»—Si, Louis. —Me apreto contra su vestido y sus dedos me tocaron la nuca—. Tengo cuanto quiero. Pero, ?tu realmente sabes lo que quieres?
»Me movio la cabeza y tuve que mirarla a los ojos.
»—No —dije y me separe de ella—. Tu quieres que todo vuelva a ser como con Lestat. Eso jamas se podra repetir. Y no sucedera.
»Le di la espalda. En la antipatia que ella le tenia habia algo misterioso y terco. En su fracaso de comprenderlo, ella repetiria que el le deseaba la muerte, lo que yo no creia que fuera cierto. No se daba cuenta de algo que yo sabia: el no podia desearle la muerte porque yo no la deseaba. Pero, ?como se lo podia explicar sin sonar a algo pomposo y ciego, dado el amor que yo le tenia?
»—Es algo que se debe hacer. Es el camino a seguir —dije, como si todo se me aclarara ante la presion de las dudas de Claudia—. Solo el puede darme las fuerzas para ser lo que soy. No puedo seguir viviendo dividido y consumido por el dolor. O me voy con el o muero —dije—. Y hay algo mas que es irracional e inexplicable y que unicamente me satisface a mi…
»—?Que es…? —pregunto ella.
»—Que lo quiero —dije.
»—Sin duda, lo quieres —murmuro ella—. Pero tu eres capaz de quererme incluso a mi.
»—Claudia, Claudia… —la abrace y senti su peso sobre mi rodilla. Se apoyo en mi pecho.
»—Unicamente espero que cuando me necesites, me puedas encontrar… —susurro ella—. Que pueda volver a ti… Te he herido tantas veces. Te he dado tanto sufrimiento…
»Sus palabras se apagaron. Quedo inmovil. Senti su peso y pense: “Dentro de poco tiempo, no la tendre mas. Ahora simplemente quiero abrazarla. Siempre ha habido tanto placer en algo tan simple… Su peso encima de mi, esta mano descansando en mi cuello…”.
»Una lampara se apago en alguna parte. Parecio que del aire humedo y fresco, de improviso, se hubiera sustraido esa luz. Yo estaba al borde del sueno. De haber sido mortal, me habria contentado con dormirme alli mismo. Y en ese comodo y sonoliento estado, tuve una sensacion extrana, casi humana: que el sol me despertaria calidamente y que tendria esa vision rica y normal de los helechos a la luz del sol, y de los rayos del sol en las gotas de lluvia. Me permiti el lujo de esa sensacion. Tenia los ojos entrecerrados.
»Tiempo despues he tratado con frecuencia de recordar esos momentos. He tratado una y otra vez de recordar exactamente lo que en esas habitaciones empezo a molestarme, y tendria que haberme molestado. Como, al no haber estado alerta, estaba insensible de algun modo a los cambios que deben haberse verificado. Mucho despues, dolido y robado y amargado mas alla de lo imaginable, repase esos momentos, esos sonolientos momentos anteriores al alba, cuando el reloj latia de forma casi imperceptible sobre la chimenea y el cielo palidecia cada vez mas; y lo unico que podia recordar —pese a la desesperacion con que fijaba y alargaba ese tiempo, pese a que con mis manos detenia las manecillas de ese reloj—, lo unico que podia recordar era el cambio suave de la luz.
»En guardia, jamas hubiera permitido que sucediera. Abotargado con precauciones mas graves, no me percate de nada. Una lampara que se apagaba, una vela que se extinguia con el temblor de su propio charco de cera caliente. Con los ojos semicerrados, tuve entonces la sensacion de oscuridad inmediata, de que me encerraban en la oscuridad.
»Y entonces abri los ojos sin pensar en lamparas ni en velas. Pero fue demasiado tarde. Recuerdo haberme puesto de pie, haber sentido la mano de Claudia que caia a mi costado, y la vision de un grupo de hombres y mujeres vestidos de negro que entraban en las habitaciones; sus vestimentas parecieron apagar todas las luces de cualquier adorno o superficie laqueada; parecieron abrumar toda luz. Gire en contra de ellos, grite a Madeleine; la vi despertarse de golpe, aterrorizada, aferrada al brazo del sofa, y luego de rodillas cuando llegaron ante ella. Santiago y Celeste se acercaban a nosotros, y, detras de ellos, Estelle y los otros cuyos nombres no sabia, y llenaban todos los espejos y se unian para formar muros amenazantes y moviles. Le grite a Claudia que corriera, despues de haberme ido hasta la puerta de atras. La hice pasar de un empujon y luego me detuve y lance un puntapie cuando se acerco Santiago.
»Aquella debil posicion defensiva que habia mostrado contra el en el Barrio Latino no era nada comparada con la fuerza que entonces demostre. Quiza jamas pelearia bien en defensa de mis propias convicciones. Pero el instinto de proteger a Claudia y Madeleine fue abrumador. Recuerdo haber lanzado a Santiago hacia atras de un puntapie; luego golpee a aquella hermosa y poderosa Celeste que trato de pasar por mi lado. Los pasos de Claudia resonaron distantes en la escalera de marmol. Celeste me ataco, me clavo las unas en la cara hasta que me broto la sangre y me corrio hasta el cuello. La pude ver brillando con el rabillo del ojo. Ataque a Santiago, abrazado a el, consciente de las fuerzas de esos brazos que se aferraban a mi, de esas manos que intentaban llegar a mi cuello.
»—Lucha, Madeleine —grite, pero lo unico que pude escuchar fueron sus sollozos. Entonces la vi en un remolino; era una cosa fija, aterrada y rodeada de vampiros. Ellos se reian con esa risa vampirica vacia, que es como de lata o de campanillas. Santiago se llevo las manos a la cara. Mis dientes le habian sacado sangre. Lo golpee en el pecho, en la cabeza; el dolor me atraveso el brazo; algo me agarro del pecho, como dos brazos, que me quite de encima, y oi el ruido de cristales rotos detras de mi. Pero algo mas, alguien mas, se aferro a mi brazo y me tiro con una fuerza tenaz.
»No recuerdo haberme debilitado. No recuerdo ningun momento preciso en que la fuerza de alguien me haya vencido. Recuerdo que simplemente estaba en inferioridad numerica. Desesperado, debido a la cantidad y la persistencia en mi contra, me inmovilizaron, me rodearon y me sacaron de las habitaciones. Llevado por los vampiros, me obligaron a recorrer el pasillo. Y luego cai por los escalones, libre por un momento ante las puertas angostas del fondo del hotel, solo para volver a estar rodeado y agarrado por ellos. Pude ver el rostro de Celeste muy cerca de mi, y, de haber podido, la hubiera cortado con los dientes. Yo sangraba profusamente y me tenian agarrado tan fuerte de una muneca que esa mano no la sentia. Madeleine estaba a mi lado, sollozando en silencio. Nos metieron a ambos en un carruaje. Me golpearon una y otra vez, pero no perdi el conocimiento. Recuerdo haberme aferrado tenazmente a la conciencia, sintiendo los golpes en la nuca, sintiendo que tenia la nuca llena de sangre que me bajaba por el cuello cuando estaba echado en el suelo del vehiculo. Pensaba unicamente: “Puedo sentir que se mueve el carruaje; estoy con vida; estoy consciente”.
»Y, tan pronto como nos metieron a rastras en el Theatre des Vampires, grite llamando a Armand.
»Me dejaron ir, trastabille en los escalones del sotano, una horda detras de mi y otra delante, empujandome con manos amenazadoras. En un momento, le pegue a Celeste, y ella grito, y alguien me golpeo por detras.
»Entonces vi a Lestat, y ese golpe fue el mas fuerte de todos. Lestat, de pie en medio del recinto, erguido, con sus ojos grises agudos y enfocados, la boca alargada con una sonrisa sardonica. Como siempre, estaba impecablemente vestido y esplendido con su rico abrigo negro y las telas finas. Pero las cicatrices aun marcaban cada milimetro de su piel blanca. ?Y como distorsionaban su cara apuesta, dura! Tenia unas lineas finas y profundas que cortaban la delicada piel encima del labio, en los parpados, en la frente pulida. Y los ojos le brillaban con una furia silenciosa que parecia imbuida de vanidad, una horrenda vanidad incesante que decia: “?Ved lo que soy!”.
»—?Es este? —pregunto Santiago, empujandome.
»Pero Lestat giro bruscamente en su direccion y dijo en voz baja pero ronca:
»Y entonces vi que se le movia la cabeza involuntariamente con sus palabras y que estiraba una mano como buscando el brazo de una silla, pero la cerro cuando se recompuso y me miro a los ojos.
»—Lestat —dije, viendo que tenia algunas posibilidades de salvacion—, ?estas vivo! ?Estas con vida! Diles como nos trataste…
»—No —dijo y sacudio la cabeza con furia—, tu volveras conmigo, Louis.
»Por un momento no pude creer lo que acababa de oir. Una parte mia mas sana, mas desesperada, me dijo: “Razona con el”, incluso cuando una risa siniestra le broto de los labios.
»—?Estas loco!
