dandole un aire siniestro, maldito. Quiza habian mantenido oculto el tesoro en otro sitio para trasladarlo a Rosslyn. Ese era el lugar idoneo, al norte, en Escocia, lejos de la civilizacion, en tierra de paganos. Entonces recordo una alusion de Jean de Rossal en Chevreuse acerca de la locura de Robert. «No ha podido ocurrir en peor momento», habia dicho.
Perdido en estos y otros pensamientos, llego el mediodia. Bajo al camarote y ordeno que le trajeran vino. Al rato, tocaron a la puerta y entro Alonso Contreras.
– Sentaos -dijo Arriaga, acostumbrado a mandar a tipos como el marino.
Sirvio un par de vasos de vino y brindo con su invitado. La pequena mesa a la que se hallaban sentados se bamboleaba mecida por el movimiento ritmico del barco. La madera crujia. Rodrigo comenzo:
– Tengo que hablar con vos de un asunto… delicado.
– Decid.
– Vivis en La Rochelle y trabajais como marino para el Temple desde hace anos.
– Asi es.
– Dicen que es un puerto muy fortificado.
– En poco tiempo lo comprobareis con vuestros propios ojos.
– ?Para que quiere mi orden un puerto asi en pleno Atlantico? Sus negocios estan en el Mediterraneo.
Silencio. Leyo el miedo en los ojos del marino. El hombre de mar se levanto.
– Perdonadme, senor, pero si no se os ofrece otra cosa, yo…
– Esperad -dijo el templario. Saco cinco sueldos de su bolsa y los puso sobre la mesa-. Ahi hay unos buenos dineros que aseguraran que vuestra familia no pase penurias durante mucho tiempo.
El marino miro hacia la mesa. Las monedas de oro brillaban sobre ella.
– Me juego la vida, senor. Ademas, ?como se que esto no es una trampa? Me la podriais tener jurada por lo del viaje anterior. Si tomo esas monedas, mi vida no vale un triste maravedi.
– Mi amigo murio en su lecho y eso esta olvidado. Sois el unico marinero que conozco y soy un hombre de palabra. Os juro que esto no es una trampa. Quiero saber, ?necesito saber! Mirad las monedas, miradlas bien porque contare hasta cinco y si no aceptais el trato olvidad la oportunidad que habeis dejado pasar para siempre. Uno… dos… tres…
– Que mas da -repuso Contreras tomando asiento y cogiendo las monedas-. Si en el fondo, en La Rochelle, todo el mundo lo sabe aunque callan por sus vidas… La orden es despiadada con los que se van de la lengua.
– Bien, no os arrepentireis. El puerto, hablad.
– Si, si… el puerto -dijo el hombre de mar sirviendose otro vaso de vino que se atizo de un trago-. El puerto. Esta situado lejos del Mediterraneo, y es evidente que eso no tiene sentido. Ademas, queda lejos de la ruta de la lana que, como sabreis, va desde Londres, Inglaterra, a los Paises Bajos. Ese es el unico movimiento comercial que da beneficios aqui en el norte, en el Atlantico.
– ?Entonces?
– Las tierras mas alla del mar.
– ?Otremer?
– No, no. No me refiero a las posesiones del Temple en Tierra Santa, no. No me refiero a ese mar, hablo del oceano, del Atlantico.
– ?Hay tierras mas alla?
El marino asintio.
– ?No se acaba el mundo navegando hacia el oeste?
Contreras nego con la cabeza.
– Pero… esas tierras… ?las habeis visto?
– No.
– ?Y como sabeis que existen?
– Lo se.
– ?No seran cuentos de marinos?
– No, todo el mundo en La Rochelle lo sabe.
– Pero es imposible, ?que tierras?
– Ricas. El oro alli crece como el trigo, y la plata… ?la plata! Sabed que ahora se paga mejor que el mismisimo oro. La ruta del oro del Sudan hace que sea menos escaso que la plata y esta ha aumentado su valor. Eso es lo que vuestros hermanos templarios traen a espuertas desde aquellas tierras: plata.
Rodrigo se atuso el largo pelo y ladeo la cabeza de un lado a otro.
– Pero… ?como se va a esas tierras?
– Hay cartas de navegacion que marcan el camino y las corrientes adecuadas que hay que seguir para llegar. Y la vuelta tambien, claro.
– ?Y conoceis a alguien que haya estado alli, que pueda confirmarme esta historia?
– Ese es el problema. Mi compadre Philipp era el padrino de mi hijo Agustin, el segundo. El estuvo alli.
– ?Podeis presentarme a ese hombre?
– Esta muerto. Todos estan muertos. Mirad, hara unos diez anos, los templarios armaron un nuevo tipo de buque en el astillero de La Rochelle; mucho mas grande que una galera, con mas calado, capaz de surcar aguas mas profundas, mas bravas y con mayor autonomia. Una galera tiene dos palos; pues bien, este tipo de barco tiene cuatro: los dos de popa con velamen triangular, como las galeras; los dos de proa mucho mas altos y con varias velas inmensas, cuadradas. Todo auguraba que era una embarcacion disenada para realizar trayectos largos, asi que pensabamos que irian a Tierra Santa. No nos extrano que construyeran un barco de este tipo, pues aunque yo no habia visto nunca ninguno sabia de su existencia; ademas, la orden tiene la mejor flota del mundo conocido. En fin, que lo llamaron
»Eric aparecio muerto en su casa, colgado. Otros dos marinos se esfumaron sin dejar rastro. En ese momento los mas listos vendieron sus cosas y se fueron de aqui con sus familias. Esos salvaron la vida, sin duda. Debian de ser cuatro o cinco. Ni que decir tiene que los demas callaron como tumbas. Pese a ello, hubo un goteo lento pero inflexible de muertes. Uno se tiro por el acantilado, a otro lo apunalaron de noche en un callejon, alguno murio con la cabeza aplastada por su caballo… En fin, un mal asunto.
– ?Y vuestro compadre?
– Su casa ardio con el, su mujer y sus tres hijos dentro.
– Vaya, lo siento.
– En menos de dos anos no quedaba en La Rochelle superviviente alguno de aquel viaje.
– Excepto los templarios que volvieron de el.
– Y el judio.
– ?El judio?
– Si. Mi compadre me conto que los templarios llevaron a un judio, un sabio que siempre vestia de negro. Lo sacaron de la Tour de Saint-Nicolas para realizar el viaje. Iba encerrado en un camarote y le hacian salir solo para interpretar no se que documentos que un senescal de la orden guardaba bajo llave en un cofre.
– Seria una carta de navegacion.
– Eso pensaron los marinos.
