cortina para arrancar los diamantes. La pequena camara que encontro al otro lado estaba vacia, o asi dice el cuento; pero cuando salio a la noche, el hombre miro el cielo y lo vio consumiendose en llamas. ?Que terrible que solo conozcamos nuestras historias despues de haberlas vivido!
Tal vez fue el recuerdo de ese cuento. Tal vez solo la idea de la biblioteca sumergida, cuyo maestro final, estoy seguro, habia sido Cyby, y en la que Cyby tuvo que morir, sin ninguna duda. Como fuese, la conciencia de que Urth habia sido destruida me abordo con una claridad y un horror que no habia tenido antes, ni siquiera al ver la cabana en ruinas con la chimenea aun en pie, por mas temor que me hubiera dado. Ya no estaban los bosques donde yo habia cazado, ni un arbol ni una planta. El millon de pequenos feudos que habian nutrido a un millon de Melitos y los habian enviado al norte armados de tanta ingenuidad y un valor tan humilde, las anchas pampas en las que Foila habia cabalgado al galope enarbolando una lanza: todo habia desaparecido, cada nabo, cada brizna de hierba.
Un nino muerto, mecido por las olas, parecio hacerme una sena. Al verlo comprendi que solo tenia una manera de expiar lo que habia hecho. Una ola me llamo, me llamo el nino, y ya me estaba diciendo que me faltaba coraje para quitarme la vida cuando senti que la regala se me iba de las manos.
El agua se cerro sobre mi pero no me ahogue. Senti que podia respirar pero no respiraba. Iluminada por Luna, que ahora refulgia como una esmeralda, el agua se extendia a mi alrededor como cristal verde. Lentamente me hundi en un abismo que parecia mas claro que el aire.
Lejos se cernian formas enormes: cosas cien veces mas grandes que un hombre. Algunas parecian barcos, otras nubes; una era una cabeza sin cuerpo; otra tenia cien cabezas. Con el tiempo se perdieron en la bruma verde, y vi debajo de mi una llanura de legamo y desechos donde se alzaba un palacio mayor que la Casa Absoluta, aunque en ruinas.
Entonces supe que estaba muerto, y que para mi no habia en la muerte ninguna liberacion. Un momento despues supe tambien que sonaba, que con el canto del gallo (cuyos brillantes ojos negros no volverian a perforar los magos) me despertaria y me encontraria compartiendo la cama con Calveros. El doctor Talos le pegaria, e iriamos en busca de Agia y Jolenta. Me entregue al sueno; pero creo que casi habia rasgado el Velo de Maya, ese glorioso tejido de apariencias que oculta la realidad ultima.
Luego estuve entero una vez mas, aunque moviendome aun en los vientos helados que soplan de la Realidad al Sueno y que nos llevan con ellos como hojas. El «palacio» que me habia hecho pensar en la Casa Absoluta era mi ciudad de Nessus. Vasta como habia sido, ahora parecia mas grande que nunca; como el muro de nuestra Ciudadela, muchas secciones de la Muralla se habian desmoronado, convirtiendola en una ciudad verdaderamente infinita. Tambien habian caido muchas torres, y las paredes de ladrillo se amontonaban como cascaras de melones podridos. Alli donde cada ano los Celadores habian marchado hasta la catedral en procesion solemne habia cardumenes de caballas.
Intente nadar y descubri que ya estaba nadando, que brazos y piernas se me movian ritmicamente. Me detuve, pero (al contrario de lo que esperaba) no subi flotando a la superficie. Aletargado, a la deriva en una corriente invisible, descubri que debajo de mi se estiraba el canal del Gyoll, aun con sus orgullosos puentes pero que no cruzaban ahora ningun rio, pues habia agua por doquier. Cosas ahogadas aguardaban alli, ruinosas y cubiertas de ondulantes hierbas verdes: barcos hundidos y columnas derribadas. Trate de expulsar el ultimo aliento de mis pulmones para ahogarme yo tambien. Cierto que salio una burbuja de aire; pero el agua fria que se precipito a entrar no trajo el frio de la muerte.
Segui hundiendome, siempre lentamente, hasta encontrarme donde nunca habia pensado, en el barro y la suciedad del fondo del rio. Era como estar en la cubierta de la nave de Tzadkiel, pues apenas habia fuerza que atrajera mis pies desnudos como para retenerme. La corriente me urgia a dejarme llevar, y me senti un fantasma que un soplo de aliento habria dispersado con solo murmurar unas palabras de exorcismo.
Camine; o mejor, digamos que nade a medias, fingiendo caminar. Cada paso alzaba una nube de cieno que luego flotaba a mi lado como una criatura viviente. Cuando me detuve a levantar los ojos vi a la verde Luna, un borron amorfo sobre las olas invisibles.
Cuando mire abajo otra vez, encontre a mis pies un craneo amarillento medio enterrado en el lodo. Lo recogi; faltaba la mandibula inferior, pero el resto estaba completo y sin lesiones. Por el tamano y los dientes intactos imagine que tenia que haber sido de un muchacho o un joven. De modo pues que alguien mas se habia ahogado en el Gyoll hacia mucho, quiza un aprendiz muerto en una epoca demasiado anterior a la mia para que yo hubiera oido la breve y triste historia, quiza solo un nino de los inquilinatos que atestaban las aguas sucias.
O tal vez era el craneo de una pobre mujer, estrangulada y tirada al agua; en Nessus, cualquier noche habian perecido asi mujeres y ninos, y hasta hombres. Se me ocurrio que cuando el Increado me habia elegido como instrumento para destruir la tierra, solo los bebes y las bestias habian muerto inocentes.
Y sin embargo tenia la sensacion de que el craneo habia sido de un muchacho, y que en cierto modo el muchacho habia muerto por mi, victima del Gyoll cuando se habia escamoteado al Gyoll el debido sacrificio. Lo tome por las orbitas, le sacudi el barro y me lo lleve.
Largos escalones de piedra bajaban a lo hondo del canal, mudos testimonios del numero de veces que los diques habian sido elevados y los embarcaderos extendidos desde arriba. Los subi uno a uno, aunque habria podido flotar casi con la misma facilidad.
Todas las casas de vecindad se habian derrumbado. Vi que una masa de pececillos, varios centenares al menos, se apretaba en los escombros; al aproximarme se dispersaron como plateadas chispas de fuego, revelando un palido cadaver en parte devorado. Despues de eso no volvi a ahuyentar ningun cardumen.
Sin duda habia muchos muertos asi en la ciudad, que en un tiempo habia sido tan grande como para excitar la admiracion de todo el mundo; pero ?y yo, que? ?No era un cadaver mas a la deriva? Tenia el brazo frio a mi propio tacto y el peso del agua me agobiaba los pulmones; incluso para mi era como si caminara en suenos. Sin embargo seguia moviendome, o creia moverme contra toda corriente, y mis ojos frios veian.
Ante mi se alzaba, cerrado, el mohoso porton de la necropolis; hebras de kelp laberintico subian por los barrotes como senderos de montana, simbolos inalterados de mi viejo exilio. Me lance hacia arriba, dando varias brazadas, y blandiendo el craneo sin proponermelo. Subitamente avergonzado, lo solte; pero parecio que me seguia, propulsado por el movimiento de mi mano.
Antes de embarcarme en la nave de los hierodulos que me llevaria a la nave de Tzadkiel, yo habia estado acuclillado en el aire, rodeado de craneos que cantaban y trazaban circulos. Aqui se desplegaba la realidad que habia preanunciado aquella ceremonia. Lo supe; lo comprendi, y en mi comprension tuve una certeza: como yo ahora, el Sol Nuevo debia atravesar ingravido su mundo sumergido, en medio de un anillo de muertos. El precio que habia pagado Urth era la perdida de sus antiguos continentes; este viaje era el precio que me tocaba pagar a mi, y lo estaba pagando en este momento.
El craneo se poso blandamente en el suelo empapado donde, una generacion tras otra, habian yacido los pobres de Nessus. Volvi a recogerlo. ?Que palabras me habia dicho el centinela apostado en la atalaya?
El exultante Talarican, cuya locura se manifestaba en un interes abrasador por los aspectos mas bajos de la existencia humana, sostenia que las gentes que viven de devorar la basura de otras suman dos gruesas de millares; que si por cada vez que inhalamos aire se tirara un pobre del parapeto de este puente viviriamos por toda la eternidad, pues Nessus cria hombres y los quiebra mas rapido de lo que respiramos.
Ahora ya no saltan al agua; el agua ha saltado por ellos. Al menos ya no son miserables y quiza algunos han sobrevivido.
Cuando llegue al mausoleo donde habia jugado de nino, descubri que la puerta, obstruida durante tanto tiempo, estaba ahora cerrada: la fuerza torrencial del mar habia completado un movimiento iniciado tal vez un siglo atras. Deje el craneo en el umbral e intente nadar hasta la superficie, una superficie en la que danzaba una luz de oro.
XLVIII — Viejas y nuevas tierras
El barco de Eata no se veia por ningun lado. Escribir, como debo, que nade todo ese dia y la mayor parte
