Isaias Guior habia dicho que los nazareos, una vieja secta judia, vestian de blanco y «resucitaban», y que San Pablo habia malinterpretado el termino con respecto a Jesucristo.
Los nazareos vestian de blanco, como los templarios y los cistercienses. Tenia que averiguar mas cosas sobre dicha secta judia. Tenia que acercarse a La Rochelle a indagar sobre lo ocurrido a los sabios judios secuestrados.
?Por que habia construido el Temple un puerto de tamana magnitud en el Atlantico? No tenia sentido.
Por no hablar del misterioso
?Y que habia de la gnosis? Su conversacion con Bernardo de Claraval le habia descubierto que habia un camino espiritual que seguir hacia la iluminacion, un camino que llevaba a ser un iniciado.
?Serian todos los templarios iniciados?
Seguro que no.
Estaba convencido de que solo unos pocos estaban al tanto de aquel negocio que «iba a cambiar el mundo». Y era evidente que todo aquello apuntaba en una direccion: algo sabian sobre Jesucristo o su mensaje que habia asustado nada menos que a dos papas de Roma.
Perdido en estos pensamientos y algo abrumado, decidio echarse un rato bajo el pequeno toldo a descansar. Saint Claire dormia como un nino.
Subieron a un bote que los traslado a una galera, una nave templaria recia y bragada que habia de llevarles a Escocia. Las galeras que surcaban el Atlantico habian sido desprovistas de remos y su casco era de mayor calado. Eso debia asegurar una navegacion algo mas tranquila en aquellas agitadas aguas.
Varias horas despues, Arriaga desperto y pudo ingerir algo de sopa. Permanecio expectante mirando la costa durante un buen rato y se acurruco para volver a caer en un profundo sueno.
Cuando desperto -no sabia cuanto tiempo habia estado en brazos de Morfeo-, se hallaban cerca de la orilla. Era noche cerrada y le parecio escuchar algo asi como «habria que tirarlo por la borda».
Al dia siguiente comprobo que los marineros, gente supersticiosa sin duda, se mostraban temerosos por llevar a un loco a bordo, creian que daba mala suerte y le atribuian el mal tiempo que los acompanaba. Tuvieron que ponerse a cubierto en un par de abrigos que encontraron por el temporal que volvia a asolarles. Aquella noche, y aprovechando una leve mejoria del tiempo que les permitio reanudar el camino, Rodrigo salio del pequeno aposento en que dormian Saint Claire, el mismo y sus amigos y bajo en silencio a la pequena bodega del barco. Se abrio paso entre las hamacas de los marineros y contemplo que, justo al fondo, un tipo de tez morena y pelo largo, el que mas protestaba por la presencia del loco en el barco, jugaba a los dados con dos companeros. Antes siquiera de que advirtieran su presencia, Rodrigo lanzo su daga y clavo el pelo del hombre a una gruesa columna de madera. Se hizo un silencio sepulcral mientras se acercaba. El marinero, de aspecto meridional, permanecio sentado; apenas podia moverse con el pelo clavado a la viga de roble.
– He oido por ahi que haceis comentarios indebidos sobre el hombre que traslado a Escocia -comenzo a decir Arriaga-. Sobre todo tu, sabandija. ?Dime tu nombre!
– Alonso Contreras, senor -farfullo el otro.
– Bien. Sabed que mi amigo no se encuentra bien, vuelve a casa a reponerse tras servir a la orden para la que vosotros tambien trabajais. Sabed que pertenece a una familia de mucha, ?mucha! influencia en el Temple. Sabed que no quisiera tener que informar a mis superiores de vuestros nombres ni el de vuestras familias, no quisiera tener que contar que habeis puesto en peligro una mision encomendada por el Gran Maestre Robert de Craon con vuestras estupideces y cuentos de viejas…
Se hizo un solemne silencio. Pudo leer el terror en sus caras.
– ?Entendido?
Todos asintieron.
Rodrigo tiro de la daga y la limpio con su manto. Un hilillo de sangre caia por la frente del marinero, que aun permanecia paralizado por el panico.
Se sintio tranquilo tras poner a aquella gentuza en su sitio y se fue a dormir.
A la manana siguiente el tiempo mejoro y cesaron definitivamente los vomitos de sus companeros. Era de noche cuando llegaron a su destino. Hacia un frio horrible. El capitan les indico que bajaran a un bote que los esperaba. Cargaron con Robert como con un saco y, tras ayudar a remar a dos tipos que habian venido a recogerlos, llegaron a la orilla. Los tres amigos se arrojaron de rodillas a besar el suelo al hallarse en tierra firme.
A la atencion del reverendo
Silvio de Agrigento
Estimado hermano en Cristo:
Al fin consigo escribir. Hace ya mas de diez dias que llegamos a las tierras de los Saint Claire y hasta ahora no habia conseguido ponerme en contacto con su Paternidad. He sido muy prudente a la hora de buscar a alguien que hiciera de correo en estas tierras, pues los Saint Claire son familia preeminente en el proyecto y debia actuar con cautela y tacto. De hecho habia pensado haceros llegar esta misiva a traves del cura de la aldea, pero enseguida descubri que tambien era el capellan de la hacienda familiar, y que les debe la mayor parte de sus ingresos en estas tierras de paganos y alejadas de las ensenanzas de Cristo. Cena dos veces a la semana en la Casa Grande, como llaman aqui al castillo de Rosslyn, y me consta que forma parte de la camarilla de Henry Saint Claire. Mi fiel Toribio fue el encargado de hallar a alguien en el pueblo que os pudiera hacer llegar esta misiva, y asi fue como encontro al tal Owen que ha realizado el encargo, pues viaja a menudo a Dun Eideann, como llaman estos barbaros a Edimburgo.
Nuestro viaje por mar fue desastroso, horrible y se me hizo eterno. Llegamos a desembarcar en un lugar llamado Cove. Era de noche y hacia un frio atroz. Desde el desembarco no hemos vuelto a vestir los ropajes de la orden para no llamar la atencion. Alli nos esperaba el mayordomo de los Saint Claire, Charles, un tipo alto, desabrido y malcarado que, con dos criados y las monturas pertinentes, nos llevo a Rosslyn. Tuvimos que cubrir el trayecto de esta manera en lugar de desembarcar en Dun Eideann porque queriamos evitar el paso por localidades demasiado concurridas. A mayor discrecion, mas posibilidades de que el Temple respete la vida de este pobre desgraciado de Robert.
Estas tierras son frias y humedas, muy humedas. No ha dejado de llover desde que llegue y hay poca luz durante el dia. Estamos lejos de todas partes y los lugarenos parecen barbaros. Visten faldas como las mujeres, llevan los pelos largos, sucios y grenosos y sus verguenzas al aire, bajo el
Llegamos tras dos dias de camino; era de noche y lloviznaba. El castillo de Rosslyn se adivinaba como una mole oscura y amenazante en lo alto de una colina. Se accede al mismo por un estrecho puente de piedra que hace una curva y que discurre por encima de un altisimo acantilado repleto de arboles. Bajaron el puente levadizo de madera y entramos en el patio, pasando bajo una arcada que atraviesa un primer pabellon con tejado de
