prives del Cruce.
—Ojala pudiera, Tom. Pero no es posible —dijo Charley tristemente. Luego se dirigio a los otros—. Esta bien, sacadlos de la furgoneta. Ponedlos junto a la carretera.
El policia aun yacia boca abajo, quejandose un poco. Stidge lo arrastro al exterior. Nicholas y Buffalo hicieron lo mismo con los dos muchachos, que se apretujaron el uno junto al otro, temblando. Uno de ellos se habia mojado los pantalones. Tenian dieciocho o diecinueve anos, penso Tom.
—«Y en Su mano tenia siete estrellas, y de Su boca salio una espada de dos filos, y Su semblante era brillante como el sol. Y cuando Le vi, cai a Sus pies como muerto. Y El poso Su mano en mi y me dijo: No temas, pues soy el primero y el ultimo. Soy el que vive y habia muerto, el que vive para siempre, y tengo las llaves del infierno y de la muerte».
—Ya basta por hoy, Tom. Ponedlos en fila junto al barranco. Eso es. Quitaos de en medio.
Charley ajusto su brazalete laser y disparo tres veces, primero al policia, luego al chico mayor, por fin al otro. Ninguno emitio el menor sonido mientras morian.
—Hijos de puta… —murmuro—. Vaya lio innecesario. Vale, arrojadlos al barranco.
Choke y Buffalo arrojaron el cuerpo del vigilante. Nicholas, Mujer, Tamal y Stidge se encargaron de los otros dos.
—Ahora a Rupe. Llevadlo un poco mas abajo del camino y arrojadlo tambien.
Choke levanto la mirada, sorprendido.
—Por el amor de Dios, Charley…
