armas.

Estos caballeros son un ejemplo de voluntaria renuncia. No veo, de momento, nada raro en ellos. Lo unico impuro que he detectado hasta el momento es la relacion, que segun me cuentan Toribio y Tomas, existe entre el hermano cirellero, un caballero llamado Beltran procedente de la Gascuna, y uno de los armigueros de la encomienda. Ademas, claro, debo relatar el asunto de mi companero o «tutor», Robert Saint Claire. Como ya sabeis, el joven ingles ocupa un lugar preeminente y, segun me dijo mi buen amigo Jean, tiene un brillante futuro en la orden. El padre de Robert no fue templario como el de Jean, pero esta, si cabe, mejor relacionado que aquel. Segun me conto mi comendador Henry Saint Claire, el padre de Robert, acompano al fundador de la orden, Hugues de Payns, en la cruzada, o sea, en su primer viaje a Palestina. Al parecer surgio una gran simpatia entre ambos hombres, una amistad tal que Hugues de Payns desposo a la sobrina de Henry Saint Claire, o sea, a la prima de mi companero Robert. En la dote se incluian tierras en Escocia, de manera que el primer Gran Maestre del Temple paso mucho tiempo con los Saint Claire, con los que estrecho aun mas los lazos. Los Saint Claire son una familia de origen normando que paso a Inglaterra desde Francia con las huestes de Guillermo el Conquistador, y poseen un feudo en un lugar llamado Rosslyn. Como veis, me hallo rodeado de hombres que descienden de personajes importantes en la creacion del Temple, y aunque no comparto vuestra teoria de la conspiracion contra la Iglesia, debo reconocer que este parece un negocio dominado de inicio por unas pocas familias. Como os decia, Robert Saint Claire tiene un problema: fue inducido por su padre a profesar, y hasta hace un tiempo se hallaba contento con su futuro destino de gerifalte del Temple, pero un obstaculo se cruzo en su camino, la joven hija de un burgues afincado en Chevreuse con la que lleva viendose cerca de un ano. Esta enamorado hasta los tuetanos, segun me confeso despues de pasar un mes sin poder ver a su amada, ya que no tenia permiso para separarse de mi, mientras charlabamos en una de nuestras rondas por estos dominios. El joven me lo confeso todo y debo decir que deposito en mi una confianza digna de encomio, porque si yo hubiera sido de otra manera el castigo hubiera sido durisimo. Quiere dejar la orden pero no sabe como plantearselo a su padre, que se lo tomaria como una autentica deshonra familiar. Gracias a que el se esta viendo con su amada en este mismo momento y en esta posada, os he podido escribir estas letras. De momento, poco mas os puedo contar; no se cuando podre volver a enviaros una misiva. Espero que sea pronto.

Hasta la fecha no veo motivos para pensar que estos Pobres Caballeros de Cristo pretendan atentar contra Nuestra Santa Madre Iglesia. Por cierto, he planteado a mi comendador mi deseo de ir a Tierra Santa y me ha desilusionado diciendo que no se esta en la orden para cumplir deseos personales y que si uno quiere ir a un lugar te envian a otro. No obstante, ha insistido en que puedo ser muy util. Me intriga por que razon.

Vuestro Servidor en Cristo,

Rodrigo Arriaga

___________________

Primero de julio del Ano

de Nuestro Senor de 1140

A la atencion de su Paternidad,

Silvio de Agrigento, de su servidor

Giovanno de Trieste

Su Paternidad, os escribo estas letras al saber que nuestro caballero, Rodrigo, ha conseguido enviar su primera carta. Debo decir que tambien a mi me ha resultado muy dificil haceros llegar esta misiva, pues estamos sometidos a una vigilancia continua no porque sospechen de nosotros, sino porque aqui se vive como en un monasterio -o peor- y resulta imposible salir de la encomienda o ausentarse a solas, ya que incluso los sargentos van por parejas a fuer de evitar tentaciones, controlandonos los unos a los otros. Paso todo el tiempo junto a Toribio, quien, despues de mas de un mes de reclusion, escasa comida, poco sueno y obligada castidad, comienza a mostrarse como una bestia enjaulada. Me temo que su concupiscencia pueda incluso dar al traste con la mision, porque cuando pasamos por el pueblo o por los caminos se desvive lanzando miradas e incluso requiebros a las mozas que nos cruzamos.

Solicito instrucciones al respecto.

A mi mismo se me hace a veces insoportable la estancia aqui, y no por la disciplina que, como hombre de armas, me agrada. No soporto la falta de conversacion, aunque entre los sargentos el clima es algo mas relajado que entre los caballeros. Aqui hablar en vano esta mal visto, y ya sabeis que a los militares como yo nos gusta la buena conversacion, los dados, las chanzas al fuego del campamento y la camaraderia. A pesar de ello, no padezca vuesa merced, estoy aqui cumpliendo una mision y por dura que sea la llevare a cabo. He podido enviar estas letras, como Rodrigo, gracias a la concupiscencia de mi companero. En estos momentos se alivia con una puta que ejerce junto a la carneceria, cerca del rio. Nos han enviado a recoger unas muias que donaba el molinero y Toribio me «ha convencido» para que le permitiera pasar unos momentos de solaz.

Rodrigo Arriaga se ha integrado con normalidad. Como novicio esta por debajo en el escalafon de todos los caballeros, pero es algo que asume con suma dignidad, aplicandose con rigor al combate en los entrenamientos. A todos ha sorprendido su manejo del cuchillo y debo reconocer que es bueno con la espada; aunque flojea algo mas en el uso de la maza y la lanza, monta muy bien.

Ni Toribio ni yo tenemos mucho tiempo para hablar con el mas que en las raras ocasiones en que, junto a Tomas, el caballero nos visita en las caballerizas. Apenas si podemos intercambiar vivencias y murmuraciones. En esta orden no hay lugar para hacer el zangano, siempre hay que estar haciendo algo de provecho. Hasta los caballeros se han de zurcir la ropa y velar por el buen estado de sus armas. Tomas es el que nos sirve de enlace con Rodrigo, pues es su escudero. No hemos averiguado gran cosa, aunque el exito de nuestra mision depende de que nuestro hombre sea nombrado, en efecto, caballero, y se infiltre en la orden como uno mas. Se rumorea que esto se producira pronto. Es en este punto en el que queria resaltar que, a mi parecer, Rodrigo Arriaga se ha metido demasiado en el asunto. Creo que como espia debe de ser bueno, porque se ha aplicado tanto a ser, parecer y comportarse como un templario, que da la sensacion de creer lo que dice. El otro dia el propio Toribio quedo sorprendido cuando su amo le espeto que nunca habia pensado ingresar en un convento pero que la vida en el cenobio, la oracion, el ayuno y el silencio le estaban haciendo, por unica vez en los ultimos anos, sentirse bien consigo mismo, en paz.

Mal asunto. Espero que podamos averiguar algo pronto.

Vuestro humilde servidor Giovanno de Trieste,

Sargento Mayor de la Guardia de S.S.

Ultimatum [5]

En las escasas ocasiones en que Rodrigo y Robert Saint Claire salian a solas por los caminos del valle de Chevreuse, el joven templario aprovechaba para encontrarse con su amada, Clara. Arriaga no escribia a Silvio de Agrigento. ?Que iba a contarle? Nada extrano habia en el comportamiento de sus companeros de encomienda, aparte de los celos tipicos que aparecian en todos los cenobios. Rodrigo notaba que su presencia no era muy del agrado de dos de sus confreres: un caballero llamado Roger, hijo de un burgues parisino, y Arnaldo, un pomposo noble de origen breton. Intentaba no frecuentar su compania, aunque tampoco tenia demasiado tiempo libre para andar charlando con unos y otros. Su instruccion satisfacia a Jean, que se mostraba muy contento con la presencia de su viejo amigo en la comunidad templaria de Chevreuse. La mayoria de las decisiones referentes a la gestion de la encomienda se tomaban en las reuniones del capitulo de la misma, que tenian lugar en la sala

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