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—?Que te dije? —exclamo Ferguson—. No hay nada. Te adentras en el bosque, caminas hacia el este, y tarde o temprano llegas a la civilizacion.

—?Tienes idea de donde estamos? —pregunto Aleluya.

—Camino de Ukiah.

—Ukiah. ?Donde esta eso?

—Al este de Mendo, a unas treinta millas de la costa. ?Lo has olvidado? ?Tambien te han borrado eso?

—No conozco mucho esta parte de California. ?Vamos a caminar treinta millas, Ed?

El la miro.

—Eres una supermujer, ?no? ?Que hay de malo en caminar treinta millas? Un poco menos de treinta, tal vez. Lo haremos en un par de dias. ?No puedes con eso?

—No lo digo por mi, sino por ti. ?Estas en forma para ese tipo de caminata?

Ferguson se rio y le acaricio el brazo.

—No te preocupes por mi, nena. Estoy en una forma fabulosa para un tipo de mi edad. Ademas, si me canso, siempre podemos parar un par de horas. Nadie nos va a seguir.

—?Estas seguro?

—Claro que estoy seguro. —Sonrio—. Imaginate. Nada de tratamiento manana. Nada de revolvernos la cabeza. Pasaremos todo un maldito dia recordando lo que nos ha sucedido el dia anterior.

—Y tambien lo que sonamos por la noche.

—Lo que sonamos, si. —La sonrisa se convirtio en una mueca—. ?Sonaste algo anoche? ?Un sueno espacial?

—Eso creo.

—Los tienes casi todas las noches.

—?Si?

—Eso es lo que me has venido diciendo todas las mananas antes del barrido. Lo tengo todo aqui, en mi anillo. Un planeta diferente cada noche, los nueve soles, el mundo verde, ese donde el cielo entero esta lleno de estrellas. Anoche fue la gran estrella azul en el cielo y las burbujas brillantes flotando en el aire.

—No lo recuerdo.

—Bueno, unas veces lo recuerdas y otras no.

—?Y tu? ?Nunca tienes esos suenos?

—Ni una sola vez —contesto, y sintio la amargura levantarse en su interior—. Todo el mundo los tiene menos yo. No se…, me gustaria ver esos lugares aunque solo fuera un vez. Me gustaria saber que demonios pasa en la mente de todos. Tengo en mi anillo que lo primero que debo preguntarme por la manana es si he tenido un sueno espacial. Y no los he tenido nunca. Cristo, odio no sentir lo que siente otra gente…

—Entonces deberias intentar ser artificial durante una temporada Asi sabrias lo que es ser realmente diferente.

—Si, claro. Justo lo que necesito… —Ferguson sonrio—. Bien, al menos no nos pasaran por el barrido manana. No meteran sus malditos escalpelos electronicos en mi cabeza. Dos o tres dias lejos de esos malditos bastardos y a lo mejor empiezo a sonar, ?no crees? ?Que te parece, Ale?

—El problema contigo es que lo deseas demasiado. Debes dejar de quererlo, si esperas conseguirlo ?Lo entiendes, Ed?

—Parece muy sencillo.

—Hay un monton de cosas que son sencillas.

—Olvidalo. Puedo vivir sin esos malditos suenos. Me alegra estar lejos de ese lugar.

—A mi tambien —dijo ella.

Y le pellizco el brazo, en lo que el supuso un ademan alegre y afectivo. Fue tan doloroso que durante un instante Ferguson se pregunto si se lo habria roto.

Estaban a unas tres horas del Centro, y aun faltaban otras tres para que oscureciera. El aire era todavia calido, aunque habia los primeros indicios de brisa nocturna. Estaban en un denso bosque de pinos, humedo y refrescante a pesar de los largos meses de sequia del verano. Habia ardillas por todas partes, y de vez en cuando algun timido ciervo los observaba desde detras de los grandes arboles.

Escapar habia resultado facil, como Ferguson esperaba. Despues del almuerzo, durante el rato libre, se habian introducido en el bosque paseando sencillamente. No habia nada fuera de lo comun en eso. Seguir avanzando en su paseo era la parte inusitada. Se detuvieron en su escondite favorito para recoger la mochila que habian dejado alli el dia anterior. La habia llenado con manzanas, pan y algunas latas de zumo, y habia introducido en su anillo registrador un detallado informe para que supiera donde encontrarlo al dia siguiente despues de la sesion de terapia. Y ahora estaban de camino.

?Cristo, que bueno era sentirse libre! Fuera de la trena por fin. Bueno, el Centro no era exactamente como una prision, penso Ferguson, sino mas bien una guarderia estricta, pero a el tampoco le iban las guarderias, ni ningun sitio donde la gente tuviera que decirle doce o dieciseis veces al dia lo que tenia que hacer.

Tenia un plan. Primero, llegar a Ukiah. Segun decia su registro, esa era una ciudad bastante aceptable de treinta o cuarenta mil personas. Toda una metropoli en estos dias posteriores a la Guerra, donde los ninos eran escasos y la poblacion menguaba y apenas alcanzaba un ochenta y cinco por ciento de lo que habia sido en el siglo veinte.

Ferguson trato de imaginarse el mundo con toda esa cantidad de gente, cinco o seis millones en Los Angeles solamente, todavia mas en Nueva York. Decian que en la ciudad de Mexico habia dieciseis millones. ?Podia uno creerlo? Ya no quedaba ninguno alli, nada, cero; todo el mundo se habia dispersado cuando los nicaraguenses soltaron la ceniza. En Los Angeles habia tal vez un millon de habitantes, si contabas todas las ciudades desde Santa Barbara a la Playa de Newport como parte de Los Angeles.

Bueno, llegamos a Ukiah, penso, buscamos un motel, nos arreglamos un poco, descansamos y nos reorganizamos. Entonces telefoneo a Lacy y le pido que me envie dinero a San Francisco. Esperaba que ella tuviera suficiente para adelantarle algo a cuenta. Dios sabe que se hizo de buen oro cuando trabajaba para mi; debe de haber ahorrado lo bastante para prestarme algo. El no llevaba nada, naturalmente. No hacia falta el dinero en el Centro, y no permitian a los internos manejarlo; cuando salia con permiso para pasar fuera el fin de semana, bastaba con mostrar una tarjeta de credito alla donde se alojara. No querian que los internos estuvieran fuera de su alcance.

El se mantendria, desde luego. Un par de dias en Ukiah arreglando las cosas, luego Idaho —no hacia falta visado para entrar en Idaho, ?no?—, y desde alli, despues de seis semanas de residencia para hacerlo oficial, una peticion para entrar en Oregon. Ahora habia una especie de republica en Oregon que incluia ademas la mitad del estado de Washington, y una vez cruzara la linea no habria manera de traerlo de vuelta a California. Era una cuestion de soberania, y a juzgar por la forma en que los de Oregon trataban a los californianos, nunca extraditarian a nadie. Una vez en Oregon como base de operaciones, podria empezar a conseguir beneficios con el asunto de los suenos espaciales. No estaba aun seguro de como hacerlo, posiblemente una variante de la estafa de Betelgeuse Cinco, transmision garantizada a los nuevos mundos, los sietes planetas que tanto se exhiben en sus suenos nocturnos, caballero. Seria de ayuda si pudiera ver los suenos, pero eso no era esencial mientras tuviera a Aleluya junto a el. De dia y tambien de noche. Ese tremendo cuerpo de pantera cada noche…

—?Eh! ?Por que tanta prisa?

La llamo. De repente ella habia empezado a dejarlo muy atras, apresurandose como si se le quemara la casa.

Ella se volvio y le envio una sonrisa maliciosa.

—?Tienes problemas para seguir el ritmo, Ed?

—Ya sabemos que eres una forma de vida superior. No tienes que demostrar ese maldito punto. Ahora anda mas despacio y caminemos juntos, ?vale?

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