ver.

»—… Lo hice para liberarme de Claudia, para estar libre y poder ir a ti… Si, me doy cuenta. Pero la ultima responsabilidad es mia —dije.

»—No, quiero decir directamente. ?Yo te obligue a hacerlo! Estaba cerca de ti la noche en que lo hiciste. Utilice mi mayor poder para convencerte. ?No lo sabias?

»— ?No!

» Agache la cabeza.

»—Yo habria transformado a esa mujer en una vampira —dijo el—, pero pense que seria mejor que tu te ocuparas de eso. De otro modo, no dejarias a Claudia. Debias saber que lo deseabas…

»—?Detesto lo que hice! —dije.

»—Entonces, detestame a mi, no a ti.

»—No, tu no comprendes. ?Tu casi destruiste lo que valoras en mi cuando eso sucedio! Te resisti con todas mis fuerzas cuando ni siquiera sabia que era tu poder lo que me influia. ?Algo casi murio en mi! ?Casi fui destruido cuando aparecio Madeleine!

»—Pero eso ya no esta muerto, esa pasion, esa humanidad, como tu quieras llamarlo. Si no estuvieras con vida, ahora no habria lagrimas en tus ojos. No habria furia en tu voz —dijo el.

»Por el momento, no pude contestar. Simplemente asenti con la cabeza. Luego trate de volver a hablar:

»—Jamas debes obligarme a hacer algo en contra de mi voluntad. Jamas debes utilizar ese poder… — tartamudee.

»—No —dijo de inmediato—. No debo hacerlo. Mi poder se detiene en algun punto de tu interior, en algun portal. Alli no tengo ningun poder. No obstante…, esta creacion de Madeleine esta hecha. Tu quedas libre.

»—Y tu satisfecho —dije, recuperando el dominio de mi mismo—. No quiero ser grosero. Tu me tienes en tu poder. Yo te quiero. Pero estoy en falta. ?Estas satisfecho?

»—?Como puedo dejar de estarlo? —pregunto el—. Por supuesto que estoy satisfecho.

»Me puse de pie y fui a la ventana. Los ultimos rescoldos agonizaban. La luz salia del cielo gris. Oi que Armand me seguia hasta la ventana. Podia sentirlo a mi lado. Mis ojos se acostumbraron cada vez mas a la luminosidad del cielo, de modo que pude ver su perfil y sus ojos finos en la lluvia que caia. El sonido de la lluvia estaba en todas partes y era en todas partes diferente: flotaba en el canal del tejado, repiqueteaba en las tejas, caia suavemente por los distintos niveles de las ramas de los arboles, chapoteaba en la piedra del alfeizar delante de mis manos. Una suave mezcla de sonido humedecia y coloreaba la noche.

»—?Me perdonas… por obligarte a hacer esa vampira?

—me pregunto.

»—No necesitas mi perdon.

»—Tu lo necesitas —dijo el—. Por tanto, yo lo necesito.

—Su rostro, como siempre, estaba completamente en calma. »—?Cuidara ella a Claudia? ?Aguantara? —pregunte.

»—Es perfecta. Esta loca, pero por el momento es perfecta. Cuidara a Claudia. Jamas ha vivido sola un solo momento; para ella es natural estar dedicada a terceros. No necesita razones especiales para amar a Claudia. Sin embargo, aparte de sus necesidades, tiene razones especiales. El aspecto hermoso de Claudia, la tranquilidad de Claudia, el dominio y la serenidad de Claudia. Juntas son perfectas. Pero pienso… que deben abandonar Paris lo antes posible.

»—?Por que?

»—Tu sabes por que: Santiago y los demas vampiros las vigilan y tienen grandes sospechas. Todos los vampiros han visto a Madeleine. Le temen porque ella sabe de ellos y ellos no la conocen. No dejan en paz a nadie que sepa algo de ellos.

»—?Y el chico, Denis? ?Que piensas hacer con el?

»—Ha muerto —contesto.

»Quede atonito. Tanto de sus palabras como de su calma.

»—?Tu lo mataste? —pregunte.

»Dijo que si con la cabeza. Y yo no dije nada. Pero sus grandes ojos oscuros parecieron en trance conmigo, con la emocion, el trauma que no trate de ocultar. Su sonrisa sutil y suave parecio atraerme, su mano se cerro sobre la mia en el marco humedo de la ventana y senti que mi cuerpo giraba para hacerle frente, como si no estuviera dominado por mi sino por el.

»—Era mejor —me concedio—. Ahora debemos irnos…

»Y miro calle abajo.

»—Armand —dije—, yo no puedo…

»—Louis, sigueme —susurro; y luego, en el marco, se detuvo—. Aunque te cayeras en el empedrado de abajo —dijo—, solo quedarias lesionado por muy poco tiempo. Te curarias con tal rapidez y perfeccion que en pocos dias no tendrias la menor senal; tus huesos se curan igual que la piel; que este conocimiento te sirva para poder hacer lo que en realidad puedes. Bajemos.

»—?Que puede matarme? —pregunte.

» Volvio a detenerse.

»—La destruccion de tus restos —dijo el—. ?No lo sabes? El fuego, la desmembracion… El calor del sol. Nada mas. Puedes quemarte, si, pero eres elastico. Eres inmortal.

»Yo miraba la llovizna plateada que caia en la oscuridad. Entonces aparecio una luz bajo las ramas de un gran arbol y los palidos rayos descubrieron la calle. El empedrado mojado, el gancho de hierro de la campana del carromato, las hiedras aferradas al muro. El gran bulto negro del carruaje rozo las hiedras y entonces la luz palidecio; la calle paso del amarillo al plateado y desaparecio de golpe, como si los oscuros arboles se la tragasen. O, mas bien, como si todo hubiera sido sustraido desde la oscuridad. Me senti mareado. Senti que el edificio se movia. Armand, sentado en el marco, me observaba.

»—Louis, ven conmigo esta noche —murmuro de improviso con tono de urgencia.

»—No —dije en voz baja—, es demasiado pronto. Todavia no las puedo dejar.

»Lo vi darse vuelta y mirar el cielo. Parecio suspirar, pero no lo oi. Senti su mano proxima a la mia en el marco.

»—Muy bien… —dijo.

»—Un poco mas de tiempo… —dije yo. Y el asintio con la cabeza y palmeo mi mano como para decirme que estaba bien. Luego paso las piernas y desaparecio. Vacile un instante, alarmado por los latidos de mi corazon. Pero entonces pase por el marco de la ventana y comence a seguirlo sin animarme a mirar para abajo.

El vampiro reanudo el hilo de su relato:

—Era casi el alba cuando abri la puerta del hotel. La luz de las lamparas flameaba en las paredes. Y Madeleine, con aguja e hilo en sus manos, se habia dormido al lado de la chimenea. Claudia estaba inmovil mirandome desde los helechos en la ventana, en las sombras. Tenia un peine en las manos. Le brillaba el pelo.

»Me quede de pie absorbiendo todo lo que alli me impresionaba, como si todos los placeres sensuales de esas habitaciones me traspasaran como oleadas y el cuerpo se llenara de esas cosas, tan diferentes de la atraccion de Armand y de la torre donde habia estado. Aqui habia algo comodo y era perturbador. Busque mi silla. Me sente y me lleve las manos a las sienes. Entonces vi que Claudia estaba a mi lado, y senti sus labios en mi frente.

»—Has estado con Armand —dijo ella—. Quieres irte con el.

»Levante la vista. ?Que hermosa y suave era! Y, subitamente, tan mia. No vacile en mis ganas de tocarle las mejillas, acariciarle suavemente las cejas; familiaridades que no habia tomado desde la noche de nuestra pelea.

»—Te volvere a ver; no aqui, en otros sitios. Siempre sabre donde estas —dije.

»Me paso los brazos por el cuello. Me apreto, y cerre los ojos y hundi la cara en sus cabellos. Le cubri de besos el cuello. Le cogi los brazos. Se los bese, le bese las suaves curvas de la carne, las munecas, las palmas de las manos. Senti que sus dedos me acariciaban el pelo, la cara.

»—Lo que tu quieras —prometio—. Lo que tu quieras.

»—?Estas contenta? ?Tienes lo que quieres? —le pregunte.

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