—Gracias, Rogelio.

Chutsky dio media vuelta y me indico con un ademan que le siguiera. Recorrimos el pasillo hasta el final, en compania del botones que cargaba con nuestras bolsas, hasta llegar a una hilera de ascensores preparados para subirnos a la planta ejecutiva. Un grupo de personas vestidas con mucho gusto estaban esperando, y puede que fuera obra de mi imaginacion febril, pero pense que miraban horrorizados mi indumentaria de misionero. De todos modos, no tenia otro remedio que cenirme al guion, asi que les dedique una sonrisa y consegui reprimir la tentacion de largarles un rollo religioso, posiblemente del Apocalipsis.

La puerta se abrio y la multitud entro en el ascensor. El botones sonrio.

—Pase, senor, les seguire dentro de un momento.

El Justo Reverendo Freeney y yo entramos.

Las puertas se cerraron. Percibi mas miradas angustiadas dirigidas a mis zapatos, pero nadie dijo nada, de modo que yo opte por lo mismo. Pero si me pregunte por que teniamos que compartir la habitacion. No habia tenido un companero de cuarto desde la universidad, y no salio muy bien. Ademas, sabia muy bien que Chutsky roncaba.

Las puertas se abrieron y salimos. Segui a Chutsky hacia la izquierda, en direccion a otra zona de recepcion, donde un camarero nos esperaba junto a un carrito con hielo. Hizo una reverencia y nos dio a cada uno un vaso alto.

—?Que es esto? —pregunte.

—Gatorade cubano —replico Chutsky—. Salud.

Vacio su vaso y lo dejo en el carrito, de modo que le imite. La bebida era suave, dulce, con cierto sabor a menta, y descubri que, en efecto, parecia refrescante como el gatorade en un dia caluroso. Deje mi vaso vacio al lado del de Chutsky. Este cogio otro, de modo que yo tambien. «Salud», brindo. Entrechocamos los vasos y bebi. Sabia muy bien, y como apenas habia bebido o comido debido al ajetreo de la llegada al aeropuerto, me permiti disfrutar del mejunje.

A nuestra espalda, la puerta del ascensor se abrio y nuestro botones salio con las bolsas.

—Ya estas aqui —comento Chutsky—. Vamos a ver la habitacion.

Vacio su vaso, yo tambien, y seguimos al botones por el pasillo.

A mitad de camino empece a sentirme un poco raro, como si mis piernas se hubieran convertido de repente en madera de balsa.

—?Que llevaba ese gatorade? —pregunte a Chutsky.

—Sobre todo ron. ?Que pasa, nunca habias tomado un mojito?

—Creo que no.

Emitio un leve grunido, que tal vez habia querido ser una carcajada.

—Acostumbrate. Ahora estas en La Habana.

Le segui por el pasillo, que de repente se habia hecho mucho mas largo y luminoso. Ahora me sentia como nuevo. No se como, consegui llegar hasta la habitacion y atravesar la puerta. El botones deposito nuestras bolsas sobre un aparador y abrio las cortinas, que revelaron una habitacion muy bonita, amueblada con gusto al estilo clasico. Habia dos camas, separadas por una mesita de noche, y un cuarto de bano a la izquierda de la puerta de la habitacion.

—Muy bonita —comento Chutsky, y el botones sonrio e hizo media reverencia—. Gracias —le dijo, y extendio la mano con un billete de diez dolares—. Muchisimas gracias.

El botones acepto el dinero con una sonrisa, un cabeceo y la promesa de que solo teniamos que llamar y removeria cielo y tierra con tal de satisfacer nuestro capricho mas infimo, y despues desaparecio por la puerta y yo me desplome boca abajo en la cama mas cercana a la ventana. Elegi esa cama porque era la mas proxima, pero tambien deslumbraba en exceso, debido al sol agresivo que entraba por la ventana, de modo que cerre los ojos. La habitacion no daba vueltas, ni yo me sumi de repente en la inconsciencia, pero me parecio una gran idea quedarme un rato tumbado con los ojos cerrados.

—Diez pavos —observo Chutsky—. Eso es lo que casi todo el mundo gana aqui en un mes. Y, ?bumba!, se los lleva por cinco minutos de trabajo. Puede que sea doctor en astrofisica. —Se produjo una breve y bienvenida pausa, y despues me pregunto, con una voz que se me antojo muy lejana—. Eh, colega, ?te encuentras bien?

—Nunca me habia sentido mejor —conteste, y mi voz tambien era lejana—. Pero creo que me echare una siestecita.

31

Cuando desperte, la habitacion estaba oscura y silenciosa, y yo tenia la boca muy seca. Movi la mano a tientas sobre la mesita de noche unos momentos hasta que localice la lampara, y la encendi. Vi que Chutsky habia corrido las cortinas y salido. Tambien vi una botella de agua mineral al lado de la lampara, la cogi y la abri, y me bebi la mitad de un largo y satisfecho trago.

Me levante. Estaba un poco agarrotado a causa de haber dormido boca abajo, pero por lo demas me sentia sorprendentemente bien, ademas de hambriento, lo cual no era sorprendente. Me acerque a la ventana y abri las cortinas. Aun era de dia, pero el sol se habia desplazado a un lado y calmado un poco, de modo que me quede mirando el puerto y el rompeolas, ademas de la larga acera que corria en paralelo, llena de gente. Nadie parecia tener prisa. Los transeuntes deambulaban en lugar de ir a un lugar concreto, y habia grupos que hablaban, cantaban y, por lo que deduje a partir de su actividad visible, daban consejos a los que sufrian penas de amor.

En el puerto, un neumatico grande cabeceaba en el oleaje, con un hombre colgado de su centro que sujetaba una especie de yo-yo cubano, que es una cucharilla de sedal sin carrete ni cana. Y mas lejos todavia, justo antes de desaparecer en el horizonte, estaban pasando tres grandes barcos, aunque no consegui dilucidar si eran de pasajeros o mercantes. Los pajaros volaban en circulos sobre las olas, el sol se reflejaba en el agua. En conjunto, era una bonita vista, que me condujo a descubrir que no habia nada de comer en la ventana, de modo que localice la llave de la habitacion en la mesita de noche y baje al vestibulo.

Encontre un comedor enorme en el lado opuesto a los ascensores y, al lado, encajado en un rincon, habia un bar chapado en madera oscura. Los dos se veian muy agradables, pero no era lo que estaba buscando. El camarero me dijo, en un ingles perfecto, que habia una cafeteria en el sotano, bajando la escalera al otro lado del pasillo, y le di las gracias, tambien en un ingles perfecto, y me encamine hacia la escalera.

La decoracion de la cafeteria constituia un homenaje al cine, y pase un mal trago durante un momento, hasta que vi la carta y me di cuenta de que servian algo mas que palomitas de maiz. Pedi un bocadillo cubano, por supuesto, y una Iron Beer, y me sente a una mesa para contemplar luces, camara y accion con tan solo una pizca de amargura. Weiss estaba cerca, o a punto de estarlo, y habia prometido convertir a Dexter en una gran estrella. Yo no queria ser una estrella. Preferia mucho mas trabajar en la oscuridad de las sombras, acumulando con discrecion una excelencia sin macula en la especialidad que habia elegido. Esto seria imposible a menos que consiguiera detener a Weiss, y como no estaba muy seguro de como pensaba hacerlo, la perspectiva era muy deprimente. De todos modos, el bocadillo estaba bueno.

Cuando termine de comer, volvi a subir la escalera y, guiado por un capricho, baje la escalinata de marmol y sali del hotel. Una fila de taxis aguardaba. Pase de largo y segui la larga acera, deje atras una hilera de Chevys y Buicks antiguos, incluso un Hudson. Tuve que leer el nombre en el extremo delantero. Varias personas de aspecto muy risueno estaban apoyadas contra los coches, y todas se mostraron ansiosas por llevarme de paseo, pero yo sonrei y me encamine hacia la lejana entrada principal. Al otro lado habia un monton desordenado de lo que semejaban carritos de golf con armazones de plastico de colores chillones sujetos a ellos. Sus conductores eran mas jovenes y no tan sofisticados como los que se encargaban del Hudson, pero estaban igualmente ansiosos por impedir que utilizara mis piernas. No obstante, consegui quitarmelos de encima tambien.

Me detuve en la entrada y pasee la vista a mi alrededor. Delante tenia una calle sinuosa con un bar o club nocturno. A mi derecha, una carretera descendia la colina hasta el bulevar que corria paralelo al rompeolas, y a mi izquierda, tambien colina abajo, vi lo que parecia un cine en la esquina y una hilera de tiendas. Y mientras estaba contemplando todo esto y trataba de decidir que direccion tomar, un taxi se detuvo a mi lado, la ventanilla bajo y Chutsky me llamo en tono perentorio desde dentro.

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