que puedes hacer. Si te quedas, te ayudare tambien. Fuiste bueno conmigo. Quiero que seas de los primeros en cruzar. Quedate aqui, en el bosque, en la furgoneta, y vendre a por ti cuando empiece, ?de acuerdo? Te lo prometo. Dejame que ayude a Ferguson, y a April, y a la doctora Elszabet y a los otros, y entonces volvere a ayudarte. Solo falta una semana, Charley. Puede que incluso menos.

—Si le quieres —intervino Mujer—, dejanos que le metamos en la furgoneta y larguemonos, ?me oyes, Charley?

Charley nego con la cabeza.

—No. No quiero eso. Ven con nosotros, Tom.

—Ya te lo he dicho. Tengo cosas que hacer.

—?Sabes lo que va a pasarte si te quedas aqui? Vas a ser aplastado por ese ejercito de lunaticos que viene en esta direccion. Estaran aqui dentro de un par de dias, todos ellos, y cuando lleguen, haran trizas este lugar.

—No entiendo de que me hablas, Charley.

—?No te lo ha dicho nadie? Lo oimos hace un par de dias. Alrededor de millon y medio de fanaticos van camino del Polo Norte, segun dicen. Van a encontrarse con Dios, o algo parecido. Empezaron en San Diego, y han ido recolectando gente a lo largo de toda la costa. Vienen derecho hacia aqui como una plaga de langosta, arrasando todo lo que hay a la vista. Esa es la razon de que nos vayamos. Este no es un buen sitio para ti, Tom. Ven con nosotros. Nos marcharemos por la manana.

—No importara lo que suceda aqui cuando empiece el Cruce.

—Escucha, es una especie de rebelion ambulante, una autentica voragine. Un tipo como tu no querra mezclarse en una cosa asi…

—No importara. Mira, tengo que regresar. Quiero lavarme, cenar y charlar con unas cuantas personas. Ven al Centro conmigo, ?vale? Te trataran bien. Son muy amables. La doctora Elszabet te recibira igual que a mi. Asi todos estaremos juntos cuando empiece el Cruce. ?Que dices, Charley?

—No, no hay nada que hacer. Nos marchamos. Ese sitio no sera recomendable cuando llegue la marcha. Ven con nosotros a darnos otra vez buena suerte, Tom…

—El lugar de la buena suerte esta aqui.

—Tom…

—Tengo que irme.

—Piensalo. Acamparemos aqui por esta noche. Estaremos aqui por la manana, si vuelves. Puedes ir al sur con nosotros.

—Si lo quieres, dejanos que lo agarremos —repitio Mujer.

—Cierra el pico. ?Hasta manana, Tom?

—Ven al Centro manana. O esta noche. Se come bien.

Se dio la vuelta y se interno en las sombras.

Ahora estaba mucho mas oscuro. Definitivamente iba a llover, aunque posiblemente no hasta la manana. ?Iban a correr detras de el para atraparle? No, penso. Charley no era asi. Charley tenia una especie de codigo de honor. Tom sintio lastima por los saqueadores. «Ven con nosotros, se nuestra buena suerte». Si. Pero no podia. Su sitio estaba aqui.

Tal vez por la manana volveria a intentar convencerles para que se quedasen. Esperaba que no intentaran atraparlo entonces. Apartarle de sus nuevos amigos, antes de que pudiera ayudarles, ahora que el Cruce estaba tan cerca… Eso no estaria bien. Tendria que pensar en el asunto.

El regreso al complejo principal del Centro le llevo veinte minutos. Entro en su cabana, se dio una ducha y se sento durante un rato en el suelo con las piernas cruzadas, junto a la cama, meditando. Luego se dirigio al comedor. Ed Ferguson, el padre Christie, la maravillosa y artificial Aleluya, la gorda April estaban alli, sentados alrededor de una de las mesas.

Ferguson todavia resplandecia por efecto de la vision. Tom se alegro al pensar que solamente con tender las manos habia permitido a ese hombre el goce de una de las maravillas. Se acerco al grupo.

—Nos ha dicho que le has dado un sueno espacial —dijo Aleluya.

—Le mostre como abrirse a una vision, si. ?Puedo sentarme con vosotros?

—Aqui —invito el padre Christie—. Sientate aqui, a mi lado. Eres una persona notable, Tom, ?lo sabias?

—Queria ayudarle.

—?Como lo hiciste? —pregunto Aleluya.

—Hable con el un rato. Le mostre el poder que hay en su interior. Eso fue todo.

—Es sorprendente. Ahora parece otro.

—Se parece a si mismo. Ese es su autentico yo, que ha estado siempre con el. Todos estamos convirtiendonos en nosotros mismos. Pronto estaremos completos.

Este es el momento, penso. Habiales del Cruce. Cuentales ahora.

—?Sabes? Me das miedo —dijo April con su vocecita timida.

Estaba sentada al otro extremo de la mesa, apartandose de el como si temiera contagiarse de alguna rara enfermedad. Temblaba y tenia la cara roja. Tom esperaba que no fuera a desmayarse de nuevo.

—?De veras? —pregunto.

—Tienes las visiones en tu interior, ?no? Como un poder agazapado. Puedo sentirlo cuando estoy cerca de ti. Los otros mundos bullen. Me da miedo. Los otros mundos, ya sabes, son maravillosos. Pero me da miedo. Desearia que nada de esto estuviera sucediendo.

—No, hija —dijo el padre Christie—. Lo que esta sucediendo es la inminencia del advenimiento de nuestro Senor sobre la Tierra. No hay nada que temer. Este es el momento que hemos estado esperando desde hace mas de dos mil anos.

Tom miro a Ferguson, que sonreia, muy remoto, sumido en su felicidad.

—No tengas miedo —le dijo a April—. El padre Christie tiene razon. Lo que esta a punto de pasar es algo maravilloso.

—No comprendo.

—Si —intervino Aleluya—. ?De que hablas?

Tom los miro uno a uno. De acuerdo, penso. Este es el momento. Por fin el Tiempo ha llegado. Que empiece.

—Es una larga historia —dijo.

Y empezo a hablarles de las cosas maravillosas que iban a pasar. Empezo a hablarles del Cruce.

2

—Las ultimas estimaciones de las autoridades del condado calculan el numero en trescientos mil. La mujer con la que hable me dijo que la cifra podia variar en cincuenta mil mas o menos, pero que no habia esperanza de conseguir controlarlos, porque avanzan abarcando gran cantidad de terreno, y es dificil saber cuantos marchan en cada vehiculo. Creo que todos ustedes comprenden que incluso aunque sean cien mil menos de lo que se estima, tenemos en las manos un grave problema.

—?Que te hace pensar que van a pasar por aqui? —pregunto Dante Corelli.

Elszabet inspiro fuertemente. Se sentia aturdida. Las visiones aparecian ahora con frecuencia alarmante. Hacia solo una hora que los Nueve Soles habian aparecido al completo en su cerebro, esta vez ricamente detallados y en orden secuencial, no solo la gran forma ciclopea contra el paisaje rocoso sino un completo y elaborado rito que envolvia seres de distintos tipos planetarios, casi como un ballet. Y al mirar las caras de su staff alrededor de la mesa de conferencias, supo que lo mismo les debia de estar pasando a ellos. Dante, Patel, Waldstein, incluso Dan Robinson, que habia tenido tantos problemas para experimentar los suenos, todo el mundo era completamente receptivo ahora, todos estaban siendo bombardeados por las vividas imagenes de los extranos mundos.

—Tienen que pasar razonablemente cerca —dijo—. Donde ahora se encuentran, no tienen muchas opciones para dirigirse al norte. No se puede dirigir a miles de coches, camiones y autobuses por un bosque.

Вы читаете Tom O'Bedlam
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату