—?Que sucede, doctor Kresh?

—Es una cosa de lo mas sorprendente. Especialmente despues de las ideas que el doctor Robinson propuso cuando estuve ahi. Me refiero a la relacion con el Proyecto Starprobe. ?Sabian ustedes que hay una estacion en Pasadena que ha estado sintonizada todos estos anos para recibir senales de la Starprobe? Esta controlada por la gente del Cal Tech, y no se como han conseguido mantenerla por si se daba el caso de…

—?Ha habido una senal? —dijo Robinson.

—Empezo a recibirse anoche. Como sabe, doctor Robinson, la hipotesis Starprobe se me habia ocurrido independientemente, y en el curso de mi investigacion supe de la instalacion de Cal Tech y estableci contacto con ella. Asi que cuando la senal empezo a llegar, pues… Veran, es una transmision de 1390 megaciclos por segundo; nos llega de Proxima Centauri por medio de una serie de reles previamente establecidos a intervalos de…

—Por el amor de Dios —estallo Robinson—, ?va a decirnos de una vez de que se trata o no?

—Lo siento. Comprendanme, esta ha sido una experiencia muy confusa para mi…, para todos. —Kresh parecia cortado. Contuvo la respiracion—. Pondre las imagenes en la pantalla. Sabran ustedes que la Starprobe estaba programada para entrar en el sistema de Proxima Centauri, buscar planetas que pudieran ser habitables, ingresar en la orbita de los que encontrara y posarse en la atmosfera de cualquiera que mostrara claros indicios de formas de vida. Las nueve horas de transmision que han llegado hasta el momento cubren de hecho un periodo de unos dos meses. Esto es Proxima Centauri, vista a una distancia de 0,5 unidades astronomicas.

Kresh desaparecio de la pantalla. En su lugar surgio la imagen de una estrella roja pequena y palida. Otras dos estrellas, mucho mas brillantes, eran visibles en una esquina de la pantalla.

—La enana roja es Proxima —dijo Kresh—. Las otras son sus companeras, Alfa Centauri A y B, que son similares en su espectro a nuestro sol. La gente del Cal Tech me dijo que las tres estrellas parecen tener sistemas planetarios. Sin embargo, la Starprobe encontro mas interesantes los planetas de Proxima, y asi…

En la pantalla aparecio una bola informe de color verde.

—Dios mio —murmuro Robinson.

—Este es el segundo planeta del sistema de Proxima Centauri, situado a 0,87 UA de la estrella. Proxima Centauri, me han dicho, esta sujeta a fluctuaciones que podrian ser peligrosas para las formas de vida cercanas. Pero la Starprobe detecto signos de vida en Proxima Dos y se autoprogramo para un acercamiento planetario.

En la pantalla aparecieron nieblas densas, impenetrables. Verdes.

Verdes.

—Oh, Dios mio —repitio Robinson.

Elszabet estaba sentada, tensa, con los punos apretados, mordiendose el labio inferior.

Otra toma. Bajo el manto de nubes.

Kresh volvio a hablar:

—Veran que aunque Proxima Centauri es una estrella roja, el manto de nubes es tan denso que desde la superficie del planeta parece verde. La capa de nubes, segun me dijeron los de Cal Tech, crea una especie de efecto invernadero que mantiene la temperatura del planeta dentro de un rango que se adecua al metabolismo de los seres vivientes, a pesar de la baja energia de la estrella Proxima Centauri.

Otra toma. Una orbita baja, virtualmente por debajo de las nubes. Las camaras de alta resolucion comenzaron su trabajo. Un cambio de foco. Entonces, nuevas imagenes, fantasticamente detalladas. Un hermoso paisaje, colinas verdes, brillantes lagos verdes. Mas abajo, edificios, misteriosas estructuras de perturbador diseno alienigena: angulos insospechados, retorcidas arquitecturas. Otro incremento en la capacidad de la camara. Unas figuras se movian por un prado: eran altas y estilizadas, de fragil aspecto, con cuerpos cristalinos brillantes como espejos, grupos de ojos facetados en cada uno de los cuatro lados de sus cabezas en forma de diamante.

—Dios mio —repetia Robinson una y otra vez.

Elszabet no se movio, ni siquiera respiraba, ni parpadeaba. Esa es la Triada Misilyna, penso. Esos deben de ser los Suminoors, y esos los Gaarinar. Oh. Oh. Oh.

Estaba aturdida por el miedo y la maravilla. Quiso llorar, quiso arrodillarse y rezar, quiso salir corriendo y gritar aleluya. Pero fue incapaz de moverse. Permanecio perfectamente tranquila, congelada por la sorpresa, mientras las imagenes verdes se sucedian en la pantalla. Todo era increiblemente raro, alienigena.

Y al mismo tiempo todo era tan completa y enteramente familiar como si mirara las fotografias de la ciudad en la que habia vivido cuando era nina.

Septima parte

No son cantaradas de Tom la oruga, Pedro, la basura que desprecio, ni los rateros probados, ni las bravatas de los vocingleros. Los humildes, los blancos, los sencillos me tocan, me abrazan y no abusan de mi; pero quienes se cruzan ante Tom Rinoceronte hacen lo que la pantera no se atreve. Y mientras, canto: «?Hay comida, alimento, alimento, bebida o ropa? Vamos, dama o doncella, no tengas miedo. El Pobre Tom no estropeara nada». La Cancion de Tom O’Bedlam

1

Empezaba a oscurecer mas pronto que de costumbre. Unas pocas nubes habian empezado a aparecer por el norte, y quiza aquella noche lloveria, supuso Tom. La primera vez esta temporada. Anoche hubo una luna brillante, clara y fria; esta noche, tal vez, lluvia. Un cambio en el clima, que quiza fuera heraldo de otros cambios mayores. Vuelve a la habitacion, toma una buena ducha, arreglate para la cena. Despues charla un poco con la gente de aqui, con Ferguson, con la chica gorda, April, con alguno de los otros.

El Tiempo del Cruce se acercaba como las lluvias: la estacion estaba cambiando.

—Vamos —le dijo a Ferguson—. Llevamos horas aqui. Es tiempo de volver.

—Si —respondio Ferguson—. Claro.

Parecia medio dormido, vago, ido, sonoliento. Estaba asi desde que Tom le habia conferido la vision, sentado tan tranquilo bajo los arboles, sonriendo, meneando la cabeza de vez en cuando, sin decir casi nada. Era como si el Mundo Verde lo hubiera atontado. ?O habia algo mas? Era como si alguien se hubiera dirigido por fin a el y le hubiera dicho: «Mira, hombre, yo me preocupo por ti, un absoluto extrano que no tiene nada que ganar, y

Вы читаете Tom O'Bedlam
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату