—Vete ahora. Escribe lo que sientes en este momento, como piensas. Marchate, Yas-peen.

Jaspin asintio, se levanto y salio tambaleandose del oscuro autobus. Fuera, unos cuantos miembros de la Hueste Interna, Carvalho, Lagosta, Barbosa, estaban tendidos en los escalones. Le miraron sonrientes. La burla chispeo en sus caras oscuras. Jaspin paso cuidadosamente junto a ellos, sin prestar atencion a lo malicioso de aquellas sonrisas; la presencia de los dioses todavia estaba con el. Escribe lo que sientes, como piensas. Si. Pero primero tenia que contarselo a Jill.

Estaba oscureciendo. El aire era frio. Ahora se encontraban cerca de Monterrey, tierra adentro, acampados en lo que habia sido un campo de girasoles antes de que cien mil peregrinos hubieran pasado a traves de el con sus autobuses, furgonetas y camiones. Tres hogueras enormes ardian, enviando al cielo negras columnas de humo. Busco a Jill en su coche. No estaba alli.

Oyo risas a su espalda. Mas miembros de la Hueste: Cotovela, Johnny Espingarda, que se apoyaban contra el autobus amarillo y naranja. Los miro.

—?Pasa algo gracioso?

—?Gracioso? ?Gracioso?

—?Alguno de vosotros ha visto a mi esposa?

Se rieron de nuevo, exagerando la risa. Intentaban deliberadamente hacer que se sintiera incomodo. Jaspin sintio desprecio hacia estos bastardos brasilenos de rostro inescrutable, estos apostoles del Senhor tan engreidos en su asuncion de santidad superior.

—Tu esposa —dijo Johnny Espingarda, haciendo que sonara a algo sucio.

—Mi esposa, si. ?Sabes donde esta?

Johnny Espingarda se llevo el puno a la boca y tosio. Cotovela volvio a reirse. Jaspin sintio que la sumision y la sorpresa que los hologramas del Senhor habian creado en el se desvanecian bajo el peso de la irritacion y la furia. Dio media vuelta, se alejo de ellos, y continuo buscando a Jill en la oscuridad. Camino hasta el otro lado de su coche, pensando que tal vez ella habia tendido una manta alli. Jill no estaba tampoco en ese sitio. Sin embargo, cuando regresaba, la vio caminando hacia el coche de vuelta del autobus de la Hueste Interna. Parecia agitada, sudorosa, exhausta, y batallaba desmanadamente con el cinturon de sus vaqueros. Tras ella, Bacalhau habia salido del autobus y decia algo a Cotovela y Johnny Espingarda. Jaspin oyo su aspera risotada. Oh, Cristo, penso. No, no Bacalhau.

—?Jill?

—?Has estado visitando al Senhor? —Sus ojos parecian un poco desenfocados.

—Si. ?Y tu?

Ella hizo un esfuerzo por ver con claridad, y cuando lo consiguio sus ojos se fijaron en los de el con una expresion fria, desafiante.

—He estado entrevistando a la Hueste Interna —dijo—. Un pequeno estudio antropologico. —Solto una risita.

—Jill. Oh, Dios, Jill…

2

Entre estos dos nuevos extranos, la hermosa mujer que no era real y el hombre de la pierna lastimada y ceno fruncido, Tom estuvo seguro de que sentia venir una vision. Justo aqui, delante de todos, en esta carretera solitaria, mientras el sol se ponia.

Pero, sin saber por que, la vision no llego. Sentia el rugido en su cerebro, el principio de las sacudidas luminosas, pero eso fue todo. Tal vez algo mas estaba pasando, algun tipo de presagio se desplegaba en su interior.

Miro a Charley. Miro a la mujer de pelo negro y al hombre de la pierna lastimada. Charley hacia preguntas sobre el centro que el hombre habia mencionado. ?Donde esta, quien lo dirige, que hacen alli? Tom escuchaba con interes. Tal vez le gustaria ir a ese centro, sentarse y descansar un rato en sus jardines. Habia estado demasiado tiempo vagabundeando, y se sentia cansado.

—?Quiere decir que ese sitio es una especie de granja de recreo? —pregunto Charley.

—No exactamente —respondio el hombre del ceno fruncido—. Tienen un monton de gente perturbada alli. Quizas no tan perturbada como su amigo, pero… ?quien sabe? Bastante inestables. Alli tienen maneras de aliviarlos y de cuidarlos.

—A Tom le vendria bien un poco de alivio. Pobre Tom.

Nadie parecio darse cuenta de que habia hablado. Miro al cielo, aun azul pero ya casi oscuro. El sol estaba oculto por las cimas de los gigantescos arboles. El bosque comenzaba a pocos metros de la carretera y continuaba sin tener fin. Vio unas cuantas estrellas apareciendo y desplazandose en el cielo, puntitos de luz de colores, rojos, verdes, naranja y turquesa.

Eran pequenas chispas flotantes. Pero cada una se hallaba en el corazon de un imperio que se expandia a miles de mundos, y cada uno de esos imperios formaba parte de una confederacion que agrupaba galaxias enteras. Y en esos mundos habia un billon de ciudades maravillosas. Comparadas con las mas pequenas de esas ciudades, Babilonia era un pueblo, Egipto una aldea. Y la luz de todos esas estrellas estaba enfocada ahora en este pequeno mundo sin importancia, la Tierra.

—?Quienes son ustedes dos? —pregunto Charley.

—Yo soy Ed. Ella es Ale.

—Ed y Ale. Muy bien. Y habian salido a pasear por el bosque.

—Asi es. Una pequena caminata. Meti el pie en un hoyo y me torci el tobillo.

—Si. Debe tener cuidado. —Charley los estaba midiendo—. ?Y cual es el nombre de ese centro?

—El Centro Nepente. Lo dirige una especie de fundacion. Tratan a gente de toda California. Es casi como un hotel…, paseos, recreativos y todo eso, excepto que tambien te dan un tratamiento para los problemas. A su amigo le gustara ese sitio, estoy seguro. Esta justo al otro lado del bosque, entre los arboles y la costa. Delante hay una gran verja, y letreros. De modo que no tiene perdida. Si no les importa llevarnos a Ale y a mi a Ukiah primero, hay una carretera que va recto de Ukiah a Mendocino, y despues pueden tomar el camino de vuelta al Centro.

—?Como sabe usted tanto del centro?

—Mi esposa ha sido tratada alli —dijo Ed.

—?Ale? ?Que le pasa?

—No, Ale no —Ed parecia incomodo—. Ale es una amiga. Mi esposa… —Se encogio de hombros—. Bueno, es una larga historia.

—Si, supongo.

Tom se dio cuenta de que Charley iba a matar a esta gente cuando terminara de hablar con ellos. Tenia que hacerlo. Podrian identificarlo. Si la policia local llegaba y preguntaba: «Estamos buscando a unos saqueadores que mataron a un vigilante en San Francisco, ?han visto a alguien sospechoso por aqui?», ellos podrian decir: «Bueno, vimos a ocho hombres en una furgoneta y eso es exactamente lo que parecian». Charley no podria arriesgarse a aquello. Charley habia dicho que no le gustaba matar, y seguramente hablaba en serio. Pero tampoco le importaba matar cuando sentia que tenia que hacerlo.

—Diganme una cosa —intervino la mujer—. ?Tienen ustedes suenos espaciales?

El hombre se volvio hacia ella con la cara roja.

—?Ale, por el amor de Dios!

Si, claro que iba a matarlos. Tom lo sabia. La idea empezaba a mostrarse en la cara de Charley: el hombre era peligroso, podria llamar a la policia. La unica razon por la que Charley se habia detenido era porque pensaba que la mujer estaba sola en la carretera. Los saqueadores habian querido divertirse con ella. Pero cuando el hombre salio dando saltitos de los matojos, eso lo cambio todo. Tenia que morir porque era demasiado peligroso para Charley. Y eso significaba que la mujer de pelo oscuro tenia que morir tambien. Cuando matas una vez, tienes que seguir matando. Eso habia dicho Charley hacia mucho tiempo.

—No, quiero saberlo —decia la mujer, testaruda—. Es importante. Estas son las primeras personas que vemos desde…, ni siquiera se desde cuando. Me pregunto si tambien tienen suenos espaciales.

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