»?Todo esto te suena a locura, Ed? Debes intentar creer. Aparta todo tu odio, aparta toda tu angustia, todo ese bloque de hielo que hay en tu interior. Puedes pensar que este tipo, Tom, esta loco de remate, claro, pero solo durante un minuto imaginate que sabe de lo que habla. ?De acuerdo? ?De acuerdo? Imaginalo. Nadie va a saber que Ed Ferguson se permitio creer en locuras durante sesenta segundos. Tom no se lo dira a nadie. Creeme, Tom no lo dira. Tom te quiere. Tom quiere ayudarte, Ed, quiere guiarte. Ahora dame las manos. Pon tus manos sobre las mias.

—Que carajo —dijo Ferguson. Los extranos ojos de Tom taladraban la oscuridad—. ?Darnos las manos, ahora?

—Cree en mi. Cree en ellos. ?Quieres continuar sintiendote como te has sentido toda la vida? Solo por una vez, deja que todo se vaya. Deja que la gracia caiga sobre ti. Dame las manos. ?Que crees que soy, un chiflado? Solo intento ayudarte. Dame las manos, Ed.

Tentativamente, incomodo, Ferguson obedecio.

—Ahora relajate. Dejate ir. ?Sabes sonreir? Creo que nunca te he visto sonreir. Hazlo ahora. Venga, enganate. Solo una sonrisa tonta; estira hacia arriba los lados de la boca, no te preocupes por lo tonto que te parezca. Asi. Asi. Eso es. Quiero que sigas sonriendo. Quiero que te digas que en tu interior hay un espiritu inmortal creado por Dios, que te ha amado cada momento de tu vida. ?Sonrie, Ed! ?Sonrie! Piensa en el amor. Piensa en los mundos que te esperan ahi fuera. Piensa en la nueva vida que sera tuya cuando dejes tu cuerpo y hagas el Cruce. Puedes ser lo que quieras alli arriba. No tienes que ser tu. Puedes ser tierno, carinoso y amable, y nadie se reira de ti por ser asi. Es una nueva vida. Sigue sonriendo, Ed. Sonrie. Sonrie. Eso es. No pareces tonto, ?sabes? Se te ve magnifico. Pareces transformado. Ahora dame las manos. Dame… las… manos…

Ferguson se sintio indefenso. Queria resistirse, queria levantar un muro contra aquello que intentaba abrirse camino hacia su mente, y durante un segundo tuvo el muro construido, pero entonces se rompio y fue incapaz de resistirse. Levanto las manos y Tom las asio firmemente, y en el momento del contacto algo parecido a una fuerza electrica corrio hasta el cerebro de Ferguson. Quiso resistirla, pero no pudo. No tenia fuerzas. Sentia el poder de las galaxias inundandole y no habia manera de que pudiera resistirse.

Y vio.

Vio el Mundo Verde, con la gente brillante y delgada desplazandose delicadamente hacia un resplandeciente pabellon de cristal. Vio el sol azul irradiando corrientes de fuego. Vio el planeta de los nueve soles.

Vio. Vio. Vio.

Un torrente de imagenes lo aturdia, lo deslumbraba. Su mente giro como un remolino ante la multitud de escenas. Experimento todos los suenos a la vez, mundo tras mundo: paisajes, ciudades, seres extranos, los imperios de las estrellas. Temblaba y tiritaba. Una extrana alegria lo invadia, un huracan de felicidad.

Sollozo y se desplomo hacia delante, hasta caer practicamente a los pies de Tom, y permanecio alli tendido, con la cabeza contra el suelo humedo, mientras las primeras lagrimas que podia recordar marcaban un surco caliente al resbalar mejilla abajo.

4

La luna era un semicirculo brillante sobre el oceano Pacifico, y Venus, un frio puntito de luz blanca, brillaba a su lado. La noche era clara y fresca, el aire despejado pero ya un poco desapacible, quiza un atisbo de las lluvias por venir.

—?Cual es el nombre de esa ciudad por la que pasamos ayer? —pregunto Jaspin.

—Santa Rosa —contesto Lacy—. Solia ser una ciudad bastante grande.

—Solia ser —murmuro el hombre—. Esta es la tierra del «solia ser».

Se hallaban sentados en la ladera de una duna redonda y curvada casi como un pecho, que destacaba sobre un mar de hierba. Este paisaje del norte californiano era radicalmente distinto del que Jaspin estaba acostumbrado a ver en Los Angeles, donde las cicatrices infligidas por los dias de preguerra, cuando habia superpoblacion y desarrollo, estaban por todas partes y eran imborrables.

Aunque la luna estaba apenas en creciente, su resplandor permitia ver perfectamente en las sombras. Los robles, las rocas, la superficie de la hierba destacaban con claridad. El oceano estaba a un par de kilometros de distancia. Tras ellos se extendia el caos de la caravana tumbonde, practicamente otro oceano, una multitud de vehiculos que abarcaba una distancia inconmensurable. En San Francisco y en Oakland el Senhor habia ganado tantos nuevos adeptos que el tamano de la procesion era ahora casi del doble. Es el flautista de Hamelin del Espacio, penso Jaspin, reclutando seguidores a manos llenas mientras camina alegremente hacia el Septimo Lugar.

Jaspin dejo que su mano descansara sobre los hombros de Lacy. Era la primera vez desde hacia tres dias que conseguia verla, desde que habian levantado el campamento de Oakland. Habia empezado a preguntarse si se habria dado la vuelta y habria regresado a San Francisco por alguna razon, incluso despues de que ella le hubiera dicho lo importante que era el tumbonde. Pero, por supuesto, no se habia marchado. Estuvo, simplemente, en otra parte, barrida por el remolino de seguidores. La procesion era tan grande que resultaba facil perderse. Jaspin habia conseguido localizarla por fin esa noche, mientras intentaba atravesar la turba delante de la plataforma donde se suponia que el Senhor Papamacer iba a aparecer.

—Olvidalo —le habia dicho a Lacy—. El Senhor ha cambiado de opinion. Esta noche tiene una reunion privada con Maguali-ga. Vamos a dar un paseo.

Eso habia sido dos horas antes. Ahora estaban al otro lado de las colinas, frente al oceano, donde apenas podian oir en la distancia los sonidos de la caravana.

—Nunca me habia dado cuenta de que California es asi de grande —dijo Jaspin—. Quiero decir… que demonios, la he visto en los mapas, pero no he comprendido su tamano hasta que la he recorrido de cabo a rabo.

—Es mayor que un monton de paises. Mayor que Alemania, Inglaterra, tal vez mayor que Espana. Mayor que un monton de sitios importantes. Eso me dijo una vez mi antiguo socio, Ed Ferguson. ?Has estado alguna vez en otro pais, Barry?

—?Yo? En Mexico, unas cuantas veces. Haciendo investigacion de campo.

—Mexico esta ahi al lado. Quiero decir, en otro pais de verdad. Europa, por ejemplo.

—?Y como podria llegar a Europa? ?En una alfombra magica?

—La gente viaja de America a Europa, ?no?

—Desde la Costa Este tal vez. Creo que hay barcos que hacen esa travesia, pero desde aqui no. ?Como podria hacerse, con todas esas zonas contaminadas en medio? Hubo una epoca en que la gente daba la vuelta al mundo en una tarde: Australia, Europa, Sudamerica, donde fuese. Te subias a un avion y te llevaban.

—Todavia hay aviones. Los he visto.

—Claro. Tal vez algunos atraviesan aun los oceanos, no lo se. Pero ahora es diferente. Con los viejos paises hechos pedazos, la Republica de Esto y el Estado Libre de Aquello, hacen falta veinte visados para ir de un sitio a otro. No, es un lio, Lacy, y quizas ya no tiene arreglo.

—Cuando se abra la puerta y haya llegado Chungira-el-que-vendra, todo tendra arreglo.

—?De verdad crees eso?

Ella se volvio rapidamente hacia el.

—?Tu no?

—Si. Claro que si.

—Pero no por completo, ?no, Barry? Todavia hay algo que te frena.

—Es posible.

—Lo entiendo. He conocido antes gente como tu. Yo misma era una de ellas. Cinica, insegura, dudosa… ?Por que no? ?Que otra cosa podria ser alguien con una pizca de sentido comun cuando vives en un mundo en el que a media hora de camino de las ciudades te encuentras ya en territorio de bandidos y en mil kilometros a la redonda no hay mas que radiacion? Pero todas esas dudas pueden desaparecer si quieres. Lo sabes.

—Si. Lo se.

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