conducia a algun sitio, y una vez mas vi sus ojos pardos fijos en mi y senti ese mareo, ese hundimiento. No obstante, camine, me movi, vi el brillo de mis propios zapatos en el pavimento.
»—?Esta tan loco como para pedirme a mi esas cosas? —preguntaba yo de Lestat, con mi voz chillona y enfadada, e incluso aquel sonido me daba algun alivio. Yo me reia, me reia a carcajadas—. ?Esta absolutamente loco para hablarme a mi de esa manera! ?Lo oiste? —pregunte. Y los ojos de Armand me dijeron: “Calmate”. Quise decir algo de Madeleine y Claudia y volvi a sentir que me empezaba ese grito en el interior, ese grito que derribaba todo a su paso. Aprete los dientes para dejarlo adentro, porque hubiera sido tan sonoro y tan pleno que me destruiria si le permitia escapar.
»Entonces concebi todo con demasiada claridad. Ahora caminabamos, esa caminata beligerante y ciega que hacen los hombres cuando estan borrachos perdidos y llenos de odio por los demas, cuando al mismo tiempo se sienten invencibles. Yo caminaba de esa forma por Nueva Orleans la noche en que conoci por primera vez a Lestat, esa ebria caminata que es un desafio a todas las cosas, que esta milagrosamente segura de sus pasos y encuentra un camino siempre. Vi las manos de un borracho que encendian milagrosamente una cerilla. La llama toco la pipa, chupo el humo. Yo estaba ante el escaparate de un cafe. El hombre chupaba la pipa. No estaba borracho. Armand estaba a mi lado esperando. Estabamos en el boulevard des Capucines, lleno de gente. ?O se trataba del boulevard du Temple? No estaba seguro. Me indigno que sus cuerpos permanecieran aun alli, en ese lugar tan vil. ?Vi el pie de Santiago tocando esa cosa quemada y negra que habia sido mi nina! Yo lloraba con los dientes apretados. El hombre se levanto de la mesa y el vapor se expandio por el vidrio delante de su cara.
»—Alejate de mi —le decia yo a Armand—. Maldito seas, no te me acerques. Te lo advierto, no te me acerques…
»Me alejaba por la avenida y pude ver que un hombre y una mujer se ponian a un costado dandome paso, el hombre con un brazo levantado para proteger a la mujer.
»Entonces, empece a correr. La gente me veia correr. Me pregunte como me veian, una cosa salvaje y palida que se movia demasiado rapido para sus ojos. Recuerdo que cuando me detuve, estaba debil y enfermo y me ardian las venas como si me estuviera muriendo de hambre. Pense en matar, y la idea aquella me sirvio de revulsion. Estaba sentado en los escalones de una iglesia, ante una de esas pequenas puertas laterales, talladas en la piedra, y cerradas cada noche. La lluvia habia amainado. O lo parecia. Y la calle estaba funebre y tranquila, aunque a lo lejos paso un hombre con un paraguas negro y brillante. Armand estaba a cierta distancia, bajo los arboles. Detras parecia haber una gran extension de arboles y de hierbas mojadas, y de bruma que se levantaba como si el suelo estuviera caliente.
»Pensando en el malestar de mi estomago, de mi cabeza y de la garganta, pude volver, poco a poco, a un estado de calma. Para cuando estas cosas desaparecieron y me volvia a sentir bien, tuve conciencia de todo lo que habia sucedido, de la gran distancia a que estabamos del teatro, y de que los restos de Madeleine y de Claudia todavia estaban alli… Victimas de un holocausto, abrazadas. Y me senti decidido y muy proximo a mi propia destruccion.
»—No lo pude evitar —me dijo en voz baja, al oido, Armand. Levante la mirada para ver su cara sombriamente triste. Desvio la mirada como si pensara que era inutil tratar de convencerme de eso. Pude sentir su tristeza abrumadora, su casi derrota. Tuve la sensacion de que si satisfacia toda mi furia contra el, el haria poco por defenderse. Y pude sentir ese distanciamiento, esa pasividad suya como algo penetrante que estaba en la raiz de su insistencia:
»—Yo no podria haberlo evitado.
»—?Oh, tu podrias haberlo evitado! —dije en voz baja—. Sabes perfectamente bien que lo podrias haber hecho. ?Tu eras el jefe!
»Siguio evitando mi mirada. Pero pude ver el efecto que le causaron mis palabras. Pude ver el agotamiento en su rostro, la tristeza opaca y pesada de sus ojos.
»—Tu tenias autoridad sobre ellos. ?Te temian! —continue diciendo—. Los podrias haber detenido de haber estado dispuesto a utilizar ese poder, incluso mas alla de los limites que conocias. No quisiste violar tu propio sentido de ti mismo. ?Tu propia y preciosa concepcion de la verdad! Te entiendo perfectamente. ?Veo en ti el reflejo de mi mismo!
»Sus ojos se movieron lentamente hasta encontrarse con los mios. Pero no dijo nada. El dolor en su rostro era terrible. Estaba desesperado por el dolor, y al borde de una terrible emocion que quiza no pudiera dominar. El temia esa emocion. Yo no. El sentia mi dolor con su poder sobrenatural que superaba al mio. Yo no sentia su dolor. No me importaba en absoluto.
»—Te comprendo demasiado bien… —dije—. Esa pasividad mia ha sido el meollo de todo, el verdadero mal. Esa debilidad, esa negacion a comprometer una moralidad estupida y fragmentada, ?ese orgullo espantoso! Debido a eso, permiti que me convirtieran en lo que soy, cuando sabia que estaba mal. Por eso, permiti que Claudia se convirtiera en la vampira en que se convirtio. Por eso, permaneci a un costado y deje que matara a Lestat cuando sabia que estaba mal, y eso mismo fue su condena. Y Madeleine, Madeleine… Deje que llegara a esto cuando jamas tendria que haber permitido que se convirtiera en una criatura como nosotros. ?Sabia que estaba equivocado! Pues bien, te digo que ya no soy mas esa criatura pasiva, debil, que ha tejido mal tras mal hasta que la telarana se volvio tan vasta y densa, mientras que yo sigo siendo su ridicula victima. ?Se ha terminado! Ahora se lo que debo hacer. Y te lo advierto por la misericordia que me demostraste sacandome de esa fosa en la que estaba enterrado y donde hubiera muerto: no vuelvas a tu celda en el Theatre des Vampires. No te acerques alli.
»No espere a oir su respuesta —relato el vampiro—. Tal vez nunca intento darmela. No lo se. Lo deje sin volver la vista atras. Si me siguio, no me percate de ello, ni trate de saberlo. No me importo.
»Me retire al cementerio de Montmartre. Por que elegi ese lugar, no lo se, salvo que no estaba lejos del boulevard des Capucines; y Montmartre era casi rural entonces, oscuro y tranquilo comparado con el resto de la urbe. Vagabundeando por las casas bajas con sus huertos, mate sin la mas minima satisfaccion, y luego busque el ataud donde pasaria ese dia en el cementerio. Saque los restos con mis propias manos y me eche en un lecho que hedia, que tenia el hedor de la muerte. No puedo decir que eso me diera comodidad, pero me brindo quiza lo que buscaba. Encerrado en esa oscuridad, oliendo la tierra, lejos de todos los humanos y de todas las formas humanas y vivientes, me entregue a todo lo que entorpecia e invadia mis sentidos; es decir, me entregue a mi dolor.
»Pero eso fue breve.
»Cuando el sol frio y gris del invierno desaparecio para dar paso a la noche, ya estaba despierto, sintiendo que el sopor desaparecia, tal como sucede en invierno, y note que las cosas vivientes y oscuras que habitaban el ataud se movian a mi alrededor, escapando ante mi resurreccion. Sali lentamente bajo la debil luna, saboreando el frio, el pulido total de la lapida de piedra que movi para salir. Caminando por las tumbas y fuera del cementerio, repase un plan que tenia en la cabeza, un plan en el cual estaba dispuesto a jugarme la vida con toda la poderosa libertad de un ser al que realmente no le importa esa vida, de un ser que tiene la fortaleza extraordinaria de estar dispuesto a morir.
»En un huerto vi algo que solo habia sido algo vago en mis pensamientos hasta que lo tuve en mis manos. Era una pequena guadana, con su curva hoja aun sucia de hierbas verdes del ultimo trabajo, y, una vez que la hube limpiado y que pase el dedo por la hoja cortante, fue como si se aclarara mi plan y pudiera dar rapidamente los demas pasos: conseguir un carruaje y un conductor que cumpliera mis ordenes durante el dia —deslumbrado por el dinero que le daria y las promesas de mas ganancias—; sacar del Hotel Saint-Gabriel mi ataud y trasladarlo al interior del carruaje; procurarme todas las demas cosas que podia necesitar. Y luego estaban las largas horas de la noche, cuando debia simular beber con mi conductor y hablar con el y obtener toda su costosa cooperacion para que me llevara al alba desde Paris a Fontainebleau. Dormir dentro del vehiculo, ya que mi salud delicada me obligaba a que no me molestasen bajo ninguna circunstancia. Esta intimidad era tan importante que estaba mas que dispuesto a agregar una suma generosa a la cantidad ya pagada, simplemente si ni siquiera tocaba el picaporte de la puerta hasta que yo saliera del carruaje.
»Y cuando estuviera convencido de que estaba de acuerdo y lo suficientemente borracho como para ignorar casi todo menos las riendas para el viaje a Fontainebleau, entrariamos lenta, cautelosamente, en la calle del Theatre des Vampires, y esperariamos a una distancia prudencial hasta que el cielo empezara a aclarar.
»Cuando mi plan estuvo en marcha, y me acerque al teatro, este seguia cerrado y protegido contra el dia
