—Mi hermana April esta en el mismo sitio —dijo Jill—. Se llama Nepente. Esta cerca de Mendocino.

—?Tu hermana? —pregunto Jaspin—. No sabia que tuvieras una hermana.

Lacy se echo a reir.

—El mundo es un panuelo, ?no? Apuesto a que su hermana y Ed estan liados ahora mismo. Ed es un mujeriego.

—No con mi hermana. Es gorda como un cerdo, siempre lo ha sido. Y anda muy tocada de la cabeza. Seguro que su amigo Ed encuentra a alguien mejor que April. —Se dirigio a Jaspin—. Cuando termines aqui, Barry, llegate al autobus de la Hueste, ?quieres? Estan preparando el rito de las Siete Galaxias de esta noche y Lagosta quiere que les ayudes a conectar el generador de polifases.

—Vale. Dame cinco minutos.

—Encantada de conocerla, senorita…, esto… —dijo Jill, y se marcho.

—No es muy amistosa, ?no?

—Ruda y desagradable. La religion la ha hecho volverse agria. Es mi esposa.

—?Su esposa?

—Por asi decirlo. Mas o menos. Un dia el Senhor decidio que deberiamos casarnos, y nos caso en el momento, hace un mes o asi. Es por los rituales, las iniciaciones y todo eso; tienes que formar parte de una pareja. No es lo que podriamos llamar un matrimonio feliz.

—No, yo diria que no.

Jaspin se encogio de hombros.

—No importara cuando se abra la puerta, ?no? Pero hasta entonces, pues…

—Puede ser desagradable, si.

—Mire, tengo que ayudar a preparar lo de esta noche, pero… intentare arreglarle una audiencia con el Senhor. No sera facil, porque apenas se ha dejado ver en las ultimas semanas. Pero conozco lo que supone ser alguien del siglo veintidos que va por la vida sin ilusion y de repente descubre que hay algo que merece la pena por encima del confort. Como le he dicho, usted y yo tenemos muchas cosas en comun. Intentare conseguir lo que pide.

—Aprecio mucho ese gesto.

Ella le tendio la mano. El la cogio y la sostuvo quizas demasiado. Dudo si atraerla hacia el y besarla, pero no lo hizo. Sin embargo, no habia error en el calor de sus ojos y su gratitud. Y ademas estaban las posibilidades. Especialmente las posibilidades.

Sexta parte

Se mas cosas que Apolo; pues a veces, cuando el duerme, contemplo las estrellas en sus guerras mortales y el firmamento herido de muerte. La luna abraza a su pastor y la reina del amor a su guerrero, mientras una le pone los cuernos a la estrella del dia y la otra al mariscal celeste. Y mientras, canto: «?Hay comida, alimento, alimento, bebida o ropa? Vamos, dama o doncella, no tengas miedo. El Pobre Tom no estropeara nada». La Cancion de Tom O’Bedlam

1

Elszabet sintio que uno de los suenos se apoderaba de ella mientras estaba aun despierta. En los principios, cuando la espiral de irrealidad comenzaba a invadir su conciencia, habia sido aterrador, pero ya no. Un monton de cosas que la aterrorizaban habian dejado de hacerlo. No estaba segura de si debia preocuparse por ese hecho.

Yacia en la hamaca que colgaba de una pared a otra en la esquina de su cuarto, leyendo, pasando el rato, no dispuesta todavia a meterse en la cama. Faltaba poco menos de una hora para la fria medianoche otonal, y una brisa marina soplaba entre los arboles. Y de pronto fue consciente de que el sueno estaba alli, llamando a la puerta de su mente, y ella lo dejo entrar, dandole la bienvenida.

Otra vez el Mundo Verde. Bien. Bien. A estas alturas ya habia tenido tambien todos los otros suenos, la gama completa, los siete, a veces dos o tres la misma noche.

Habia pasado una semana desde que el misterioso vagabundo, Tom, apareciera en el Centro, y durante todos esos dias los suenos se le habian presentado nitidos y rapidos. ?Habria alguna conexion? Parecia que si, aunque le resultaba dificil comprender como era posible. En la semana que Tom llevaba alli, Elszabet habia visto los Nueve Soles, las Estrella Doble Uno, Dos y Tres, la Esfera de Luz y el Gigante Azul.

Pero de todos los suenos, el que mas le gustaba era el del Mundo Verde. En todos los otros mundos no era mas que un observador sin cuerpo, un ojo invisible que flotaba por encima del extrano paisaje alienigena; pero cuando entraba en el Mundo Verde era participe de la vida del planeta, se adentraba en su rica y sofisticada cultura. Acudia a conocer el lugar y sus habitantes, y ellos a conocerla a ella. Y asi, cada noche, en cuanto se iba a dormir, Elszabet esperaba que se le permitiera ir una vez mas a ese lugar encantador donde empezaba a sentirse —que Dios la ayudara— como en casa.

Aqui viene. El Mundo Verde. Hola, hola.

Era como si no se hubiera marchado nunca de alli, como si nunca hubiera habitado ese lugar ruidoso y problematico llamado la Tierra, donde pasaba la otra parte de su vida. Era el dia del Doble Equinoccio, y las Triadas acudian a la gran sala para verlo. Aqui estaban los Misilynos, unidos brazo con brazo y con brazo, y tras ellos los elegantes y deliciosos Suminoors, y los de mas alla… ?no eran acaso los Thilineeru? Los Thilineeru se habian unido a los Gaarinar, segun se rumoreaba, y evidentemente el rumor era cierto, porque alli estaban los Gaarinar, que brillaban con una inconfundible textura thilineeru, un resplandor como el tintineo de campanas.

?Y este quien era? ?Quien era esta figura oscura con ese gran ojo salton que destacaba en su cabeza como un domo amarillo? Se movia serenamente por la habitacion seguido por un gran cortejo, y de todas partes la gente se acercaba a presentarle sus respetos. Elszabet penso que lo habia visto con anterioridad —o tal vez habia sido a alguien de su raza—, pero no estaba segura de donde.

Ah, ahora lo estaban presentando: un tintineo de sonido plateado danzaba en el aire, diciendo que este no era otro sino el enviado Sapiil, Su Excelencia Horkanniman-zai, ministro plenipotenciario del imperio de los Nueve Soles y alto representante de Lord Maguali-ga ante todas las naciones. ?Que impresionante coleccion de titulos, que extraordinario personaje! Elszabet espero su turno para saludarle. «Ven», le dijo Vuruun, que habia sido embajador ante los Nueve Soles en el tiempo de la Presidencia Skorioptin, de bendito recuerdo, «dejame presentarte». Y la adelanto hasta que Su Excelencia Horkanniman-zai reparo en ella. El enviado de los Sapiil extendio un miembro negro y grueso como un latigo a modo de saludo, y ella lo toco con uno de sus dedos cristalinos, como habia visto hacer a los otros, y se sintio inundada por la luz de nueve soles centelleantes.

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