bienestar y una vida inmortal cuando Chungira-el-que-vendra apareciera por fin entre coros celestiales por la puerta del Polo Norte, y ellos querian participar de eso, naturalmente. Ya se estaban creando desordenes en la marcha, y la cosa empeoraria, especialmente si el Senhor Papamacer continuaba reinando en ausencia, como llevaba haciendo durante dias, recluido en el autobus principal.

Pero anotar todas estas observaciones en la capsula mnemonica tendria que esperar. Jaspin se dio cuenta de que deberia haber estado dictando una o dos horas, pero ya era demasiado tarde. Desconecto el aparato y salio del coche.

Era una tarde bochornosa. El calor los habia asediado todo el camino desde el centro del estado, y aun no habia signos de que fueran a comenzar las lluvias. Se decia que en este lugar a veces comenzaba a llover en octubre, pero aparentemente no en este octubre. Las colinas de tan espectacular paisaje estaban recubiertas de hierba seca. Todo aqui estaba agostado y marchito a la espera del invierno.

Cuanto podia verse, de colina en colina, era tumbonde: peregrinos por todas partes, un mar de ellos. En el centro se encontraban los autobuses donde viajaban el Senhor, la Senhora, la Hueste Interna y las imagenes sagradas. A su alrededor se encontraba el gran ruedo de terreno consagrado, con los altares y la cabana que servia de matadero y el Pozo de los Sacrificios y todo lo demas ya dispuesto, como si esto fuera la colina de la comunion original de San Diego, pues adondequiera que fuesen emplazaban toda aquella parafernalia.

Y mas alla de la zona sagrada habia una horda de tiendas remendadas, miles y miles de peregrinos, innumerables fogatas, ninos chillando, gatos y perros campeando libres, todo tipo de vehiculos imaginables aparcados de forma caotica. Jaspin nunca habia visto a tanta gente junta en un sitio. Y el numero crecia de dia en dia.

?Que tamano tendria el ejercito tumbonde dentro de un mes, dentro de dos meses?, se pregunto. Tambien se preguntaba a veces que iba a pasar cuando llegaran a la frontera canadiense, a la frontera de la Republica de la Columbia Britanica, en realidad. Y que iba a suceder si seguian avanzando al norte mes tras mes y el viento los cercaba y Chungira-el-que-vendra no hacia su aparicion. «Cuando Maguali-ga abra la puerta», habia prometido el Senhor Papamacer, «no habra mas invierno». Pero el Senhor Papamacer habia pasado toda su vida en Rio, en Tijuana, en San Diego. ?Que demonios podia saber de lo que es el invierno?

Basta, penso Jaspin. Los dioses proveerian. Y si no, pues nada. No era su labor razonar por que. He vivido siempre con la razon, ?y que bien me hizo? Chungira-el-que-vendra vendra. Si. Si.

Resulto facil localizar a la mujer. Estaba junto al altar de Maguali-ga, como habia dicho Jill. Miraba los nueve globos de cristal coloreado como si esperara que el dios de ojos saltones se materializara ante ella de un momento a otro. Era mas baja de lo que Jaspin habia supuesto —sin saber por que, se la habia imaginado alta— y tampoco tan deslumbrante. Pero era muy atractiva. Jill habia dicho que era una buscona con cierta clase. Jaspin entendia de busconas y de gente con clase, y ella no encajaba en una cosa ni en la otra. Parecia astuta y energica, como si hubiera recorrido mundo. Una mujer emprendedora.

—?Queria verme? Soy Barry Jaspin, el coordinador del Senhor.

—Me llamo Lacy Meyers —dijo ella—. Acabo de llegar de San Francisco. Necesito ver al Senhor Papamacer.

—?Necesita verle?

—Quiero verle. Lo quiero con todas mis fuerzas.

—Eso va a ser muy dificil —le dijo Jaspin.

Se dio cuenta de que estaba mas cerca de ella de lo que era necesario, pero no retrocedio. Era una mujer ciertamente atractiva, de unos treinta anos —quizas algunos mas—, el pelo rojo pegado a la cabeza en una especie de casquete de rizos, ojos verdes brillantes y profundos. Tenia la nariz delicada, pomulos finos, la boca tal vez un poco grande. Llevaba un vestido tan cenido que se diria que iba a estallar con solo tocarla.

—?Es para una entrevista? —pregunto.

—No, para una audiencia. Quiero ser recibida por el. Debe de ser el humano mas importante que jamas haya vivido, ?sabe? Desde luego, para mi lo es. Solo quiero arrodillarme ante el y decirle lo que significa para mi.

—Lo mismo quieren todas esas personas que ve aqui, senorita Meyers. Comprenda que las obligaciones del Senhor son muchas y que, aunque pudiera, no es posible…

Los ojos verdes relampaguearon.

—?Solo un minuto! ?Medio minuto!

Jaspin quiso ayudarla. Sabia que era imposible, pero incluso asi, se pegunto si seria posible encontrar una forma. Porque la encuentras atractiva, ?no?, se dijo. Si fuera delgaducha, o vieja, o un hombre, ?te molestarias acaso en considerarla?

—?Por que es tan urgente?

—Porque ha abierto mis ojos. Porque no he creido en nada durante toda mi vida, excepto en como conseguir que todo fuera mejor para mi…, y de repente el me ha hecho ver que hay algo realmente sagrado en este universo, y que existen dioses verdaderos que guian nuestros destinos, que la vida no es solo un chiste sin gracia, que… Bien, no hace falta que le diga lo que es una conversion religiosa. Debe de haberla experimentado tambien, o de otro modo no estaria aqui.

Jaspin asintio.

—Creo que tenemos mucho en comun.

—Se que lo tenemos. Me di cuenta en seguida.

—?Y ha estado siguiendo la marcha del tumbonde desde la zona de Bahia? No crei que tuviera…

—No sabia nada del tumbonde hasta hace un par de semanas, cuando empezaron ustedes a llegar a esta parte del estado. Pero he sabido de los dioses todo el verano. Tuve una vision en julio, un sueno donde habia un sol rojo y otro azul, un bloque de piedra blanca, y una criatura con cuernos dorados que me senalaba.

—Chungira-el-que-vendra —dijo Jaspin.

—Si. Solo que entonces no lo sabia. No sabia que demonios era aquello, pero el sueno se repetia, se repetia, se repetia, y cada vez lo veia con mas claridad; la criatura se movia y parecia decirme cosas, y a veces habia otros como el en el sueno, y entonces empece a tener otros suenos. Vi los nueve soles de Maguali-ga, vi la luz azul de… ?Cual es su nombre… Rei Ceupassear?… Vi toda clase de cosas. Pense que me estaba volviendo loca, pero no podia ser, porque todos tenian visiones. Sin embargo, no sabia que sentido tenian. Nadie lo sabia. Hasta que lei acerca del Senhor Papamacer, y vi las imagenes que portaba, las imagenes de los dioses…

—Las reproducciones holograficas generadas por ordenador.

—Si. Y entonces todo encajo. La verdad, que los dioses vienen a la Tierra, que van a traer el jubileo, que el milenio llega. Y entendi que el Senhor Papamacer debe de ser realmente su profeta. Y supe que iba a venir aqui a unirme a la peregrinacion hacia el Septimo Lugar y formar parte de lo que iba a suceder. Pero… quiero arrodillarme ante el. He estado buscando algun tipo de dios toda la vida, ?sabe? Y estaba absolutamente segura de que nunca podria encontrar uno. Y ahora, ahora…

Jaspin vio que Jill se acercaba. ?Preocupada, tal vez, de que pudiera llegar a algo con esta mujer? ?Ella, que volvia cada noche apestando a los grasientos olores de Bacalhau, con su sudor mezclado al de ella? ?Ella, que no hacia mas que recorrer una y otra vez el camino hasta el autobus de la Hueste Interna? Jaspin no podia siquiera recordar la ultima vez que quiso hacer el amor con el. ?Celosa ahora? ?Jill? Seguro que no.

Que demonios…, incluso si lo estaba, no tenia derecho a quejarse. Llevaba un mes pasandolo fatal por culpa de Jill. Si ahora encontraba una mujer atractiva y ella sentia lo mismo por el…

—Lo ironico del asunto —decia Lacy—, es que hace un par de anos estuve envuelta en un fraude, un timo que prometia enviar a la gente a otras estrellas. Era como si les vendieramos parcelas que no existian, el viejo truco: denos su dinero y nosotros le pondremos en el expreso de Betelgeuse Cinco. Un hombre llamado Ed Ferguson lo dirigia, y yo trabajaba para el. Bueno, lo capturaron, estuvieron a punto de meterlo en Rehab Dos, pero tenia un buen abogado.

—?Le sirve de alguna ayuda? —le pregunto Jill a Lacy, senalando a Jaspin.

—Le estaba diciendo al senor Jaspin lo ironico que resulta que yo trabajara con un hombre que dirigia un timo referido a viajes a otras estrellas. Eso fue antes de que esas visiones de las estrellas llegaran a la Tierra. Debio haber terminado en la carcel, pero en lugar de eso consiguio que lo ingresaran en uno de esos centros donde te barren los recuerdos, cerca de Mendocino, donde se supone que lo estan volviendo un ser humano decente. Menudo cambio.

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