tumbonde aun no ha tenido publicidad… Pero eso me lleva al segundo punto, que es bastante urgente.

»Un aspecto significativo de la teologia tumbonde es la revelacion de que el punto por donde entrara Chungira-el-que-vendra es el Polo Norte, identificado en la terminologia tumbonde como el Septimo Lugar. El Senhor Papamacer ha jurado conducir a su gente al Septimo Lugar a tiempo para la venida de Chungira-el-que vendra. Y aunque evidentemente ustedes no han oido todavia la noticia, la emigracion ha empezado ya.

»Entre cincuenta mil y cien mil seguidores del tumbonde viajan lentamente hacia el norte en una caravana de coches y autobuses, reclutando nuevos seguidores a medida que avanzan. Tengo entendido que ahora estan en algun lugar de los alrededores de Monterrey o Santa Cruz. El doctor Paolucci probablemente lo sabra mejor que yo.

Maguali-ga, penso Elszabet. Chungira-el-que-vendra. Ahora recordaba: el extrano cantico africano que Tomas Menendez habia estado escuchando con sus audifonos. Esos nombres se repetian una y otra vez. Maguali-ga, Chungira-el-que-vendra. Menendez tenia amigos en la comunidad latina de San Diego, amigos que le enviaban cosas. Asi que el tumbonde tenia al menos un adepto en el norte de California, penso. Uno justo aqui, en el Centro.

—Es bastante posible que la caravana tumbonde pase por aqui —continuo Kresh—, a lo largo de la costa de Mendocino. Hay tantos, que bien pudieran extenderse por el territorio del Centro. Creo que seria buena idea pensar en tomar medidas especiales de segundad…

Elszabet asintio.

—Desde luego que deberiamos tomarlas Discutiremos todos estos puntos en la reunion, que por cierto debe de estar a punto de empezar.

Tal como se desarrollaron las cosas, Elszabet no pudo hablar mucho en la reunion. Lo que mas temia la asalto: el Mundo Verde, buscando una vez mas alzarse en su conciencia y llevarsela. Lo combatio todo lo que pudo, pero cuando fue sobrepasada por el, tuvo que abandonar la sala.

Despues de eso no estaba segura de lo que habia sucedido; le habian dado un sedante, y cuando volvio en si habia un nuevo problema que tratar. Dan Robinson le trajo la noticia: Ed Ferguson y la mujer sintetica Aleluya se habian escapado. Sin embargo, gracias a los trazadores, los fugitivos habian sido localizados en el bosque de pinos, al este del Centro. Dentro de una hora aproximadamente, cuando salieran a algun sitio abierto, Dan mandaria un helicoptero para recogerlos.

—?Quien va a ir? —quiso saber Elszabet.

—Teddy Lansford, Dante Corelli y uno de los hombres de seguridad. Y supongo que yo tambien.

—Cuenta conmigo.

Robinson meneo la cabeza.

—El helicoptero solamente tiene seis plazas, Elszabet. Tenemos que dejar sitio para Ferguson y Aleluya.

—Entonces que Dante se quede aqui. Tengo que supervisar la operacion.

—Dante es una mujer fuerte y decidida. Pueden ser peligrosos, especialmente Aleluya. Me gustaria que Dante fuera.

—Que se quede Lansford entonces.

—No, Elszabet.

—No quieres que vaya, eso es.

Robinson asintio.

—Eso es —dijo, como si le hablara a una nina pequena—. Por fin te das cuenta. No quiero que vayas. Practicamente empezaste a delirar en la reunion de personal; has estado bajo sedantes las ultimas dos horas y estas completamente aturdida. No tiene sentido que vayas de caza tras un par de fugitivos que, casualmente, son los individuos menos predecibles y mas amorales que tenemos aqui. ?De acuerdo?

No podia discutir eso, pero se sintio inquieta todo el resto de la tarde. Los fugitivos eran un problema serio; ella era responsable no solamente de las condiciones mentales de los pacientes sino tambien de su buena conducta. Iba contra las reglas abandonar el Centro sin permiso, y los permisos solo se concedian con enormes precauciones. Habia aspectos legales; Ferguson, despues de todo, estaba aqui en terminos carcelarios, y la mujer sintetica, aunque no estaba considerada exactamente una criminal, era a veces incontrolablemente violenta, y peligrosa en extremo debido a su fuerza suprahumana. Antes de venir al Centro habia lastimado a bastantes personas durante sus momentos de salvaje descontrol. Elszabet no queria que ninguno de los dos anduviera suelto. Cuando regresaran, necesitarian una doble sesion de tratamiento intensivo, y tal vez algun tipo de reacondicionamiento preventivo. Y ?que pasaria si conseguian burlar el helicoptero de rescate, o herian a algun miembro del personal al ser capturados?

El asunto era preocupante, y las consecuencias de su sueno aun luchaban contra ella. Ademas, se suponia que debia pensar en aquella horda de tumbondes que venian de camino, aunque por el momento, si todavia estaban al sur de San Francisco, no era un problema tan urgente.

Siguio un largo par de horas.

El helicoptero regreso al atardecer. Elszabet, sintiendose cansada pero mucho mas tranquila que durante el dia, acudio a recibirlo. Aleluya estaba inconsciente; habian tenido que dispararle un dardo tranquilizante, segun explico Dante. Ferguson, que parecia abatido, hurano y de mal humor, salio cojeando del helicoptero; se habia lastimado el tobillo corriendo por el bosque, pero por lo demas estaba bien.

—Dadle un sedante y llevadlo a que descanse —ordeno Elszabet—. Le daremos un tratamiento doble manana por la manana, despues de que averiguemos adonde creia que iba. Pedidle a Bill Waldstein que eche un vistazo a ese tobillo. Preparad una sesion de barrido para Aleluya en cuanto se despierte, y aseguraos contra cualquier tipo de accion violenta. La volveremos a tratar manana tambien.

Elszabet hizo una pausa. Alguien inesperado, un hombre alto, delgado, de aspecto desharrapado y ojos intensos, salia del helicoptero. Miro a Dan Robinson.

—?Quien es ese?

—Se llama Tom. No sabemos si tiene otro nombre. Estaba con una banda de saqueadores cuando encontramos a Ferguson y Aleluya. Los saqueadores huyeron, pero Tom se quedo y nos pidio que lo trajeramos. Si quieres un diagnostico rapido, te dire que parece bastante ido, esquizofrenia paranoica. Pero es muy amable e inofensivo, y tiene hambre.

—Supongo que podemos ofrecerle un bano y algo de comer —dijo Elszabet—. Mira los ojos de ese pobre desgraciado… ?Desde luego, han visto la gloria! —Empezo a caminar hacia el recien llegado, que miraba alrededor con rostro perplejo. Entonces se detuvo y se volvio hacia Robinson—. ?En, me dijiste que el helicoptero solamente tenia seis plazas!

—Te menti.

—Tom tiene hambre —dijo este—. Tom tiene frio. ?Se haran ustedes cargo de Tom?

—Nos haremos cargo de ti, si —contesto Elszabet.

Que extrano es, penso. La extraneza parecia irradiar de el como un aura. Esquizofrenico, tal vez, como habia dicho Dan Robinson. Desde luego, estaba un poco descentrado. Sus ojos, esos fieros ojos biblicos, eran los de un loco, o de un profeta… o ambas cosas.

—Eres Tom. —dijo—. ?Tom y que mas?

—Tom O’Bedlam. Pobre Tom. Loco Tom.

Sonrio. Incluso su sonrisa tenia una intensidad feroz y extrana. Elszabet le tendio la mano.

—Ven entonces, Tom O’Bedlam. Vamos a entrar y haremos que te laven, ?de acuerdo?

—Tom esta sucio. Tom tiene frio.

—No por mucho tiempo —dijo ella.

Lo tomo por la muneca. Al tocarlo, sintio una curiosa sensacion, como si algo se retorciera y se debatiera en las profundidades de su mente; por un momento penso que el Mundo Verde iba a poseerla de nuevo aqui y ahora. Pero la sensacion se desvanecio tan rapido como habia llegado.

Tom sonrio de nuevo. Sus ojos se encontraron con los de ella y algo —Elszabet no supo que— paso entre ellos en ese momento, un silencioso intercambio de fuerza, de poder.

Creo que aqui tenemos algo especial, se dijo Elszabet. Pero… ?que? ?Que?

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