unica companera que tenia, aparte de la muerte. Pero una parte mia era consciente de un enorme golfo de oscuridad que se cernia en nuestras proximidades, como si siempre caminasemos al borde de un abismo y vieramos de pronto que ya era demasiado tarde si haciamos un movimiento en falso o nos concentrabamos demasiado en nuestros pensamientos. A veces, el mundo fisico a mi alrededor me parecia insustancial, salvo en la oscuridad. Como si estuviera a punto de abrirse una grieta en la tierra y yo pudiera ver esa gran grieta rompiendose en la Rue Royale y todos los edificios se hicieran polvo en la catastrofe. Pero lo peor de todo fue que eran como transparentes, translucidos, como telones hechos de seda. Ah…, me distraje. ?Que digo? Que ignore esos indicios en ella, que me aferre desesperadamente a la felicidad que ella me habia brindado, y que aun me brindaba, e ignore todo lo demas.

»Pero estos fueron los indicios. Sus relaciones con Lestat se enfriaron. Se quedaba horas mirandolo. Cuando el hablaba, a menudo no le contestaba. Y uno casi no podia darse cuenta de si se trataba de desprecio o de que no le oia. Y nuestra fragil tranquilidad domestica se hizo trizas debido a la furia de Lestat. No tenia que ser amado, pero no se lo podia ignorar; y en una ocasion, hasta se le arrojo encima gritando que le pegaria. Me encontre en la desagradable situacion de tener que pelearme con el como lo habiamos hecho antes de que ella llegara.

»—Ya no es mas una nina —le susurre—. No se lo que es. Es una mujer.

»Le pedi que no lo tomara muy en serio y el simulo desden y la ignoro a su vez. Pero una tarde entro perplejo y me conto que ella lo habia seguido. Aunque se negara a ir con el a matar, lo habia seguido.

»—?Que le pasa? —me grito el, como si yo fuera el causante de su vida y debiera saberlo.

»Y entonces, una noche nuestros sirvientes desaparecieron. Dos de las mejores criadas que habiamos tenido, una mujer y su hija. El cochero fue enviado a su casa y volvio para informar que habian desaparecido. Y entonces aparecio el padre a nuestra puerta golpeando el llamador. Se quedo en la acera de ladrillo mirandome con la suspicacia que tarde o temprano aparecia en los rostros de los mortales que nos conocian desde hacia algun tiempo: la sospecha de una antesala de la muerte. Trate de explicarle que no habian estado en la casa, ni la madre ni la hija, y que debiamos empezar de inmediato su busqueda.

»—?Es ella! —me susurro Lestat desde las sombras tan pronto como cerre la puerta—. Ella les ha hecho algo y nos ha puesto en peligro a todos.

»Y subio corriendo la escalera de caracol. Yo sabia que ella se habia ido, que se habia escapado mientras yo estaba en la puerta, y tambien sabia algo mas: que un vago hedor cruzaba el patio desde la cocina cerrada, un hedor que dificilmente se mezclaba con la miel: el hedor de los cementerios. Oi que Lestat bajaba cuando me acerque a las persianas cerradas, pegadas con herrumbre al pequeno edificio. Alli jamas se preparaba comida, no se hacia ningun trabajo, de modo que yacia como una vieja boveda de ladrillo bajo la madreselva. Se abrieron las persianas; los clavos se habian oxidado y oi que Lestat retenia la respiracion cuando entramos en esa oscuridad absoluta. Alli estaban echadas sobre los ladrillos, madre e hija juntas, el brazo de la madre alrededor de la cintura de la hija, la cabeza de la hija contra el pecho de la madre, ambas sucias con excrementos y llenas de insectos. Una gran nube de mosquitos se levanto cuando se movieron las persianas y los aleje de mi con un disgusto convulsivo. Las hormigas reptaban imperturbables sobre los parpados y las bocas de la pareja muerta; y, a la luz de la luna, pude ver el mapa infinito de senderos plateados de caracoles.

»—?Maldita sea! —exclamo Lestat, y yo lo tome del brazo y lo mantuve a mi lado usando toda mi fuerza.

»—?Que piensas hacer con ella? —insisti—. ?Que puedes hacer? Ya no es mas una nina que hace lo que le decimos, simplemente porque se lo decimos. Debemos ensenarle.

»—?Ella sabe! —Se aparto de mi y limpio su abrigo—. ?Ella sabe! ?Hace anos que sabe lo que tiene que hacer! ?Lo que se puede arriesgar y lo que no se puede! ?No le permitire hacer esto sin mi permiso! No lo tolerare.

»—Entonces, ?eres el amo de todos nosotros? No le ensenaste eso. ?Acaso lo iba a colegir de mi tranquila sumision? Creo que no. Ella se cree igual a nosotros. Te digo que debes razonar con ella, instruirla para que respete lo que es nuestro. Todos nosotros lo debemos respetar.

»Se fue, obviamente concentrado en lo que yo acababa de decirle, aunque no me lo admitiera. Y llevo su venganza a la ciudad. No obstante, cuando regreso, ella todavia no habia llegado. Se sento apoyado en el brazo del sillon de terciopelo y extendio sus largas piernas en el asiento.

»—?Las enterraste? —me pregunto.

»—Han desaparecido —dije. Ni siquiera me anime a decir que habia quemado sus restos en el viejo horno de la cocina—. Pero ahora tenemos que lidiar con el padre y el hermano —le dije. Temi su malhumor. Desee planear algo de inmediato que nos resolviera todo el problema. Pero entonces el dijo que el padre y el hermano no existian ya, que la muerte habia ido a cenar a su pequena casa, cerca del puerto, y que se habia quedado a dar las gracias cuando terminaron.

»—El vino —dijo pasandose un dedo por los labios—; los dos habian bebido demasiado vino. Me encontre golpeando la cerca —se rio—. Pero no me gusta este mareo. ?Te gusta?

»Y cuando me miro, tuve que sonreirle, porque el vino le estaba produciendo efecto y estaba alegre; y, en ese momento, cuando su rostro estaba amable y razonable, me acerque y le dije al oido:

»—Oigo que Claudia golpea a la puerta. Se bueno con ella. Ya todo ha terminado.

»Ella entro entonces con el lazo de su sombrero desprendido y sus bolitas llenas de lodo. Los observe con tension. Lestat tenia una mueca en los labios; y ella se mostraba tan ignorante de el como si no estuviera alli. Tenia un ramo de crisantemos blancos en sus brazos, un ramo tan grande que parecia aun mas pequena que en la realidad. Se le deslizo el sombrero hacia atras, colgo un instante de su hombro y cayo al suelo. Y por todo su cabello pude ver petalos de crisantemos blancos.

»—Manana es fiesta de Todos los Santos, ?lo sabeis? —pregunto.

»—Si —le dije.

»Es el dia en Nueva Orleans en que todos los creyentes van a los cementerios a arreglar las tumbas de sus seres queridos. Limpian las paredes de yeso de las bovedas, limpian los nombres grabados en el marmol. Y finalmente llenan las tumbas de flores. En el cementerio de St. Louis, que estaba muy proximo a nuestra casa, en el que estaban enterradas todas las grandes familias de Luisiana, en el que estaba enterrado mi propio hermano, incluso habia pequenos bancos de hierro puestos ante las tumbas para que las familias pudieran sentarse y recibir a otras familias que habian ido al cementerio con el mismo proposito. Era un festival en Nueva Orleans; podia parecer una celebracion de la muerte a los viajeros que no lo comprendian, pero era una celebracion de la vida eterna.

»—Compre esto a uno de los vendedores —dijo Claudia. Su voz era suave e indefinible. Sus ojos se mostraban opacos y carentes de emocion.

»—?Para las dos que dejaste en la cocina! —dijo Lestat con furia. Ella lo miro por primera vez, pero no dijo nada. Se quedo mirandolo como si jamas lo hubiera visto. Y luego dio varios pasos en su direccion y lo miro como si aun estuviera examinandolo. Me acerque. Pude sentir la rabia de Lestat y la frialdad de Claudia. Ella se dirigio a mi, y luego, pasando la vista de uno al otro, pregunto:

»—?Cual de vosotros dos lo hizo? ?Cual de vosotros me hizo lo que soy?

»Yo no podria haberme quedado mas atonito con cualquier otra cosa que hubiera hecho o dicho. Y, sin embargo, fue inevitable que de ese modo se rompiera el prolongado silencio. Ella parecio estar muy poco preocupada por mi. Tenia la mirada fija en Lestat.

»—Tu hablas de nosotros como si siempre hubieramos existido tal cual somos ahora —dijo ella, con su voz suave, medida, el tono infantil mezclado con la seriedad de la mujer—. Tu hablas de los demas como mortales; de nosotros, como vampiros. Pero no siempre las cosas fueron asi. Louis tenia una hermana mortal; yo la recuerdo. Y hay una foto de ella en el baul.

?Lo he visto mirandola! El era tan mortal como ella y como yo, igual. ?Por que, si no, este tamano, estas formas? —Abrio los brazos y dejo caer los crisantemos al suelo.

»Pronuncie su nombre. Pienso que quise distraerla. Fue imposible. La marea se habia soltado. Los ojos de Lestat ardian con una profunda fascinacion, con un placer maligno.

»—Tu nos hiciste asi, ?verdad? —lo acuso ella.

»El levanto las cejas con una sorpresa burlona.

»—?Lo que sois? —pregunto—. ?Y seriais alguna otra cosa de lo que sois! —junto las rodillas y se inclino

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