torcido. Bastaba mirarlo para saberlo. Tom sintio lastima por la gente como Ed. Cuando hagamos el Cruce, penso, todo el mundo sanara de verdad. Cuando abracemos a la gente de las estrellas, todos los que sufren encontraran por fin consuelo.

—?Sabes donde puedo desayunar? —pregunto.

—Ahi arriba, el edificio gris sobre la colina. Se entra por el lado derecho.

—Muchas gracias. ?Vas para alla?

Ed torcio la cara.

—Me llenaron de droga anoche. La idea de comer me revuelve el estomago.

—Hasta luego, entonces.

Tom se encamino hacia la colina. El aire de la manana era fresco y agradable, aunque sospechaba que mas tarde iba a hacer calor. Cuando se acercaba al complejo de edificios, la mujer, Elszabet, salio de uno de ellos y le hizo senas.

—?Tom?

—Buenos dias, senora.

Ella camino hacia el. Es una mujer hermosa, penso. No sensacionalmente hermosa, al estilo de Ale, pero por supuesto Ale era artificial, y a los artificiales se les podia hacer tan hermosos como se quisiera. Elszabet era bonita, alta y esbelta, con piernas muy largas y ojos grises maravillosamente calidos. Era tambien muy buena persona, amable y gentil. Resultaba obvio lo dulce y encantadora y llena de vida que era. Tom no habia conocido a mucha gente asi, con la amabilidad y la bondad tan a la vista que podia sentirse. Sin embargo, habia algo tenso en su interior, como un puno crispado. Tom quiso buscar en su interior y hacer que ese puno se abriera. Entonces, ella pareceria aun mas bonita.

—?Subes a desayunar? —pregunto ella.

Tom asintio.

—Es ahi, ?verdad?

—Eso es. Voy contigo. ?Has dormido bien?

—Hacia meses que no dormia tan bien. Anos. He dormido profundamente.

—Supongo que tan profundamente que ni siquiera sonaste.

—Oh, claro que sone. Yo sueno siempre.

Ella sonrio amablemente.

—Apuesto a que has tenido suenos interesantes, ?no?

Tom camino junto a ella sin decir nada. Ella tambien habia mencionado los suenos anoche, cuando le habia conducido a la cabana despues de cenar, solo una mencion de pasada, algo sobre como iba a dormir de un tiron porque se sentia cansada, y que habia tenido un sueno extrano la noche anterior y eso la habia trastornado. Tom penso entonces que ella esperaba que le preguntase sobre su sueno, pero el no lo habia hecho. Ahora hablaba otra vez de los suenos. Y las dos veces ella habia parecido tensa al respecto, palida. ?Por que estaban tan interesados en los suenos aqui? Recordo lo que Ed le habia dicho al hablar del barrido. Ni siquiera recuerdas lo que sonaste anoche.

Tom empezo a sentirse un poco incomodo.

—Cuando tengas oportunidad, Tom, ?te importaria acercarte a mi oficina para charlar un poco? Es ese edificio de ahi. Pregunta a cualquiera que este dentro y te diran donde puedes encontrarme. Me gustaria saber un poco mas de lo que paso ayer con Ed y Aleluya en el bosque, ?de acuerdo? Y unas cuantas cosas mas que me gustaria hablar contigo.

—Claro. Me pasare —contesto Tom.

?Por que no? Esta gente le estaba dando cobijo y alimento. Ella estaba en su derecho de preguntarle lo que quisiera.

Pasaron por delante de un gran edificio gris. Ella era casi tan alta como el, y permanecia a su lado, muy cerca, mirandole directamente a los ojos. Tom se encontro de pronto esperando que ella lo estrechara entre sus brazos y lo abrazara fuertemente, pero todo lo que hizo fue cogerle del brazo un momento y darle un pequeno apreton. Otra vez la noto nerviosa, como si le tuviera miedo, como si de alguna manera supiera que el podia entrar y abrir ese puno cerrado que habia en su alma. Y ella tenia miedo de eso, y le tenia miedo a el.

Bien, ya somos dos, penso Tom, porque yo tambien le tengo un poco de miedo, senorita Elszabet.

Ella se marcho, aunque se volvio para saludarle desde lejos. Tom le devolvio el saludo y entro en el salon.

Habia poca gente dentro, la mayoria sentados aparte unos de otros. Tom tambien se sento solo. Una maquina en la mesa se encendio y le pregunto que queria. Cafe y bollos, decidio. La maquina le dijo que botones tenia que pulsar. Ya habia aprendido a hacerlo durante la cena la noche anterior. Habia supuesto que la maquina le traeria tambien la cena, pero no fue asi, un muchacho vino con un carrito. Ahora fue una chica la que vino. Los bollos estaban tan buenos que ordeno un segundo desayuno, mas de lo mismo y un racimo de uva. Parecia que aqui se podia comer lo que se quisiera, y sin pagar.

Pobre Charley, penso, asustarse y correr de aquella manera. Si no hubiera escapado, ahora estaria comiendo gratis uvas, cafe y bollos. Tom se pregunto que habria sido de Charley, Buffalo, Stidge y el resto. Probablemente ahora estarian en Ukiah, o camino de Oregon, vagabundeando sin sentido. Esperaba que supieran dejar las complicaciones al margen, alla donde fueran, que se lo tomaran con calma y no los mataran estando tan cerca del Tiempo del Cruce, porque sus preocupaciones se acabarian cuando fueran a las estrellas, si llegaban a vivir lo suficiente para marcharse.

Cuando termino, Tom se quedo sentado, saboreando el placer de descansar y no tener que correr a la furgoneta y salir huyendo con los saqueadores. Se pregunto cuanto tiempo le dejarian quedarse aqui. ?Una semana? Eso estaria bien. Y entonces tal vez conseguiria que alguien lo llevara de vuelta a San Francisco. Le habia gustado esa ciudad tan limpia y tan hermosa. Lastima que solo hubiera estado alli un par de horas. Pero regresaria. Estaban en octubre, el invierno en esta parte del pais era realmente duro. Si tenia que pasar otro invierno en la Tierra, penso, al menos que fuera un invierno californiano. No sabia cuando comenzaria el Cruce; tal vez la semana proxima, tal vez en Navidad, o en primavera. Podia morir congelado en las montanas, pero en la costa estaria a salvo del mal tiempo.

—?Eh, tu, Tom!

En la puerta del comedor estaba el hombre llamado Ed. Habia otro hombre con el, un tipo bajito de pelo rizado que llevaba un habito de sacerdote catolico. Parecian buscar compania. Tom les hizo senas para que se acercasen.

—Crei que la idea de comer te ponia enfermo.

—El aire fresco hace que me sienta mejor al cabo de un rato. Tom, este es el padre Christie. Padre, este es Tom.

—?Es usted el capellan de este sitio? —pregunto Tom.

El sacerdote sonrio. Parecia un hombre triste.

—?El capellan? Oh, no, no. Solo soy un paciente, igual que tu.

Tom nego con la cabeza.

—Yo no soy un paciente.

—?No? Pero tampoco eres del personal.

—Soy un visitante, nada mas. Estoy de paso, pero me alegro mucho de conocerle, padre. Yo mismo he sido predicador en Idaho y el estado de Washington. Era muy bueno. A la congregacion no le importaba lo loco que estuviera. Pensaban que cuanto mas loco, mejor, mas santo.

—Se supone que aqui no debemos usar esa palabra —dijo el padre Christie.

—Es una palabra perfectamente valida —repuso Tom—. ?Que tiene de malo decir «loco»? ?Que tiene de malo estar loco?

—?Acaso tu estas loco? —pregunto Ed.

—Lo sabes. Veo visiones. ?No es estar loco? Otros mundos aparecen ante mis ojos. Las tengo siempre, desde que era nino.

Ed y el padre Christie intercambiaron miradas.

—?Otros mundos? ?Como suenos espaciales?

—Suenos espaciales, si. Pero no solo cuando estoy dormido.

—El padre Christie tambien tiene suenos espaciales. Todo el mundo en este jodido sitio los tiene… Oh,

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