—Me apetece ir rapido.
—Vas a perderte. Puede que seas perfecta, pero no sabes adonde te diriges, ?no? Vamos. Metete en la maleza. Tal vez te vuelva a ver, tal vez no.
Su risa floto hacia el. Furioso, Ferguson empezo a caminar mas rapido. Zorra, penso. Desafiarle de esta manera… Era una autentica zorra, pero tenia que admitir que era magnifica.
Nunca habia conocido a una mujer como aquella, y habia conocido a un monton de mujeres. Tan alta y agil, practicamente de su propia estatura. Y tan hermosa: el pelo negro, esos pechos, esas piernas. Tan fuerte: los musculos latiendo bajo la piel satinada, esa aura de tremendo poder apenas oculto y tan extrana; nunca podia predecir lo que iba a hacer. Por la forma en que su mente trabajaba, habia veces en que parecia una marciana. Una mujer de Betelgeuse Cinco.
Ferguson se preguntaba que tipo de problemas le habrian conducido al Centro Nepente. Lo primero que te decian es que no podias discutir tus problemas con los companeros pacientes; en el pasado era donde estaban las heridas, decian, y se suponia que habia que dejar que se marcharan con el barrido. En la fase final del tratamiento la parte util del pasado regresaria, y las heridas habrian desaparecido para siempre; por eso no era aconsejable hablar de donde venia uno.
Ferguson habia roto esa norma, por supuesto. Era un habito para el romper todas las normas. Pero Aleluya no le habia contado nada sobre las perturbaciones que la habian traido al centro. Habria sucumbido a la depresion, posiblemente, a aquel asunto del Gelbard, y quiza incluso habria matado a gente con las manos desnudas por diversion… Cualquiera fuera la razon, ella la guardaba para si misma. Tal vez ni siquiera la conocia. Tal vez ya habia expulsado todos los recuerdos con el tratamiento. Una mujer extrana. Pero hermosisima. Hermosisima.
No podia dejar que se alejara tanto. Estaba ya casi fuera del alcance de su vista. Empezo a trotar, respirando pesadamente. Poco despues sudaba copiosamente. Ferguson se sorprendio al comprobar lo pronto que se quedaba sin respiracion. Entonces empezo a notar el principio de dolor en el pecho, nada demasiado alarmante, solamente una leve presion. No era gran cosa. Pero le asustaba un poco.
Pero continuo igualmente. Su camisa estaba empapada, y el corazon le latia desbocado y sentia punzadas por todo el pecho, pero no podia permitir que lo humillara de esa forma.
—?Maldita seas, Ale, esperame! —chillo, corriendo todavia mas.
Ni siquiera podia verla ahora; una pared de altos pinos se interponia entre ellos. Que la jodan. Que siga corriendo y se pierda, penso. Tengo toda la comida, ?no? Pero aun asi no se detuvo. Y entonces metio el pie en alguna especie de madriguera y se desplomo hacia el suelo. Noto como el tobillo se le torcia mientras caia.
El dolor le recorria toda la pierna. Se sento, tocandose aqui y alli. Tenia el tobillo hinchado. Intento ponerse en pie y descubrio que no podia hacerlo; la pierna se doblaba cuando apoyaba en ella el menor peso. ?Como iba a llegar a Ukiah ahora? Hizo bocina con las manos y la llamo:
—?Ale! ?Ale! ?Vuelve, me he lastimado!
Pasaron cinco minutos y ni rastro de ella. Ferguson se masajeo el tobillo, esperando que eso le aliviaria; pero cuando intento incorporarse otra vez, le dolio mas que antes. El pie empezaba a hincharse.
—?Aleluya! Maldita seas, ?donde estas?
—Tranquilo, tranquilo. Ya estoy aqui.
Ferguson alzo la mirada y la vio trotando hacia el como una gacela. Cuando se detuvo a su lado, no parecia alterada en lo mas minimo; su respiracion era tan calmada como si hubiera estado dando un paseo.
—?Que te ha pasado?
—Tropece. Tengo un esguince. ?No puedo andar, Ale!
—Claro que puedes. Te hare una muleta.
—?Una muleta? No se usar una muleta. ?Y que quieres que haga, dar saltitos durante treinta millas? ?Por que demonios tenias que echar a correr de esa manera? No habria tropezado si no hubiera tenido que cazarte, y…
—Tranquilizate.
Ferguson vio asombrado como ella curvaba un arbolito hasta el nivel del suelo, quebraba el tercio superior de su tronco y empezaba a arrancarle las ramas.
—No tienes que ir tan lejos —dijo Aleluya-—. Hay una carretera ahi delante. Haremos senas a alguien y le pediremos que nos lleve a Ukiah. Si no quieren, ya les persuadiremos.
—?Una carretera?
—Una pequena pista pavimentada, justo al otro lado de esos arboles, a unos cinco minutos de camino. Estaba alli cuando te oi llamar. Incluso pasaban unos cuantos coches. No te preocupes, ?de acuerdo?
Lo levanto del suelo como si fuera un saco de plumas y coloco la improvisada muleta bajo su hombro. Era demasiado larga. Sujetandolo con un brazo, acerco la muleta a su barbilla y quebro contra ella la parte superior.
—Ya esta. Ahora debe de tener la longitud adecuada.
Si no lo hubiera visto con sus propios ojos, Ferguson jamas habria creido que ella fuera capaz de quebrar un tronco del grosor de su muneca con un simple gesto. ?Que tanto trabajo le costaria romperle a alguien un brazo o una pierna?
La muleta seria de ayuda. Era dificil de manejar, pero el continuo cojeando, haciendo que su pie lastimado no tocara el suelo. Ella caminaba junto a el, sujetandolo por los hombros. El terreno ascendio hasta que alcanzaron los pinos, pero a partir de entonces comenzo a descender y se nivelo antes de que salieran a espacio abierto y vieran la carretera. Esta era una antigua via de dos carriles, llena de baches y muy deteriorada, el tipo de carretera que habia ciento cincuenta anos antes. Ferguson presto atencion por si oia algun coche, pero no oyo nada. Silencio total. Tras ellos, el sol se ponia camino del Pacifico.
—Viene alguien —dijo Aleluya.
—No oigo nada.
—Ni yo. Pero puedo verlo carretera abajo. Y ahora oigo el motor, creo. Probablemente es un coche flotante, ya que apenas hace ruido.
Los sentidos de Aleluya eran asombrosos. Ferguson no distinguia nada, ni siquiera una nube de polvo en la lejania. Pasaron un par de minutos y entonces empezo a apreciar la furgoneta oscura que se acercaba desde el sur.
—De acuerdo —dijo—. Voy a esconderme entre los matorrales. Quedate aqui y hazles senas.
—?Pararan?
—Tienen que estar locos si no se detienen a recoger a una mujer de tu aspecto en este sitio y con la noche cayendo. Se detendran, claro. Cuando lo hagan, diles que tu marido esta ahi detras con una pierna lastimada, y si les importaria llevarnos a Ukiah. Yo saldre. No podran hacer mucho entonces. Mientras tanto, tu te acercas al conductor. Si intenta marcharse, mete la mano por la ventanilla y agarralo por el cuello, ?de acuerdo? No para lastimarle, ya me entiendes, solo para que colabore.
—Esta bien. Sera mejor que te escondas ya.
—Si —dijo Ferguson.
Y se arrastro a trompicones hasta los matojos. Se oculto tras un arbol para observar. Un momento despues aparecio la furgoneta. Era efectivamente un vehiculo flotante, una autentica antigualla, quizas incluso un modelo de antes de la guerra, con grandes relampagos pintados de rojo y amarillo a ambos lados. Aleluya permanecia en mitad de la carretera agitando los brazos, y la furgoneta, naturalmente, detuvo su marcha a pocos pasos de ella. Ferguson vio a un par de hombres en el asiento delantero. Probablemente se figuraban que iban a pasar una noche maravillosa con aquella morena deslumbrante y en aquel camino solitario. Intentarian cualquier cosa con Ale, aunque encontrarian algo bien distinto.
Los oyo hablar con ella. Ferguson empezo a salir de su escondite. No nos molestaremos en hacer auto- stop, penso. Bastara con que Ale los arroje a los arbustos, y nosotros mismos conduciremos a Ukiah y manana por la manana estaremos camino de Oregon.
