Hartmuth comenzo a tartamudear
– T-todo lo q-que p-pude hacer f-fue salvart-te la vida y amarte, no pude salvar al resto, cumpliamos ord- denos, era una guerra. Yo tenia dieciocho anos y tu eras el ser mas hermoso que yo t-toque nunca. Despues de verte escribia poesia. Los suenos inundaban mi cabeza. Queria llevarte a Hamburgo a vivir
– Has estado viviendo en el pasado- repuso ella
El le tomo la cara entre sus manos
– Te amo, Sarah.
Ella retiro la cabeza por primera vez. ?Como podia hacer que se sintiera de nuevo asi? ?Semejante anhelo! Casi intento acercarse a el, pero los rostros de sus padres flotaban ante ella. Nego con la cabeza
– Tu mente permanece en un pasado que nunca tuvimos.
– No necesitas hablar. Conozco tu corazon. Te sientes culpable porque sigues amando al enemigo-dijo-. Lo que tenemos no entiende de fronteras o religiones
– ?Revolcandonos sobre el suelo}’-dijo ella.- ?Comiendo como cerdos mientras otros morian de hambre? Escondiendonos en las catacumbas, siempre escondiendonos, temerosos de que nos vieras… ?Que era eso?
El bajo la cabeza
– Nunca quise que sufrieras, n-nunca. Incluso cuando no habia esperanza de que siguieras viva, me perseguias.
A ella se le quebro la voz
– Quiero matarte. Habia planeado hacerlo, pero…- dijo derrotada, con la cabeza gacha-. No puedo.
– Sarah, ?podras perdonarme?-Hartmuth sollozaba con la cabeza entre sus manos. Cuando por fin levanto la vista, ella se habia ido. Nunca se habia sentido mas solo.
Lunes por la noche
Sarah echo el cerrojo a la puerta de la buhardilla y se acurruco en la cama. La quedaban varias horas hasta que comenzara su turno de manana. Apreto con fuerza la zona en la que habia estado la estrella amarilla y trato de no recordar. Trato de olvidar, pero no pudo
Era 1942, el dia mas bochornoso y humedo registrado en septiembre en los ultimos treinta anos. No se movia una brizna de aire. La escuela ya habia comenzado, con deberes que hacer, se habia convertido en una tediosa rutina. Tediosa rutina como permitia la ocupacion nazi. Solo ella y Lili Stein lucian estrellas amarillas bordadas sobre sus uniformes escolares.
– ?Quieres ver una cosa?-le pregunto Lili, esa chica zamba y sosa, despues de clase.
Sorprendida al ver que una chica de dieciseis anos se dignara dirigirse a ella, asintio fervientemente y la siguio. A sus catorce anos, se sentia orgullosa de que una chica mayor buscara su compania. El aire fresco emanaba de oscuros patios cuando pasaron por la tranquila
En la plaza Georges-Cain, se sentaron en un banco a la sombra de los platanos, junto a las columnas romanas. No habia nadie en las calles, hacia demasiado calor. No habia gasolina para los coches y en la distancia se oia el repique sobre los adoquines de los cascos de los caballos que guiaban los carros. Un aire denso y fetido flotaba sobre el Sena.
Se quitaron las batas blancas y las sumergieron en la fuente en forma de urna. Riendo, refrescaron sus cuellos y rostros sudorosos con agua fresca y cristalina. Lili se sento y apoyo la espalda, con sus pequenos ojos llenos de preocupacion.
– Se te ha caido algo de la bolsa antes de la clase de matematicas-dijo Lili-. Pero lo he cogido para que nadie pudiera verlo.
Saco de su bolsillo un
Sarah se revolvio, culpable
– ?De donde ha salido esto?- pregunto Lili
– Mira, Lili…- dijo Sarah.
– Calla-la interrumpio Lili-. No me lo digas porque entonces tendre que delatarte. ?Quiza tenga que hacerlo de todos modos, Sarah Strauss!
Sarah saco una caja de la bolsa y la puso sobre la palma de la mano de Lili
Lili chillo de placer
– ?No me lo puedo creer!-Abrio la caja y se metio un dulce en la boca con un gemido- ?Exquisito!- Cogio unos cuantos mas mientras lo saboreaba-. Los que mejor saben son los rosas
Sarah dejo que Lili se terminara los dulces de la caja de metal de la Provenza pintada con frutas y vinedos. Sus piernas colgaban dentro del agua fresca y burbujeante. Las libelulas zumbaban en el verde seto. Todo parecia tranquilo, en paz, como si no existiera una guerra.
Lili achico la mirada.
– ?Que mas tienes?
– Puedo conseguir mas si no se lo dices a nadie-dijo Sarah-. ?Estas dispuesta a dejar Paris si madame Pagnol encuentra la forma de ayudarnos a escapar a la zona no ocupada?
– Por supuesto. Estoy esperando a que de la orden. Dijo que quiza seria la semana que viene-le confio Lili-. Madame me dijo que todavia hay trenes que van hacia el sur, pero hay que andar por el monte para llegar a la zona libre. Guias del pueblo estan dispuestos a llevarnos, pero quieren de esto.- Lili se froto las puntas de los dedos y le dirigio una mirada de complicidad.
– ?Dinero?-pregunto Sarah inocentemente.
– Claro. O joyas. Puede que hasta comida-dijo Lili
Sarah tiro de su bolsa, nerviosa. Nunca habia salido del Marais, ni siquiera de Paris.
– ?Iremos juntas?
– ?Dos estrellas amarillas a la vez? Es dificil saberlo.- Lili la miro-. Trae mas de estos. Necesito mantenerme a buenas con mi portera
– Pero podrian llamar la atencion.- Sarah nego con la cabeza, incomoda-.Y yo no quiero que eso ocurra
– ?Sarah Strauss, lo que haras es llamar la atencion de la Gestapo si no puedo mantenerla callada!
Al dia siguiente en la escuela, su maestra, madame Pagnol las informo de que, de un momento a otro, podria existir la oportunidad de escaparse. Asi que durante varias semanas, tras las clases, se juntaban en la plaza Georges-Cain para hacer planes.
A Lili le habian emitido el carnet de identidad, con la “J” judia, al cumplir los dieciseis anos, tal y como era costumbre en Francia. Sarah sabia que si Lili reclamaba cupones de racionamiento, los nazis le pedirian el carnet de identidad y la enviarian directamente a la carcel de Drancy. Tambien se dio cuenta de que Lili subsistia a base de la comida que podia compartir con ella.
Cada noche, Helmut la aseguraba que habia comprobado los campos de retencion en busca de sus padres. Le prometio que los encontraria y que haria todo lo posible por encontrar comida. Pero era tan generoso que ella se sentia culpable. Culpable por aceptar la comida aunque alimentaria a Lili y a otras personas de su edificio.
La mayoria de las veces conseguia ignorar sus emociones enfrentadas, su culpa contra sus crecientes sentimientos hacia el. No le gustaba admitir lo atractivo que le resultaba, con el brillo de sus oscuros y relucientes ojos a la luz de la caverna iluminada por velas, como esas estrellas de cine que habia visto en las revistas de su hermana mayor antes de la guerra. Se dijo que el lo entenderia cuando escapara. Como judia, su deber era escapar.
La mayoria de la comida de Helmut era bastante exotica, especialmente para los judios educados en la tradicion
– Mi portera dice que Fauchon es la mejor tienda de comida de Paris-dijo Lili un dia mascando con fruicion-. El rabino nos perdonara que no comamos comida
Por primera vez, pudo presentir la duda en el tono de voz de Lili.
– No tenemos mucho donde escoger. De todos modos, es higado de oca, no de cerdo
Lili desvio la mirada, pero no antes de que Sarah pudiera ver en su rostro una expresion de alivio
