—Si. Claro que si. Es importante que todo el mundo conozca estas cosas, para que no se asusten cuando hagan el Cruce. Es importante que sepan del Designio, y cuales son los Mundos Centro.

Tom se sintio tan contento que penso que incluso iba a tener una vision alli mismo. Esta mujer. Esta maravillosa mujer. No habia conocido nunca a nadie como ella.

—Donde creo que empieza es con los Theluvara, cuando gobernaban el Imperio…

Ella le cogio la mano.

—No, ahora no, Tom. Lo siento muchisimo, pero no tenemos tiempo esta manana. Tengo que salir y atender a la gente que cuido, a los enfermos. Vamos a suponer que te dejo un dia para que pienses, ?de acuerdo? Y que nos reunimos aqui manana, y todas las mananas a la misma hora, hasta que me cuentes todo. ?De acuerdo?

—Claro. Como quieras, Elszabet.

Llamaron a la puerta. En la pequena pantalla encima de la puerta Tom vio la imagen de la persona que estaba fuera, una mujer gorda y de rostro dulce, vestida con un jersey rosa palido. Tom ya la habia visto antes.

—Entra, April —dijo Elszabet, y pulso algo que abrio automaticamente la puerta—. Tom, esta es April Cranshaw. Es una de las personas que cuido aqui. Pense que os gustaria conoceros. Da un paseo con ella, creo que os caereis bien mutuamente.

Tom se volvio hacia la mujer gorda. Parecia muy joven, casi como una nina grande, aunque de hecho debia de ser casi tan mayor como el y era simplemente su carne, como la de un bebe, la que suavizaba las lineas de su cara. Y estaba abierta, mas abierta que nadie que hubiera conocido nunca. Lo mismo que Ed Ferguson estaba absolutamente cerrado, esta April estaba abierta. Tom tuvo la sensacion de que cuanto necesitaba hacer era tocarla con la punta de los dedos y cada una de las visiones que habia tenido se introduciria en ella, tan receptiva era.

Ella parecia saberlo tambien; lo miraba de forma timida, temerosa. Mira, quiso decirle Tom, no voy a lastimarte. No soy Stidge. No soy Mujer. No te hare nada malo.

—?Alguna pega por tu parte, April? —pregunto Elszabet—. ?Iras con Tom a dar un paseo?

—Si usted quiere… —dijo April, con una suave voz temblona.

—?Pasa algo malo, April? —Elszabet fruncio el ceno.

—?Puedo decirlo delante de…?

—Adelante. Dimelo.

—Creo que estoy un poco trastornada esta manana. Se que quiere que vaya a dar un paseo con el, pero me siento trastornada.

—?Acerca de que?

—No lo se. —Miro en la direccion de Tom—. Por los suenos espaciales. Las visiones. A veces son tan fuertes que ni siquiera se donde estoy, doctora Lewis. Si estoy en uno de esos mundos, quiero decir. Y al venir a su oficina…, yo…

—Adelante, April.

—Yo…, se me hace… tan… dificil… pensar…

—?April? ?April?

—Va a desmayarse —dijo Tom.

Y se apresuro a recogerla justo a tiempo. Pesaba mucho. Debe de pesar dos o tres veces lo que yo, penso Tom. Elszabet le ayudo a sostenerla. Juntos la colocaron en el suelo, donde permanecio jadeando. Elszabet se volvio hacia Tom con una sonrisa nerviosa.

—?Quieres ir a decirle al doctor Robinson que venga, Tom? ?Sabes quien es? El hombre alto de piel oscura. Dile que venga corriendo, ?quieres, Tom?

—?Yo le hice eso?

—Resulta dificil saberlo. Pero estara bien dentro de un minuto o dos.

—Supongo que daremos el paseo cualquier otro dia. Muy bien. Ire a buscar al doctor Robinson. Gracias por charlar conmigo, Elszabet. Significa mucho para mi tener a alguien con quien hablar.

Salio de la oficina, pasillo abajo.

—?Doctor Robinson? ?Doctor Robinson?

Esa pobre muchacha gorda, penso Tom. Vivir asi… Sera una bendicion para ella dejar ese cuerpo. Pobre chica. Le deseo que haga pronto el Cruce. Pero eso es lo que quiero para todos, que el Cruce llegue pronto. Espero que todos podamos irnos la semana que viene. O incluso manana. Manana.

3

Cuando Ferguson volvio a su habitacion despues de la terapia, encontro dos cartas encima de su cama. Las aparto, las dejo caer al suelo y se tumbo, exhausto. Ya las leeria mas tarde. De todas formas, nunca habia nada interesante en el correo. La doctora Lewis examinaba todas las cartas, cortando todo lo que pudiera ser considerado perturbador.

Santo Dios, que cansado se sentia. Primero habia tenido una entrevista de una hora con el doctor Patel, el preciso hindu de acento britanico, que siempre te hacia preguntas desde seis angulos insospechados. Aun trabajaba con los suenos espaciales, sobre como se sentia Ferguson hacia ellos, hacia el hecho de que otras personas los tuvieran y el no. ?O si los tenia? «?No esta usted empezando a experimentar ningun tipo de percepciones de esa indole, senor Ferguson?» Anda y que te jodan, doctor Patel. No te lo diria ni aunque los tuviera. Y luego una hora saltando como un loco en el centro de recuperacion, una sesion de terapia fisica llevada por esa fiera represora de Dante Corelli, que te hacia bailar hasta que te desmayabas, y ni siquiera le importaba.

Si hubiera conseguido escaparme de este infierno cuando lo intente, penso Ferguson. Pero no, tienen ese maldito chip dentro de mi; solo se molestaron en enviar el helicoptero y atraparme como a un pez en el anzuelo. Asi fue como paso, ?no? Consegui escapar con Ale, y estuvimos fuera tres malditas horas, ?no? Cinco, a lo mejor. Y luego me capturaron.

Miro a la habitacion. Los mismos companeros de siempre. Nick Doble Arcoiris estaba tumbado en la cama, pensando en Toro Sentado, Nube Roja, Kit Carson o Buffalo Bill. Pobre bastardo, debe de cargarse diez veces al dia al general Custer en su imaginacion. Y alli, el otro triste caso, el chicano Menendez. Canturreando y murmurando todo el tiempo, rezando a los dioses aztecas. Es un tipo agradable y pacifico. Posiblemente suena con colocarnos en el altar y sacarnos el corazon con un cuchillo de piedra. Jesus, Jesus. ?Que mierda!

Ferguson recogio una de las cartas e introdujo el pequeno cubo en su reproductor. En la pantalla de tres por cinco pulgadas aparecio la imagen de una atractiva mujer rubia. Habria sido estupenda si no pareciera tan solemne.

—Ed, soy Mariela. Tu esposa, en caso de que te hayan hecho olvidarlo.

Eso habian hecho. ?Como demonios iba a manejar esto? Ferguson detuvo la carta y toco su anillo.

—Informa sobre mi esposa.

Esposa: Mariela Johnston. Cumple anos el siete de agosto. Tendra treinta y tres este verano. Te casaste con ella en Honolulu el cuatro de julio de 2098.

Dejo que el informe corriera hasta el final, preguntandose como la gente a cargo de este sitio esperaba que encontrase sentido a nada, puesto que no sabian que tenia este pequeno anillo registrador para llenarlo con su propia historia. Activo la cubocarta otra vez y Mariela regreso a la pantalla.

—Solo quiero que sepas, Ed, que regreso a Hawai. Tengo pasaje en un barco que zarpa el martes que viene, un dia despues de que te llegue esto. No es que ya no te quiera, no es eso, pero despues de la visita que te hice en julio senti que ya no habia nada entre nosotros, que quizas ni siquiera recordabas quien era yo, que ya no te interesabas por mi, y por eso quiero irme de California antes de que te suelten. Por nuestro propio bien. Rellenare los papeles en Honolulu y…

Muy bien, Mariela. ?A quien le importa? Saco el cubo e introdujo el otro. Esta carta era de una pelirroja muy hermosa que se llamaba Lacy. Le pidio a su registro que le informara sobre ella y descubrio que era una

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