—Igual que cuando Moises le pidio a Dios que le dijera Su nombre —se aventuro Jaspin ansiosamente—, y todo lo que Dios le respondio fue: «Yo soy el que Soy». Y eso fue bastante para Moises.
El Senhor Papamacer le lanzo una mirada glacial. Jaspin estaba alli para escuchar, no para hacer comentarios superfluos. Jaspin deseo que la tierra se lo tragase, pero despues de un momento, el Senhor continuo como si Jaspin no hubiera abierto la boca.
—Hay que creer, ?sabes, Yas-peen? De cara a la verdad absoluta, uno cree absolutamente. Eso me paso a mi. Me incline a la verdad y uno a uno los dioses se me presentaron. Rei Ceupassear y Prete Noir el Negus y O Minotauro y Narbail y los demas, cada uno me dio a cambio la vision. Vi sus mundos y sus estrellas, y supe que nos aman y nos vigilan y estan dispuestos a venir a nosotros. Fui el primero en saberlo, pero como yo guardaba la verdad otros vinieron, y comparti con ellos mi conocimiento. Ahora somos muchos miles, y un dia todo el mundo se nos unira; unidos en la sangre, en el rito del tumbonde, para hacernos dignos del dios final que traera la bendicion de las estrellas.
Sintiendo que tenia que decir algo, aunque dubitativo, Jaspin entono:
—Vendra Chungira-el-que-vendra.
Por una vez, estuvo acertado. El Senhor asintio benevolente.
—Maguali-ga, Maguali-ga —respondio.
Y juntos ejecutaron los signos sagrados. Entonces, para su sorpresa, el Senhor le confio:
—?Sabes que era yo antes de que los dioses se me aparecieran? Ahora lo sabras. Debes poner esto en el libro, Yas-peen. Conducia un taxi en Chula Vista. Estuve veinte anos conduciendo alli, y antes lo hice en Tijuana, y cuando era joven, antes de la gran guerra, conduje en Rio. Lleveme aqui, lleveme alla, vaya mas rapido, quedese el cambio…
Se echo a reir. Jaspin nunca habia visto reir al Senhor anteriormente; su risa era un siseo seco, como el sonido de los juncos arremolinados por el viento a la orilla de un rio.
—En una sola noche fui un hombre nuevo, y ya nunca mas conduje. Ponlo en el libro, Yas-peen. Te dare fotografias de mi taxi y mi licencia. Mahoma conducia camellos, Moises era pastor y Jesus, carpintero. Y Papamacer, taxista.
Aqui estaban otra vez, los cuatro grandes, Moises, Jesus, Mahoma y Papamacer. Jaspin intento imaginarse a este hombre de voz cavernosa, a este carismatico profeta de los grandes dioses de las estrellas, recorriendo San Diego en un taxi medio desvencijado, dando el cambio y recibiendo propinas. El Senhor cogio el portafolios. Las fotos del taxi, penso Jaspin. Pero en lugar de eso, el Senhor Papamacer le pregunto:
—Cuando cierras los ojos, Yas-peen, ?ves a los dioses?
—Algunas noches, si. Sueno con las visiones dos o tres veces a la semana.
—?Has visto las siete galaxias?
—Ahora ya si. Las siete.
—?Y crees que son los hogares de los dioses,
—Lo creo, si —dijo Jaspin.
Se pregunto adonde queria llegar el Senhor.
—?Te has preguntado alguna vez si no sera solo un sueno, una locura de la noche lo que tu tienes, lo que yo tengo, lo que todos tenemos?
—Creo que los dioses son verdaderos.
—Porque tienes fe. Porque sabes que sabes.
Jaspin se encogio de hombros.
—Si.
—Tengo la prueba absoluta —dijo el Senhor.
Abrio el portafolios. Jaspin vio que contenia un grueso fajo de reproducciones holograficas. El Senhor le tendio la primera de ellas.
—?Conoces este sitio? —pregunto.
Jaspin la miro con asombro. Incluso a la debil luz del autobus del Senhor Papamacer, el holograma resplandecia con una radiacion interior. Mostraba una serie de deslumbrantes soles —conto seis, siete, ocho, nueve— recortados contra un cielo purpura oscuro, y un paisaje alienigena, extrano y fascinante, lleno de angulos y perspectivas imposibles. Y en primer plano se alzaba una masiva figura de seis miembros, con un unico ojo compuesto y brillante en el centro de su amplia frente. Jaspin se puso a temblar.
—?Que es esto, una fotografia?
—No, solamente una pintura. Pero una pintura muy real, ?no te parece? ?Que es este lugar? ?Quien es este ser?
—Este es Maguali-ga —murmuro Jaspin—. Los nueve soles. La Roca de la Alianza.
—Ah, sabes de estas cosas. Las reconoces.
—Es exactamente igual a como lo he visto.
—Si. Si. Que interesante. Mira esta ahora.
Le tendio un segundo holograma. Era una panoramica diferente del mundo de Maguali-ga, el angulo mas cercano, y en vez de Maguali-ga habia otros cinco seres. Esta reproduccion tambien podria haber pasado por una foto; pero ahora que Jaspin tenia la clave, pudo ver que solo era una pintura, probablemente generada por ordenador, muy realista en efecto, pero nada mas que un trabajo de la imaginacion.
—Y esta otra —dijo el Senhor, entregandole una tercera vista del planeta de Maguali-ga.
La tecnica era ligeramente diferente, y el tema muy distinto: esta vez se veia un extrano edificio de piedra, abovedado y abrupto, con Maguali-ga en el umbral, pero no habia duda de que describia el mismo mundo que las otras dos holografias.
—Ahora estas.
El Senhor le entrego otras tres pinturas. Sol rojo, sol azul, un arco en el cielo, una figura dorada en primer plano con cuernos de carnero. Cada una era claramente el trabajo de un artista diferente, pero las tres mostraban lo mismo, identicas en todos los detalles.
Jaspin temblo.
—Chungira-el-que-vendra —dijo.
—Si. Si. ?Y estas?
Otras tres. El mundo verde, densos anillos de niebla, brillantes criaturas cristalinas deambulando. Tres mas de un mundo de luz cegadora, el cielo entero un unico sol. Tres de un mundo de cielo azul que Rei Ceupassear surcaba dentro de una burbuja radiante. Tres de un mundo cuyos soles eran amarillo y naranja…
—?Que es todo esto? —pregunto Jaspin por fin.
El Senhor brillo como un Buda de ebano. Nunca habia parecido tan alegre.
—Es verdaderamente la verdad, y yo se que lo se. Pero otros no estan tan seguros, y hay algunos que se opondran a nosotros. Asi que he mandado hacer pinturas de la verdad para ellos. ?Sabes?, hay aparatos que pueden pasar las imagenes de la mente de un hombre a una pantalla. Hice buscar a tres hombres diferentes y les dije: haced imagenes de los mundos de los dioses. Ponedlas en una maquina para que todos puedan ver las visiones que vosotros veis. Bien, Yas-peen, aqui lo tienes. Si haces una foto, si tres personas apuntan con la camara a la misma calle de Los Angeles, obtendras la misma imagen. Y aqui tenemos la misma imagen, aunque salida de la mente de la gente. Asi todos ven lo mismo.
»Mira, este es Maguali-ga, este Narbail, este sitio es donde habita O Minotauro. ?Quien puede dudarlo ahora? Estas cosas son autenticas y reales. Cuando vienen a nuestras mentes, vienen de lugares verdaderos. Porque todos vemos lo mismo. Ahora no puede haber duda, ?estas de acuerdo? ?No puede haber duda!
—Nunca he dudado —dijo Jaspin, aturdido.
Pero sabia que estaba mintiendo. Una parte de el se habia mantenido esceptica todo el tiempo. Una parte de el insistia en que lo que experimentaba era solamente una especie de loca alucinacion. Pero si todo el mundo estaba teniendo las mismas alucinaciones, exactas hasta en los mas minimos detalles… Esas extranas criaturas en forma de planta que habia visto tan frecuentemente pero que no habia mencionado a nadie mas estaban aqui, en este holograma, y en ese otro, y en aquel tambien…
Se sentia completamente estupefacto. No habia pedido estas pruebas, habia intentado actuar solamente a base de fe, pero los hologramas eran rotundos.
—Verdaderamente la verdad —dijo el Senhor Papamacer.
—Verdaderamente la verdad —murmuro Jaspin.
