disculpeme, padre. Todo el mundo los tiene, menos yo. Pero lo se todo sobre los suenos. El mundo verde, los nueve soles, la estrella roja y la azul…
—Espera un segundo —dijo timidamente el padre Christie—. ?Dices que hay varios tipos de suenos espaciales?
—Hay siete. Usted no lo sabe porque lo tratan cada manana, y no recuerda nada sobre ellos. Pero hay siete. Tengo mi propio sistema para archivar los datos. Esta manana tuvo usted uno, padre, de nuevo el mundo verde, pero esos bastardos se lo borraron. Disculpeme otra vez, padre.
Tom escuchaba boquiabierto. El sacerdote meneo la cabeza.
—No se —dijo—. No se. ?Y si desayunaramos?
—Tengo una idea mejor. —Ed rebusco en el bolsillo de su chaqueta y saco unos cuantos tubos de plastico—. ?Es demasiado temprano para tomar un trago? Tengo escoces, canadiense,
—No puedo hacerlo, Ed —dijo lentamente el padre Christie—. Lo sabes.
—?No?
—Supongo que lo has olvidado con el tratamiento, pero soy alcoholico. Tengo implantado un chip en el esofago. En el momento en que una gota de alcohol me llegue a la garganta, el chip me hace vomitar. Pero a lo mejor nuestro amigo Tom quiere hacerlo.
—Un chip regulador —murmuro Ed—. Claro, habia olvidado todas esas cosas cientificas que nos meten dentro. Chips reguladores para hacer que uno no beba, trazadores para que no escapemos… Bastardos. Nos manejan como si fueramos maquinas. Andate con cuidado, Tom, y sal de aqui en cuanto puedas, ?me oyes?
—Hasta ahora me han tratado bien.
—Andate con cuidado de todas formas ?Quieres uno de estos?
—No, gracias.
—Bueno, pues bebere yo solo. ?Salud! —Despues de llevarse el tubo a la boca, parecio mas alegre—. ?Ah, esto es lo que me hacia falta! Asi que tienes visiones de los otros mundos tu tambien, ?eh? ?Dios, como me gustaria ver uno! ?Nada mas que uno! Solo para ver de que va todo este alboroto.
—?No los has visto nunca?
—Ni una sola vez. —Los ojos de Ed, de repente, estallaron en una llamarada de odio y angustia—. Ni una sola. ?Sabeis cuanto os envidio a todos, con vuestros mundos verdes y vuestros mundos azules y vuestros nueve soles y todo lo demas? ?Por que no los veo yo tambien? Algo tremendo esta sucediendo a mi alrededor, algo tan colosal que nadie puede comprenderlo, pero es de importancia capital, y yo me he quedado fuera. Y eso apesta, ?sabes? Apesta.
Ahora comprendia donde estaba el dolor interno de este hombre, y lo que tenia que hacer al respecto.
—Dame una de esas bebidas —dijo.
—?Cual quieres?
—Me da lo mismo.
—Ten, toma
Tom cogio el tubito, lo estudio un momento y abrio el tapon. Se llevo la abertura a los labios y dejo que el liquido oscuro corriera por su garganta. Era fuerte, calido y bueno. Habia pasado mucho tiempo desde que Tom bebiera por ultima vez, por lo que se quedo sentado, saboreandolo, dejando que fluyera por los recovecos de su alma.
Se volvio hacia Ed.
—Deja de preocuparte por esos suenos espaciales, ?vale?
—?Que no me preocupe, dices? No estoy preocupado, Tom. Estoy jodido. ?Soy una rareza o que? ?Por que no veo lo mismo que los demas?
—Tranquilizate —dijo Tom. Tomo aire, puso su mano sobre la de Ed y se inclino hacia el—. Tu los veras. Te lo prometo. Tendras tambien los suenos, Ed, como todo el mundo. Se que los tendras. Voy a mostrarte como, ?de acuerdo? ?De acuerdo?
5
—Lunes ocho de octubre de 2103 —dijo Jaspin. Se hallaba sentado en el asiento trasero de su coche, hablandole al dorado microfono de una capsula mnemonica—. Estamos en el norte de California, acampados a unas cincuenta millas al este de la Bahia de San Francisco. La marcha va a tomar un nuevo aspecto, porque el Senhor Papamacer ha decidido girar al oeste y atravesar Oakland antes de continuar nuestro viaje al norte. Hasta ahora, desde que salimos de San Diego, hemos evitado las ciudades. Creo que al Senhor le gustaria cruzar la bahia y entrar en San Francisco, que segun dice constituye un profundo foco de fuerzas galacticas…, pero incluso el ve que eso es logisticamente absurdo, tal vez incluso imposible, porque San Francisco es muy pequena y solamente se accede a ella a traves de puentes, excepto por el sur. Intentar llevar a una multitud de este tamano a San Francisco causaria problemas de importancia tanto a la ciudad como a nosotros. No habria sitio donde acampar, y las principales rutas de acceso se podrian quedar bloqueadas, causando posiblemente una ruptura en la marcha.
»Asi que nos iremos nada menos que a Oakland, que es accesible por tierra y tiene espacio para acampar en las colinas al este de la ciudad. Mientras estemos alli, naturalmente, miles de ciudadanos se uniran a la marcha, y quizas un numero todavia mayor vendra de San Francisco para enrolarse. Menos mal que no hay centros de poblacion importantes a lo largo de la costa de aqui a Mendocino, porque estamos alcanzando rapidamente el punto en que nuestro numero se esta convirtiendo en imposible de controlar. Esta es ya ciertamente la mayor migracion de masas desde la Guerra de la Ceniza, y como el Senhor Papamacer intenta llegar al menos hasta Portland antes del invierno, o tal vez incluso hasta Seattle, existe la posibilidad de que serios desordenes…
—?Barry?
Jaspin alzo la cabeza, sorprendido por la interrupcion. Jill estaba junto a la ventanilla, golpeando el techo del coche para recabar su atencion.
—?Que pasa? —Hacia dos o tres dias que no ponia su diario al dia, y habia mucho material importante que queria anotar sin falta. ?Acaso no podia haber esperado ella media hora mas?
—Alguien quiere verte.
—Dile al tipo que espere cinco minutos.
—A la tipa, en todo caso.
—?Que?
—Es una mujer pelirroja, parece una buscona de clase. Dice que es de San Francisco.
—Estoy intentando dictar mis notas. No conozco a ninguna pelirroja de San Francisco. ?Que quiere de mi?
—Nada. Quiere una audiencia con el Senhor. Llego hasta Bacalhau, y Bacalhau le dijo que hablara contigo. Creo que ahora eres el encargado de la comunidad anglo.
Oh, Cristo… Esta bien, dile que tardare cinco minutos. Dejame terminar con esto. ?Donde esta?
—En el altar de Maguali-ga.
—Cinco minutos.
Pero su concentracion estaba ya rota. Habia querido comentar en su diario de viaje como el aspecto racial de la procesion tumbonde iba cambiando a medida que la marcha seguia adelante: el grupo de seguidores originales de San Diego, en su mayoria sudamericanos y africanos, se habia disuelto en las hordas de chicanos del valle de Salinas, alla en Monterrey, y ahora aqui al norte se notaba tambien el influjo anglo —blancos rurales—, que causaban cierta alteracion en el tono general de la marcha. Los recien llegados no tenian una idea exacta del sabor dionisiaco del tumbonde, con su fervor pagano y frenetico; todo lo que parecian oir era la promesa del
