grabada en ellos, como un sello.

De Rossal intervino entonces:

– A ver, Rodrigo, ?por que el poder del papado es tan escaso? ?Como explicais que todos los papas necesiten del poder temporal, del apoyo de este o aquel monarca para mantenerse en la silla de Pedro?

Rodrigo sopeso la respuesta:

– Porque no tienen un verdadero Estado, dineros, ejercitos.

– He ahi el quid de la cuestion -apunto Andre de Montbard-. Imaginad, por otra parte, que las tres religiones, el judaismo, el cristianismo y el islam pudieran ser aunadas bajo un solo credo, amplio, abierto, tolerante… ?Que se necesitaria en primer lugar para asegurar la supervivencia inicial de ese nuevo orden?

– No se… -murmuro Rodrigo.

– Mano de hierro, un verdadero ejercito que pudiera protegernos del ataque de Roma, siempre tan inmovilista, tan custodio de esos depauperados valores eternos, del mensaje erroneo de ese inconsciente de san Pablo. Y ese ejercito es el Temple, solo un medio para alcanzar un fin.

– El proyecto -dijo de nuevo Rodrigo.

– El proyecto, en efecto -apostillo De Rossal-. Nunca olvideis a quien servis. No os ocultaremos que se estan produciendo tensiones en relacion con el caso del joven Saint Claire. Esta como una cabra y ha de ser eliminado. Lo siento por mi hijo Jean y por vos, que le teneis aprecio; lo siento por mi viejo amigo Henry Saint Claire, que siempre fue un bastion de la causa. Lo siento de veras. Robert iba a ser uno de nuestros lideres en el futuro, pero se torcio.

– Oficialmente fue ahorcado en Chevreuse -interrumpio Andre de Montbard-. Imaginad que en Roma se enteraran de que esta vivo. Cada hora que pasa corre en nuestra contra. Debe ser eliminado. Hay disparidad de pareceres, no lo negare. Los Saint Claire, con Henry al frente y apoyados por su sobrino Theobald, el hijo de Hugues de Payns, piensan que la situacion actual no es peligrosa. Quieren al joven, no hay duda. Tienen el apoyo de los Jointville. El resto de las familias esta con nosotros. Esto es un problema, pues siempre habiamos sido como un solo hombre. Estamos viejos, cansados, mi viejo amigo Henry no quiere perder a su hijo…

– ?Y quereis que yo…?

– Es probable que, llegado el momento, tengais que hacerlo, si. Despues de nuestra reunion os lo comunicaremos. Debereis actuar con rapidez. Si os damos la orden pedireis ver a vuestro amigo antes de vuestra partida. Un barco que os espera en Edimburgo os llevara a La Rochelle y de alli a Palestina, a Jerusalen, donde continuareis con vuestros estudios de hebreo y con vuestro camino a la gnosis. Hay grandes expectativas puestas en vos. Tendreis que coordinar a un grupo de traductores. Hay mucho trabajo que hacer.

A Rodrigo no le agrado la idea de tener que eliminar a su amigo Robert.

– Pero… ?como lo hare?

– Usad algun veneno que no deje rastro. Vos sabeis de eso. Debe parecer una muerte natural, que quede claro -anadio De Rossal-. Es importante.

– Y ahora dejadnos solos. Tenemos cosas que hablar -dijo De Montbard, dando la entrevista por terminada.

Concilium

Rodrigo estaba en un apuro. Le iban a pedir que eliminara a Robert, sin duda. Era cuestion de horas, quiza de dias. Si no eliminaba al joven Saint Claire caeria en desgracia; si lo hacia, en cambio, iria a Jerusalen y podria averiguar el secreto del Temple, de las familias, del proyecto.

Aquellos dos hombres fundadores del Temple le habian reconocido abiertamente que la orden era una tapadera, un brazo armado de una organizacion formada por unas pocas familias europeas que pretendian cambiar el orden establecido y sustituir a la Iglesia por una suerte de culto universal que aunara todas las grandes religiones. Pero ?por que? ?Que sabian? ?Que habian averiguado? ?Que extranos arcanos del Templo de Salomon habian logrado desvelar?

Nunca habia sido demasiado religioso, pero aquello comenzaba a darle miedo. Habia avanzado mucho, sin duda, pero aun le quedaba un largo camino y estaba cansado. Por otra parte, si eliminaba a Robert se abria ante el un futuro lleno de posibilidades, la gnosis. ?Que seria tal cosa? De Montbard, De Rossal y Bernardo de Claraval eran iluminados que caminaban por el mundo como levitando, como si estuvieran en poder de grandes secretos que los acercaban a Dios. ?Que tenian que ver con los nazareos? ?Era Jesus uno de ellos? ?Que sabian sobre la vida del Salvador que asustaba a los papas de Roma? ?Que era ese Baphomet? ?De donde salian las riquezas de la orden? ?Por que secuestraron a los sabios judios? ?Por que los llevaron a La Rochelle? ?Por que construir un puerto tan grande lejos de las grandes rutas que llevaban a Tierra Santa?

No Je agradaba aquella gente. Eran muy espirituales, si, pero no dudaban en planear eliminarse unos a otros si aquello beneficiaba al proyecto. ?Y esa iba a ser la nueva religion que dominara el mundo? No lo veia claro.

?Como iba a salir de aquel atolladero?

Podia hablar con Henry Saint Claire, pero De Rossal y Andre de Montbard no deberian saber que los habia traicionado.

Estaba confuso. Le hubiera gustado abandonar aquella historia, recoger a Beatrice y perderse con ella en sus tierras de los Pirineos. Tener hijos, envejecer.

?Que iba a hacer? Estaba metido en un avispero, pero en el fondo le picaba la curiosidad.

La gran celebracion por el retorno de Robert Saint Claire se desarrollo en dos escenarios. Uno, el salon de la casa principal donde se dieron cita unos cincuenta invitados entre los asistentes de las familias, amigos de la nobleza local, curas, algun obispo y varios hidalgos escoceses. El otro, el patio en el que los lugarenos, todos vasallos de Henry Saint Claire, bailaron, bebieron y comieron alrededor de una enorme hoguera a la salud de su joven amo. Sonaban las gaitas en el exterior.

En el Salon Grande, como lo llamaban en Rosslyn, se sirvieron multitud de platos que iban desde el estofado de liebre con setas hasta las mollejas de ternera en rebozo; se pudo degustar tambien un buen solomillo de cerdo a la mermelada de arandanos, rabo de toro, bunuelos de alcachofa, cordero a la miel, jabali en salsa de almendras y otros alimentos que denotaban una procedencia mas exotica debido a los viajes de los templarios, como palomas moriscas en escabeche y filetones a la Gran Maestre.

Rodrigo observo que De Rossal, Andre de Montbard, Henry Saint Claire y los dos perfectos comian igual de frugalmente que durante el almuerzo.

A los postres, Robert Saint Claire fue bajado de una silla que portaban dos criados. Estaba mucho peor fisicamente. Rodrigo llego a la conclusion de que las sangrias habian terminado por debilitar su cuerpo y quiza la humedad de la Grande Tour de Paris le habia emponzonado los pulmones, pues respiraba y tosia como un tuberculoso. Todos acudieron a saludar al hijo prodigo. Rodrigo se tranquilizo un tanto cuando vio que Robert lo reconocia.

– Vaya, mi salvador -dijo, alegrandose al verle.

Arriaga noto al darle la mano que estaba demasiado caliente, y que su respiracion era agitada; era evidente que tenia fiebre. Entonces el pobre demente dijo:

– ?Sabes, Rodrigo, que la Virgen Maria me visita en mi cuarto y que no era mocita cuando se caso con san Jose?

Estaba peor que nunca. Aquella mente se habia ido para siempre. Se hizo a un lado y dejo que otros invitados se acercaran a presentar sus respetos al joven Saint Claire. Menuda blasfemia habia soltado, desvariaba. Vio a Lorena y se acerco a ella.

– Vuestro hermano tiene fiebre, deberia ir a la cama.

– ?Acaso sois medico? -dijo ella retadoramente, apurando el vino de su vaso.

El se giro y dio por terminada la conversacion.

– ?Esperad! -exclamo ella-. Vayamos afuera.

Se cubrieron con prendas de abrigo y salieron al patio, donde el vulgo bailaba al son de la musica. Se apoyaron sobre unos toneles, en el rincon que habia junto a la inmensa torre redonda.

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