interrumpio Andre de Montbard.

Henry Saint Claire lo miro con odio.

– ?Y que? -espeto Arnold Saint Claire-. Mi hermano no ha hecho sino lo que otros muchos.

– Si, pero se volvio loco -dijo uno de los perfectos-. Y amenaza con desvelarlo todo. ?Podria vuestra orden proteger a nuestra gente en caso de que Roma viniera al Languedoc a quemarnos en sus hogueras? Recordad que somos gente pacifica y que no tenemos ejercito.

– Eso no sucedera -dijo el representante de la casa de Jointville-. Roma no se atreveria…

– No minusvaloreis a la Iglesia de Roma, Pierre -comento Andre de Montbard-. Ha sobrevivido mas de mil anos y no es por casualidad. Sabed que nuestro hombre del papado nos ha hecho saber que el cardenal Garesi ha logrado infiltrar a un nuevo espia en la orden.

– ?Esa rata! -dijo Theobald de Payns.

Hubo un murmullo general de desaprobacion mientras Rodrigo sintio que lo habian descubierto.

– ?Y que mas da? -repuso Henry Saint Claire-. Lo descubriremos igual que hicimos con los otros y correra la suerte que merece.

– No -dijo De Montbard alzando la mano-. Segun hemos sabido, Garesi se jacto de que esta vez habia colocado a uno de sus perros cerca de la cabeza de la orden. Debemos ser mas cautos que nunca. Por lo menos hasta que descubramos quien es. -Rodrigo respiro aliviado-. Es evidente que, en esta situacion y sintiendolo en el alma, Robert debe ser sacrificado. Sus delirios pueden descubrirnos.

– Aqui, lejos de todo el mundo, no puede escucharle nadie -contesto Henry Saint Claire.

– ?No habeis oido lo que ha dicho Andre? Roma anda cerca. Podria llegar a oidos de sus espias. ?Y si deciden detenernos a todos? ?Aguantariais la tortura? No estamos en condiciones aun de enfrentarnos a ellos. El proyecto discurre segun lo planeado, pero aun es pronto, todavia somos demasiado debiles. Cuando esto se inicio sabiamos que muchos de nosotros no veriamos culminada la Obra de Dios, pero de momento no estamos en condiciones de imponernos -dijo Jacques de Rossal.

– Es mi hijo, Jacques -repuso Saint Claire.

– Todos hemos sacrificado algo -espeto Andre de Montbard.

– ?Maldicion, yo comence todo esto con Hugues de Payns!

– ?Y nosotros somos fundadores! -grito Andre de Montbard-. Me legitima la casa de Fontaine, mi sobrino Bernardo… Yo coloque a Godofredo de Bouillon en el trono de Jerusalen y luego a Balduino. ?Merezco un respeto!

Jacques de Rossal tomo entonces la palabra:

– Amigo Henry, ?acaso olvidais que vuestro hijo esta oficialmente muerto? ?Sabeis lo que ocurriria si Roma supiera que esta vivo? Su sola existencia nos pone a todos en peligro. Ademas, recordad por ejemplo el caso de Godofredo de Bouillon, todo un rey que pertenecia a las familias, al proyecto, y fue sacrificado, borrado de un plumazo por convertirse en un obstaculo.

– Ojala viviera mi buen amigo Hugues de Payns -dijo Saint Claire-. El os pondria a todos en su sitio.

Se hizo un silencio.

– ?Y que opina su heredero, Theobald? -pregunto alguien.

– Estoy con los Saint Claire -dijo el hijo del fundador del Temple.

– Y yo -dijo Pierre de Jointville.

– Bien, votemos -propuso De Montbard.

Otro silencio.

Debieron de alzar las manos porque Andre de Montbard hizo el recuento:

– Tomad nota, Jacques. Votos a favor de la vida de Robert Saint Claire: su familia, Theobald de Payns y los Jointville. Ahora, votos en contra: yo mismo, vos, Jacques de Rossal, los hermanos cataros, la casa de Saint Omer, la de Montdidier y las de Fontaine y Champagne, cuyo voto delegan en mi.

– La decision esta clara -concluyo De Rossal.

– ?No! -interrumpio Henry Saint Claire-. Exijo la reunion del capitulo extraordinario del Priorato a la mayor brevedad posible.

– No sabeis lo que haceis, Henry.

– Si lo se, si. A mi no me achantan vuestras amenazas y estoy en mi derecho.

– Hasta ahora nadie habia osado enfrentarse a la mayoria.

– La mayoria sois la casa de Fontaine, con vos y vuestro Bernardo, y la casa de Champagne.

– ?Y os parece poco?

– Exijo la reunion del Priorato de Sion.

Se hizo un silencio.

– Sea -dijo Andre de Montbard-. Declaro cerrada esta sesion de consultas. Esto no quedara asi.

Rodrigo escucho crujir los bancos. Se levantaban. Volvio por el tunel a toda prisa.

La Rochelle

Rodrigo llego en unos minutos al lugar que marcaba la esquela que se le habia entregado. Despues de atravesar una estrecha vereda embarrada que atravesaba el bosque llego a un claro, donde se encontro atados los caballos de Jacques de Rossal y Andre de Montbard.

Los dos hombres permanecian a la espera. Uno de ellos, sentado en un tronco, se entretenia haciendo dibujos con una fina rama en el barro. El otro miraba hacia el bosque como si pudiera ver a traves de los arboles.

Se notaba que eran hombres acostumbrados a la vida a la intemperie del soldado. Arriaga habia visto huellas de al menos cinco monturas, asi que supuso que habria tres hombres de armas escondidos en el bosque.

– Os esperabamos, Rodrigo -dijo De Montbard.

El padre de Jean de Rossal no levanto la cabeza de sus dibujos.

Rodrigo desmonto.

– ?Queriais verme?

– Anoche tuvimos una reunion informal para decidir el futuro de Robert Saint Claire. La situacion no es buena. Debeis actuar y rapido.

– ?Como?

Jacques de Rossal hablo sin levantar la vista del suelo.

– Lo que mi buen amigo Andre os quiere decir es que debeis acabar con ese pobre demente hoy mismo. Os espera un barco en Dun Eideann, os llevara como dijimos a La Rochelle y de alli partireis a Tierra Santa. Os quitareis de en medio una buena temporada y os podreis dedicar al estudio del hebreo. Lo necesitareis.

– Pero Robert es un templario…

– ?Robert Saint Claire esta muerto! -repuso indignado Andre de Montbard-. Murio ahorcado en Chevreuse. No podemos permitirnos el lujo de que Roma se entere de que aun vive.

Hubo un silencio.

– Mirad, Rodrigo -dijo De Rossal-, os honra la lealtad que mostrais hacia el joven Saint Claire. Le salvasteis la vida en ese oscuro incidente tabernario, le trasladasteis con discrecion a Paris e incluso llegasteis a interceder por el nada menos que ante el mismisimo Bernardo.

– Y con exito -apunto De Montbard.

– En efecto. Llegasteis a convencerle -siguio Jacques-. Pero esto se nos va de las manos. Los Saint Claire perdieron influencia en el proyecto anos ha, son prescindibles; el hijo de Hugues de Payns, Theobald, es ajeno a estos negocios… juzgamos como muy valiosa vuestra lealtad, pero Robert Saint Claire es como un forunculo, un absceso que debe ser extirpado cuanto antes. De no ser asi, puede acabar con todo el cuerpo.

– De acuerdo -contesto Arriaga-. Se hara como decis.

– Sea. Esta misma noche os esperan en el puerto. Daos prisa.

Cuando Rodrigo subio a su montura, De Montbard le dijo:

– Y recordad, es mejor que parezca una muerte natural. El joven esta enfermo.

En el trayecto de vuelta al castillo, Rodrigo intento tomar una decision. No tenia tiempo, no podia hablar con

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