cuando os marcheis, si me dejais aqui. Pero he estado con ellos demasiado tiempo. A veces lastiman a la gente, y eso no me gusta. Tom tiene hambre. Sentire frio aqui solo. ?Me llevareis al Centro, por favor? ?Por favor?
3
Durante un momento, esa manana, mientras intentaba prepararse para la reunion con Kresh y Paolucci, Elszabet habia considerado seriamente pedir que le aplicaran el tratamiento de barrido de memorias, tan terrible habia sido despertarse del sueno del Mundo Verde y descubrir que aun conservaba de el vestigios extranos, como si el sueno no quisiera marcharse.
Por supuesto, el tratamiento no era una opcion valida, y ella lo sabia. Ningun miembro del personal habia pasado por el barrido de memorias nunca; este era estrictamente para los pacientes. No se tomaba un barrido de la misma forma que un martini, o un tranquilizante cuando se sentia la necesidad de alivio. Enviar a alguien al barrido implicaba semanas de pruebas y ajuste de curvas electroneurologicas para que no se produjeran lesiones. El barrido tenia que ser un proceso terapeutico, no destructivo. Cuando se limaban los bancos de memoria de un paciente, habia que estar seguro de hacerlo solo con los elementos patologicos, y eso requeria toda una serie de elaboradas medidas previas.
Aun asi, el despertar habia sido tan aterrador que habia querido olvidar el sueno tan rapidamente como fuera posible y por todos los medios a su alcance. Queria sacarlo de su mente, tacharlo, olvidarlo para siempre.
Lo que mas la asustaba del sueno era lo hermoso que habia sido.
Ese mundo frio envuelto en niebla verde era seductor. Esa gente elegante y resplandeciente de ojos multiples, irresistible. La intrincada danza de su existencia diaria, deliciosa. Esos seres magnificamente civilizados, desenvolviendose graciosamente, viviendo ajenos a la fealdad, a la desesperacion, al abatimiento… Una civilizacion a millones de anos de las pequenas imperfecciones de la existencia humana, de esas cosas molestas y desagradables como la vejez, la enfermedad, la envidia, la codicia y la guerra. Tras haber entrado en aquel mundo, Elszabet no queria salir de el. Despertar habia sido como ser expulsada del Eden.
Por supuesto, sabia que lugares asi no existian mas que en la tierra de los suenos. Era pura fantasia, un fantasma de la noche. Sin embargo, queria regresar alli. Tener que despertar parecia injusto, una imposicion brutal, cruel como una tormenta de nieve en una tarde de verano.
La poderosa impresion del Mundo Verde la habia dejado sin fuerzas toda la manana. En las rondas, al entrevistarse con el padre Christie, Philippa, April, Nick Doble Arcoiris y los demas, apenas habia podido prestar atencion a sus problemas, quejas y necesidades; su mente volvia una y otra vez a aquel otro sitio, a sus duques y condesas, sus fiestas, sus sinfonias de forma y color. Ya habia olvidado los nombres de aquellos entre los que se habia movido en su sueno, y los mismos detalles se hacian confusos; sabia que tenian mas de dos sexos, y habia algo sobre un nuevo palacio de verano, y un poeta y su poema. Saber que empezaba a olvidar la llenaba de desesperacion, y por eso se aferraba a los recuerdos que iba perdiendo. Ansiaba regresar a ese bendito mundo.
Nadie le habia dicho que los suenos espaciales eran tan maravillosos. ?Sonaba con mas intensidad que los demas, o es que los otros lo olvidaban una o dos horas despues de despertarse? ?O guardaban para si la riqueza y complejidad de lo que habian visto, como un tesoro interior dulcemente acumulado?
Elszabet habia temido los suenos antes de haberlos tenido. Ahora que sabia el riesgo que suponian para su cordura, los temia aun mas. ?Como podia dejar que los suenos fueran la respuesta? Se daba cuenta de que un sueno tan fascinante como aquel podia llevarla directamente a la locura. El borde del abismo estaba siempre cerca, peligrosamente cerca. Los suenos eran irreales. Los suenos eran la negacion de la realidad. La tierra de los suenos, habia dicho el poeta, tan variada, tan hermosa, tan nueva… Realmente no ofrecia ni alegria, ni amor, ni luz, ni ayuda en el dolor.
A media manana, sin embargo, empezaba a pensar que habia conseguido sacudirse el sueno de encima. La distraccion de los dos visitantes, Paolucci, de San Francisco, y Leo Kresh, de San Diego, la traia de vuelta a la realidad.
Dave Paolucci habia llegado con un fajo de mapas y graficos que mostraban su ultima informacion del ambito geografico de los suenos espaciales, y un paquete de cintas que contenian informes hablados que habian grabado sus pacientes en el centro de San Francisco. Elszabet se sentia segura y a gusto en presencia de Paolucci. Era un hombre agradable y vigoroso, de cara redonda y piel aceitunada; sus ojos eran profundos y amistosos. Elszabet habia aprendido con el la tecnica del barrido de memorias en la central de San Francisco antes de venir a Mendocino. En cierto sentido, Paolucci habia sido su mentor. Mas tarde, durante el dia, Elszabet tenia la intencion de contarle su propia experiencia con los suenos de la noche anterior, para que el pudiera ofrecerle un poco de consuelo.
Kresh, el hombre de San Diego, no era un individuo con el que poder sentirse a gusto en modo alguno. Pulcro, fastidioso, algo pedante, parecia mantener un completo control de sus emociones, y probablemente no albergaba muchas simpatias hacia aquellos que no lo hacian asi. Era una considerable concesion por su parte haber viajado hasta tan lejos —setecientos u ochocientos kilometros— para asistir a esta reunion. Quizas habia querido simplemente salir del sur de California, rebosante de refugiados de segunda generacion de la Guerra de la Ceniza, para gozar unos pocos dias del aire limpio y fresco de los pinares de Mendocino. Cuando Elszabet se encontro con el, poco antes de la reunion general, Kresh mostro relativamente poco interes en lo que sucedia en el Centro Nepente; en cambio, quiso hablarle de cierto fenomeno religioso que tenia lugar en las calles habitadas por refugiados alrededor de San Diego.
—?Conoce usted el tumbonde? —pregunto Kresh.
—Creo que no.
—No me sorprende. Hasta ahora ha venido siendo una cosa puramente local, pero va a convertirse en algo mucho mas grande.
—El tumbonde…
—Es un culto espiritista brasileno-africano, con algunas pinceladas caribenas y mexicanas. Lo dirige un antiguo taxista de San Diego que se llama a si mismo Senhor Papamacer, y tiene miles de seguidores. Celebran ceremonias rituales, aparentemente bastante primitivas, en las colinas al este de San Diego. Lo esencial del culto tumbonde es apocaliptico: nuestra civilizacion actual esta cercana a su fin, y estamos a punto de ser conducidos a la siguiente fase de nuestra evolucion por deidades que llegaran a nuestro mundo desde galaxias remotas.
Elszabet intento sonreir. Sintio una espiral de niebla verde atravesando su conciencia, y se estremecio.
—Vivimos tiempos extranos…
—Ciertamente. Hay dos aspectos notables del tumbonde que nos son relevantes, doctora Lewis. Uno es que parece haber una remarcable correlacion entre los dioses espaciales que el Senhor Papamacer y sus seguidores invocan y adoran, y los inusitados suenos y visiones que han sido informados ultimamente por mucha gente, tanto en los centros de tratamiento como en la poblacion en general. Quiero decir que la imagineria parece ser la misma; evidentemente los tumbonde han estado teniendo tambien los suenos espaciales, y los han usado como base para su… teologia. En particular, su dios Maguali-ga, que se dice es el que ha de abrir la puerta que hara posible la entrada de las deidades espaciales a la Tierra, parece identico al ser extraterrestre que es visto invariablemente en el que habeis llamado Sueno de los Nueve Soles. Y su figura redentora suprema, el gran dios conocido por Chungira-el-que-vendra, parece ser el ente cornado visto por aquellos que tienen el sueno Estrella Doble Uno, el del sol rojo y el sol azul.
Elszabet fruncio el ceno. Esos nombres le resultaban vagamente familiares: Maguali-ga, Chungira-el-que- vendra… Pero, ?donde los habia oido? Se sentia tan cansada esa manana, tan preocupada con la vision que habia tenido por la noche…
—Como explicare mas detalladamente en la reunion —continuo Kresh—, es posible que estas manifestaciones tumbonde, que han sido ampliamente difundidas en el condado de San Diego y por toda la zona sur de California, esten incitando la multiplicacion de los suenos espaciales mediante la sugestion de masas. Es decir, la gente puede creer que tiene los suenos cuando en realidad lo que esta sucediendo es por influencia de la cobertura de los medios de comunicacion. Por supuesto, eso no podria ser considerado un factor aqui, donde el
