Ferguson, que es un paciente y ha demostrado ser completamente resistente a…
—?De verdad crees que Ferguson tiene el sindrome de Gelbard?
—Bueno, yo diria que tiene algo.
—Absoluta falta de escrupulos, eso es todo. Cuanto mas lo observo, mas me convenzo de que ese tipo es simplemente un timador que consiguio que lo metieran aqui porque le parecio mejor este sitio que la carcel de Rehab Dos. Ahora, si quieres decirme que alguien tan amoral como Ferguson debe ser
—Hice que Naresh analizara los informes post-barrido para buscar sintomas de suenos espaciales. Evidentemente, no ha habido suenos propiamente dichos, pero anteanoche Ferguson dio muestras de algo, un simple esbozo del Mundo Verde. Quise que viniera a hablar conmigo esta tarde, pero no estaba. Habia salido a dar un paseo por el bosque.
—?Otro intento de huida?
—No creo, aunque he hecho que lo rastreen con el monitor. Esta con Tom. Y salieron hace un rato ya.
—Extrana pareja. El santo y el pecador.
—?Piensas que Tom es un santo?
—Es solo una frase.
—Es que… yo pienso que
—«Un hombre lleno de pesares».
—Eso es. Y siempre lleva en su interior ese regalo, ese poder, esa bendicion. Es como un embajador de todos los mundos del universo.
—Oye, espera. Dices que es un santo. En realidad, lo que quieres decir es un mesias. Pero ahora hablas como si lo que esta esparciendo fuera una vision autentica de mundos reales y concretos.
—Tal vez sea eso, Dan. No lo se.
—?Hablas en serio?
Elszabet senalo la pequena capsula mnemonica sobre su mesa.
—Le he estado entrevistando. Me ha ido informando sobre todos esos lugares de los suenos: los nombres de los mundos, las razas que los habitan, los imperios, las dinastias, fragmentos de la historia… Toda una intrincada estructura de civilizacion galactica, enormemente densa en detalle, consistente al menos hasta donde he sido capaz de seguirla… que no ha sido muy lejos, lo confieso. Pero lo que narra es terriblemente convincente, Dan. Desde luego, no esta improvisando; ha vivido con ese material durante mucho tiempo.
—Tiene una gran fantasia, eso es todo. Ha pasado veinticinco anos imaginando esos detalles. ?Por que no podrian ser intrincados o convincentes? Pero… ?significa eso que forzosamente tengan que existir todos esos imperios y dinastias?
—Las cosas que dice coinciden en cada detalle con las que yo misma he experimentado mientras sonaba.
—Eso no es relevante, Elszabet. Si Tom transmite imagenes y conceptos, y tu y un monton de gente los recibis, eso no significa que lo que transmita sea algo mas que una alucinacion.
—De acuerdo. Tenemos un fenomeno, pero ?de que clase? Si Tom es realmente la fuente, entonces posee un poder extrasensorial que le permite transmitir imagenes a otras personas por contacto mente a mente.
—Suena un poco rebuscado…, pero no inconcebible.
—Puedo encontrar una explicacion para el asunto extrasensorial. Esta manana me dijo que nacio justo despues del estallido de la Guerra de la Ceniza, y que su madre se encontraba en el este de Nevada estando embarazada de el. Justo en el borde de la zona de radiacion.
—?Una mutacion telepatica? ?A eso te refieres?
—Es una hipotesis razonable, ?no?
—Bill Waldstein deberia oirte. Dice que el que se saca de la manga teorias fantasticas soy yo.
—Esto no me parece tan fantastico. Si hay una explicacion para las habilidades de Tom, un leve toque de radiacion en el momento de la concepcion no es la idea mas fantastica posible.
—De acuerdo. Es un mutante telepatico, entonces.
—De cualquier forma, es un fenomeno. Bien… Ahora, refiriendonos al contenido del material que genera, quizas se trate de una fantasia de su invencion, que por virtud de sus habilidades extrasensoriales puede transmitir a cualquier mente susceptible que tenga a su alcance. O por otro lado, quizas es sensitivo a recibir mensajes lanzados telepaticamente por civilizaciones reales de las estrellas.
—Quieres creer en eso, ?verdad, Elszabet?
—?Creer en que?
—En que lo que Tom transmite es real.
—Tal vez si. ?Eso te preocupa, Dan?
—Un poco —dijo el, tras estudiarla por un momento.
—?Crees que me estoy volviendo loca?
—No he dicho eso. Lo que creo es que tienes una poderosa necesidad de descubrir que el Mundo Verde y el planeta de los Nueve Soles y el resto son sitios reales.
—?Y por eso estoy siendo arrastrada a la psicosis de Tom?
—Y por eso te estas permitiendo aceptar un poco mas de lo permisible unas fantasias escapistas.
—Bueno, de todas formas siento lo mismo. Si tu te preocupas por mi, ya somos dos. Pero es un concepto terriblemente atractivo, ?no, Dan? Todos esos mundos maravillosos poniendose en contacto con nosotros…
—Peligroso. Seductor.
—Seductor, si. Pero a veces es necesario dejarse seducir. Tenemos tanta mierda entre las manos, Dan, toda esta pobre civilizacion nuestra, las ruinas del mundo de antes de la guerra… Todos esos paises que solian formar los Estados Unidos, y la anarquia que hay fuera de California, e incluso en su interior, y el sentido que todo el mundo tiene de que las cosas van a ir de mal en peor, a tornarse mas y mas feas, cada vez mas jodidas, que el progreso ha terminado definitivamente y que vamos a caer en la barbarie… No parece extrano que si en mis suenos visito un maravilloso mundo verde, donde todo es hermoso, civilizado y elegante, quiera descubrir si existe de verdad o no, ?eh? ?Y si pronto vamos a poder ir a ese mundo verde, y vivir alli? Es una fantasia tan increible, Dan… Seguramente necesitamos fantasias de este tipo que nos sostengan.
—?Ir alli? —dijo Robinson, sorprendido—. ?Que quieres decir?
—Ah, no te lo habia contado. Es lo que dice Tom; lo oiras cuando te deje la cinta. Es un concepto apocaliptico: los Ultimos Dias estan al llegar, y vamos a dejar nuestros cuerpos…, son sus palabras, dejar nuestros cuerpos…, y nos trasladaremos a los mundos de los suenos espaciales y viviremos alli por siempre jamas, amen.
—?Eso es lo que esta predicando? —se asombro Robinson.
—Si. Lo llama el Tiempo del Cruce.
—Lo contrario de lo que dicen los brasilenos del vudu. Segun ellos, los dioses van a
El telefono de Elszabet emitio un breve
—Disculpame —dijo.
Y miro a la pared de datos para ver quien llamaba. El doctor Kresh, de San Diego. Ambos intercambiaron miradas de sorpresa.
—Hablando del diablo… —murmuro Elszabet, y pulso el interruptor.
La cara de Kresh aparecio en la pantalla. Habia regresado al sur a fines de la semana pasada, y parecia que habia habido algunos cambios desde su visita al Centro Nepente; estaba extranamente intranquilo, alborotado, excitado.
—Doctora Lewis, me alegra encontrarla. Ha habido un desarrollo sorprendente…
—El doctor Robinson esta aqui conmigo.
—Bien, querra oir esto.
