hacia delante, entrecerrando los ojos—. ?Sabes cuanto tiempo hace? ?Te puedes imaginar a ti misma? ?Debo buscar a una mendiga vieja para mostrarte cual seria tu aspecto mortal si yo te hubiera dejado sola?

»Ella se alejo de el, se quedo un instante como si no tuviera idea de adonde ir y luego se acerco a la silla al lado de la chimenea; encaramandose alli, se acurruco como una nina indefensa. Puso las rodillas contra su pecho; tenia el abrigo de pana abierto y su vestido de seda le tapaba las rodillas. Miro las cenizas de la chimenea, pero no habia nada indefenso en su mirada. Sus ojos tenian una vida independiente, como si su cuerpo estuviera poseido.

»—?Podrias estar muerta si fueras mortal! —insistio Lestat, encolerizado por su silencio; estiro las piernas y puso las botas en el suelo—. ?Me oyes? ?Por que me preguntas esto ahora? ?Por que armas semejante alboroto? Siempre has sabido que eras una vampira.

»Y continuo hablando de ese modo, repitiendo lo que habia dicho tantas veces: conoce tu naturaleza, mata, se lo que eres. Pero todo esto parecio extranamente fuera de lugar. Porque Claudia no tenia problemas con matar. Ella se apoyo en el respaldo y dejo caer la cabeza hasta donde lo podia ver, directamente frente a ella. Lo estudiaba nuevamente como si fuera una marioneta.

»—?Tu me lo hiciste? ?Como? —pregunto entrecerrando los ojos—. ?Como lo hiciste?

»—?Y por que habria de decirtelo? Es mi poder.

»—?Por que solo tuyo? —pregunto ella con la voz gelida y los ojos vacuos—. ?Como se hace? —exigio, subitamente enfurecida.

»Fue algo electrico. El se levanto del sofa y yo lo hice de inmediato, enfrentandome con el.

»—?Detenia! —me dijo; se estrujo las manos—. ?Haz algo con ella! ?No la puedo soportar!

»Y entonces se dirigio a la puerta, pero volviendose se acerco de modo que quedo por encima de ella, dejandola bajo su sombra. Ella lo miro sin miedo, recorriendo su cara con total indiferencia.

»—Yo puedo deshacer lo que hice. A ti y a el —le dijo senalandome con un dedo—. Alegrate de ser lo que eres ?O te rompere en mil pedazos!

Tras una pausa, el vampiro continuo:

—Pues bien, la paz de la casa quedo destruida, aunque hubo tranquilidad. Los dias pasaban y ella no hacia preguntas, aunque ahora estudiaba con fruicion los libros de ocultismo, de brujas y de magia. Y de vampiros. Esto era casi todo fantasia, ?comprendes? Mitos, cuentos, a veces simples narraciones de horror. Pero ella lo leia todo. Leia hasta el alba, de modo que yo tenia que ir a buscarla y traerla al lecho.

»Lestat, mientras tanto, contrato a un mayordomo y a una criada, asi como a un equipo de obreros para que le construyeran una gran fuente en el patio, con una ninfa de piedra que derramase aguas eternas a traves de una gran concha. Hizo traer peces de colores y nenufares, para que descansasen sobre la superficie y se deslizaran en las aguas siempre en movimiento.

»Una mujer lo habia visto matar en el camino de Nyades que iba al pueblo de Carrolton, y hubo historias de ello en los periodicos, asociandolo con una casa embrujada cerca de Nyades y Melpomene; todo lo cual lo deleitaba. Durante un tiempo fue el fantasma del camino de Nyades, aunque al final los diarios dejaron de prestarle atencion; y entonces cometio otro asesinato horrendo en otro lugar publico y puso en funcionamiento a la imaginacion de Nueva Orleans. Pero todo eso tenia cierto aspecto medroso. En cuanto a el, seguia pensativo, suspicaz; se me acercaba constantemente preguntandome donde estaba Claudia, a donde habia ido, lo que estaba haciendo.

»—Ella esta bien —le aseguraba yo, aunque estaba separado de ella y dolido como si hubiera sido mi novia. Apenas me prestaba atencion entonces, como antes habia hecho con Lestat. Ya veces se iba cuando yo le hablaba.

»—?Mejor que este bien! —dijo con maldad.

»—?Y que haras si no lo esta? —le pregunte con mas temor que intencion agresiva.

»Me miro con sus frios ojos grises.

»—Cuida de ella, Louis. ?Habla con ella! —dijo—. Todo estaba perfecto, y, ahora, esto. No hay ninguna necesidad de ello.

»Pero preferi que ella se acercase a mi. Y lo hizo. Era una tarde temprano, cuando me acababa de despertar. La casa estaba a oscuras. La vi de pie al lado de los ventanales; tenia puesta una blusa de grandes mangas y miraba con las cejas bajas el movimiento vespertino de la rue Royale. Pude oir a Lestat en su cuarto, y el ruido del agua en su palangana. Llego el debil aroma de su colonia y se alejo como el sonido de la musica del cafe, dos pisos mas abajo.

»—No me dices nada —dijo ella en voz baja; no me habia percatado de que ella supiera que yo habia abierto los ojos. Me acerque a ella y me hinque a su lado—. Tu me lo diras, ?verdad? —insistio—. ?Como lo hizo?

»?Es eso lo que realmente quieres saber? —le pregunte, estudiandole el rostro—. ?O mas bien por que te lo hicieron a ti… y lo que tu eras antes? No comprendo lo que quieres decir con ese “como”, porque si quieres decir como se hizo, tu, a tu vez, podrias hacerlo…

»—Ni siquiera se que estas diciendo —dijo, con algo de frialdad; luego dio media vuelta hacia mi y me puso las manos en la cara—. Mata conmigo esta noche —me dijo, con tanta sensualidad como una amante—. Y dime lo que sabes. ?Que somos nosotros? ?Por que no somos como los demas? —pregunto, y miro a la calle.

»—No conozco las respuestas a tus preguntas —le dije. Su cara se contorsiono subitamente como si tratase de escucharme en medio de un ruido ensordecedor. Y entonces sacudio la cabeza.

»Pero yo continue:

»—Me pregunto las mismas cosas que tu. Yo no las se. ?Como fui hecho? Te contare que… que Lestat me hizo. Pero la formula la desconozco.

»Su cara seguia en tension. Alli estaba viendo yo las primeras senales del miedo, o de algo peor y mas profundo que el miedo.

»—Claudia —le dije, poniendo mis manos sobre las suyas y posandolas suavemente sobre mi piel—. Lestat no tiene nada importante que decirte. No hagas esas preguntas. Hace incontables anos que eres mi companera en mi busqueda de todo lo que se puede saber de la vida mortal y de la creacion mortal. Ahora no seas mi companera en esta ansiedad. El no nos puede dar las respuestas. Y yo no poseo ninguna.

»Pude ver que ella no lo podia aceptar, pero no habia previsto su retirada convulsa, la violencia con que se tiro del pelo un instante y luego se detuvo como si su gesto fuera inutil, estupido. Me lleno de aprension. Ella miraba al cielo. Estaba brumoso, sin estrellas; las nubes llegaban por la parte del rio. Ella hizo un subito gesto con los labios, como si se los hubiera mordido, luego se dirigio a mi y, aun susurrante, me dijo:

»—Entonces, el me hizo…, el lo hizo… ?Tu no lo hiciste!

»Hubo algo horrendo en su expresion y me retire de ella antes de haber tenido la intencion de hacerlo. Me quede frente a la chimenea y encendi una vela delante del alto espejo. Y alli, de repente, vi algo que me dejo perplejo, algo que, en la oscuridad, me parecio una mascara espantosa; luego tomo su realidad tridimensional: un viejo craneo. Lo mire. Tenia un ligero color a tierra, pero habia sido limpiado.

»—?Por que no me contestas? —pregunto ella.

»Oi que se abria la puerta de la habitacion de Lestat. El saldria de inmediato a matar. O al menos a encontrar su victima. Yo no lo haria. Yo dejaba que las primeras horas de la noche se acumularan con tranquilidad, asi como el hambre se acumulaba en mi, hasta que el deseo se hacia demasiado fuerte y yo me entregaba a todo de manera mas completa, mas ciega. Oi claramente que ella repetia su pregunta, que quedo flotando en el aire como un eco de una campana…, y senti latir mi corazon.

»—El me hizo, por supuesto. El mismo lo dijo. Pero tu me escondes algo. Algo que el soslaya cuando se lo pregunto. ?Dice que jamas podria haberlo hecho sin tu ayuda!

»Me encontre mirando fijamente el craneo y oyendola como si sus palabras me azotasen para obligarme a dar media vuelta y enfrentarme a los latigazos. La idea se me ocurrio mas como un golpe frio que como un pensamiento: que ahora nada quedaba de mi sino ese craneo. Me di vuelta y, a la luz de la lampara, vi sus ojos como dos llamaradas oscuras en su rostro blanco. Una muneca de la que alguien habia arrancado cruelmente los ojos y los habia reemplazado con un fuego demoniaco. Me encontre acercandome a ella, susurrando su nombre, formandose un pensamiento en mis labios y luego muriendo; cerca de ella, luego lejos de ella, recogiendo su abrigo y su sombrero. Vi un guante diminuto en el suelo, en las sombras, y, por un momento, pense que era una mano diminuta, cortada.

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