la mesa con Lew Arcidiacono —quien hacia la mayor parte del trabajo de mantenimiento mecanico y electronico del Centro—, su novia Rhona, quien era ayudante de Dante Corelli en el departamento de terapia fisica, y Mug Watson, el jefe de los celadores. Ninguno parecia encontrarse de humor para conversar, a lo que Elszabet no puso reparos. Despues, se dirigio a la sala de recreo y escucho los conciertos de cuerda de Bach con acompanamiento holovisual durante una hora o asi, y a eso de las nueve y media se encamino a su habitacion en el otro lado del Centro. Una tarde tranquila, en efecto.
Por la tarde, las cosas siempre eran asi para Elszabet. Por regla general, las ultimas sesiones con los pacientes tenian lugar a las cinco: consultas finales, revisiones periodicas, intervencion si habia surgido alguna crisis, y cosas por el estilo. Le gustaba reunirse brevemente con miembros del
A veces se preguntaba que pensarian los demas de ella, una mujer atractiva reservandose tanto. ?Pensarian que era peculiar y solitaria? Bueno, tenian razon. ?Pensarian que era antisocial, o esnob, o asexual? ?Una zorra altiva? Bien, aqui se equivocaban. Se reservaba tanto porque eso era lo que queria en estos dias. Lo que necesitaba. Quienes la conocian mejor lo comprendian. Dan Robinson, por ejemplo.
No intentaba despreciar a nadie. Solamente queria concentrarse en si misma, descansar, darle a su espiritu cansado tiempo para sanar. De alguna manera, era un paciente igual que el padre Christie, o Nick Doble Arcoiris, o April Cranshaw. Despues de varios anos de vivir al borde de la depresion, habia aceptado el puesto en el Centro Nepente tanto para curarse ella misma como para todo lo demas. La diferencia era que en lugar de pasar cada manana por el barrido de memorias para que las disonancias pudieran ser borradas de su alma y una nueva personalidad mas sana pudiera formarse en los espacios en blanco, intentaba hacerlo a su manera, viviendo cautelosamente, poniendo en orden sus debilitados recursos internos, dejando que su fuerza volviera gradualmente.
Este lugar, para ella, era un santuario. La vida fuera del Centro la habia llenado de incertidumbre, de tensiones, de miedos, del conocimiento de que el mundo que les habia sido entregado era un juguete roto, y en peligro de desmoronarse por completo. De esto trataba en realidad el sindrome de Gelbard, habia decidido: del conocimiento de que la vida hoy dia se vivia al borde del abismo. Las preocupaciones por los horrores de la guerra atomica, los destellos de luz terrible, las ciudades arrasadas y la carne derretida…, y entonces llega la guerra atomica, pero no con bombas, sino muy tranquilamente, con su ceniza radiactiva letal, bastante menos espectacular pero mucho mas insidiosa; grandes extensiones de tierra arruinadas para siempre mientras la vida continua de una manera ostensiblemente normal fuera de los lugares afectados. Las naciones se caen a pedazos cuando toneladas de ceniza caliente son esparcidas por sus territorios. Hay emigraciones, sublevaciones politicas, ruptura de comunicaciones y transportes y desorden civil. Las sociedades se desmoronan. La gente se desmorona.
Estos eran tiempos apocalipticos. Algo malo habia sucedido, y todos creian que probablemente sucederia algo peor, pero nadie sabia que. Aquellos tiempos horripilantes ?eran solo el preludio? ?Quien lo sabia? ?Eran causa o efecto? ?Iba todo el mundo a volverse loco? ?Estaba todo el mundo loco ya? Elszabet se consideraba en mejor forma que la mayoria, y por eso estaba aqui como medico y no como paciente. Pero no se enganaba. En este mundo roto y mutilado siempre existia el riesgo. Podia caer en el precipicio como el padre Christie, o April, o Nick. Sobrevivia por la gracia de Dios, pero no sabia cuanto tiempo mas aguantaria la gracia. Por eso, hoy dia se movia por la vida con cuidado, como quien cruza un campo repleto de minas explosivas. Lo ultimo que necesitaba ahora era una perturbacion de cualquier tipo, una aventura emocional. Que otros tengan sus apasionados asuntos amorosos, pensaba. Que otros ganen y otros pierdan.
Y no es que no echara eso en falta. A veces lo hacia, terriblemente. Anoraba ese maravilloso abrazo calido, manos sobre sus pechos, vientre contra vientre, ojos mirando en sus ojos, la dura y repentina acometida, el calido flujo de la culminacion, suyo, suya, de ambos. No habia olvidado nada de eso. O solamente la presencia del otro, dejando el sexo aparte, solo el confortable conocimiento de que habia alguien mas, que no estaba sola.
Habia experimentado aquello antes, o asi lo habia creido; quizas lo volveria a experimentar algun dia. Pero no ahora, y no aqui; no mientras estuviera tan cerca del borde del precipicio. Lo que mas temia era recuperar ese sentimiento y perderlo de nuevo. Mejor no buscarlo hasta que no se sintiera interiormente mas fuerte. Sin embargo, a veces se preguntaba: si no ahora, ?cuando? Y no tenia respuestas.
Se quito la ropa y permanecio un rato en la oscuridad del porche.
La noche era calida. Los buhos canturreaban en la copa de los arboles. Al largo y dorado verano del norte de California todavia le quedaban unas pocas semanas. Quiza incluso algo mas. Estaban apenas en septiembre. A veces las lluvias no comenzaban hasta mediados de noviembre. ?Que cambio habia entonces, cuando la inacabable procesion de dias soleados se convertia de repente en las implacables lluvias del invierno de Mendocino! Podia llover durante semanas sin parar, diciembre, enero, febrero. Y entonces seria primavera otra vez, los arboles reverdecerian, la tierra empezaria a secarse.
Oyo una risa lejana. La gente del personal se divertia. Para algunos de ellos, este lugar era solo un gran campamento de verano para adultos. Trabajas durante el dia, te diviertes por la noche, te acuestas con alguien en esta habitacion o en esa otra, tal vez el fin de semana te acercas a Mendocino a pasar el rato en un club o un restaurante o algo por el estilo.
Mendocino era lo mas parecido a una ciudad que tenian alrededor. Cincuenta anos antes habia tenido incluso su pequeno boom comercial, y habia intentado convertirse en la rival de San Francisco por el predominio en el norte de California cuando Frisco sufria un monton de heridas autoinfligidas; pero al final se aclaro lo que todo el mundo sabia en realidad, que San Francisco habia sido designada geograficamente para ser una ciudad importante y Mendocino no. Asi y todo, todavia parecia una ciudad, y se podia pasar un buen rato alli los fines de semana, segun habia oido Elszabet. Incluso con el mundo en estas condiciones, la gente se lo podia pasar bien si generaba la habilidad de cerrar los ojos a lo que realmente estaba sucediendo.
Nuevas risas, mas agudas esta vez. Un chillido o dos. Elszabet sonrio, entro en la habitacion y se acosto.
Suenos espaciales en Vancouver, en San Diego, en Denver. En todas partes. Paolucci venia de San Francisco para dar un informe. Habia incluso la posibilidad de que Leo Kresh pudiera venir desde San Diego. Algo extrano sucedia en San Diego, eso se decia. Pero lo que sucedia en todas partes era extrano. Se habia reido de la idea de Dan Robinson esa tarde, cuando estaban en la playa, acerca de que los suenos eran mensajes de una nave alienigena que se aproximaba a la Tierra. Entonces habia pensado que era una idea inverosimil, pero ahora no estaba tan segura. Se pregunto si Robinson habria seguido investigando para verificar si tal cosa pudiera ser posible. Manana en la reunion le preguntaria…
Todavia pensando en la reunion, se quedo dormida. Y tuvo uno de los suenos espaciales esa noche.
Primero llego el color verde. Pequenos tentaculos de densa niebla se introducian en su mente. Estaba aun lo bastante consciente para saber lo que empezaba a ocurrir, pero suficientemente dormida para que no le importase. Habia combatido esta cosa todo lo que habia podido, pero ahora ya no podia resistirse mas. Era casi un alivio rendirse. Vamos, le dijo al sueno. Adelante. Ya es hora, ?no? ?Mi turno? Muy bien, mi turno entonces.
Verde.
Cielo verde, aire verde, nubes verdes. El paisaje estaba formado por tonos de verde. Habia una colina, un rio al pie de ella, prados extendiendose hasta el horizonte. Todo parecia suave y amistoso, un dulce paisaje tropical: elegantes arboles sin hojas, esbeltos troncos verdes, grandes ramas escamosas enroscandose, arqueandose hacia el suelo. El sol era apenas visible tras el velo de niebla. Tal vez el sol tambien era verde, aunque resultaba dificil asegurarlo por la dificil manera en que la luz atravesaba la densa niebla, que se arremolinaba como jirones de lana espesa.
