– Y debia de estar escrita en hebreo, en hebreo antiguo… ?Sabeis algo de los siete sabios?

– ?Como?

– Si, hace unos anos que la orden secuestro en Paris a siete de los sabios mas destacados de la comunidad judia. Se que los trajeron a La Rochelle.

– Si, eso tiene logica, casa con lo del judio que llevaron al viaje.

– ?Os dijo vuestro amigo su nombre?

– Ni idea. Pero tengo un conocido que trabaja de carcelero en la Torre. Podriamos preguntarle si sabe algo.

– Seria de gran ayuda para mi.

– Lo haremos al llegar.

– Por cierto, si murieron todos los marinos ?como han seguido trayendo la plata?

– Fletaron otro barco inmenso como La Madeleine, La Petit Marie. En cuanto llega el buen tiempo parten hacia la puesta de sol.

– ?Y cuanto tardan en volver?

– Mes y medio o cosa asi. Entre abril y octubre hacen unos tres viajes; tres viajes con dos barcos inmensos de amplias bodegas. Los descargan por la noche, pero todos sabemos que los arcones de plata bajan de los barcos bien repletos. Ademas, estan construyendo un tercer navio, este mas grande aun. Quieren tenerlo listo en un par de semanas.

– ?Y las tripulaciones no se han ido de la lengua?

– No han vuelto a cometer el error de enrolar a gente de fuera de la orden. En esos barcos solo viajan caballeros, sargentos y armigueros. Al llegar octubre, se los llevan tierra adentro, supongo que a sus encomiendas. Asi evitan que puedan cometer alguna indiscrecion.

– Por eso la orden es tan rica.

– Por eso, senor, por eso.

– Bien. En cuanto lleguemos, me llevareis a entrevistarme con el carcelero. No tengo mucho tiempo, un barco me espera para llevarme a Palestina.

– ?Como? -repuso sorprendido el marinero.

– Si, me espera una nave en el puerto de La Rochelle.

Contreras nego con la cabeza. Rodrigo lo comprendio todo. ?Que ingenuo habia sido! El marino aclaro:

– Nunca salen naves con destino a Tierra Santa desde alli, seria absurdo. Es mucho mas rapido llegar por tierra hasta el Mediterraneo, hasta Marsella por ejemplo, y partir desde aquel puerto. Y menos peligroso. Bordear Finisterre no es asunto sencillo: son aguas dificiles, hay muchos naufragios. ?Por que realizar una travesia tan larga y peligrosa pudiendo acortar el viaje?

Rodrigo, tras pensar un momento dijo:

– Llamad al capitan y decidle que quiero verlo urgentemente. Tengo que desembarcar antes de llegar a La Rochelle; me esperan para matarme. Por cierto, ?hay alguna manera de enlentecer el avance de la galera una vez baje yo? En cuanto el barco llegue a puerto y vean que no voy dentro, empezaran a buscarme y necesito un par de dias. Contad con cinco sueldos mas si lo conseguis.

– Puede hacerse, si, si despues de que llegueis a tierra el timon se rompe, por ejemplo; el mar nos alejara de nuestra ruta y para repararlo necesitaremos un dia al menos. ?Os viene bien?

– Perfecto, y ahora dadme las senas de vuestro amigo el carcelero.

Cuando Alonso Contreras lo dejo a solas, Rodrigo pudo reflexionar sobre lo desentrenado que estaba como espia. ?Como no habia reparado en ello antes?

Iban a matarlo. Era tan obvio…

Cuando se encarga un asesinato a un sicario al que no se conoce demasiado no se corren riesgos y se lo elimina tras realizar el trabajo. Asi no queda rastro alguno. Aquellos dos conspiradores, Andre de Montbard y Jacques de Rossal, no habian dudado un instante a la hora de matar a Robert Saint Claire, el hijo de un amigo al que conocian desde nino. ?Como iban a dejar que Rodrigo campara por ahi a sus anchas? Ellos creian que el habia acabado con Robert y por eso iban a quitarlo de en medio. Por eso le habian dado el oro y por eso le habian colocado delante un cebo sabroso: viajar a Palestina. Sabian de sobra que desde su ingreso en la orden habia manifestado su deseo de ir a servir en Tierra Santa. Era seguro que sus asesinos lo esperaban en La Rochelle. No habian podido matarlo en Rosslyn, pues eso hubiera llamado mucho la atencion. Los Saint Claire hubieran sospechado. Nada mas llegar a puerto pretendian conducirlo a alguna casa de la orden y Rodrigo Arriaga seria historia.

Tenia que hablar con el carcelero. Sabia por que habian potenciado el puerto de La Rochelle, sabia que se creian herederos de los nazareos y sabia de donde venia su inmensa riqueza.

Solo le faltaba ampliar un poco su informacion con lo que Tomas averiguara en Clairvaux y podria contarselo a Silvio de Agrigento para que Roma actuara de inmediato. Debia ser cauto. Estaba en territorio enemigo.

– ?Que se os ofrece? -dijo el capitan cuando hubo entrado en el camarote.

– En cuanto nos acerquemos a La Rochelle, me avisareis. Debo desembarcar antes de llegar a puerto. Buscad donde hacerlo con facilidad.

– Pero… eso es un poco extrano…

Rodrigo miro al capitan como estudiandolo, entonces dijo:

– Mirad, cumplo una mision secreta. No os puedo decir mas, pues la orden os eliminaria. Mis ordenes vienen nada menos que de Andre de Montbard y Jacques de Rossal, dos de los fundadores. No puedo desembarcar en lugar tan concurrido como La Rochelle, pues voy de incognito, pero alla cada uno con las consecuencias de sus actos si cometeis el error de no obedecer y me haceis llegar a puerto para que todo el mundo me vea, estropeando mi cometido. Ateneos a las consecuencias. Arriaga vio el miedo en los ojos del marino:

– Se hara como decis -dijo el capitan antes de salir del camarote.

Entonces, al quedarse solo de nuevo, Rodrigo reparo en otra posibilidad que hizo que un escalofrio recorriera su espalda. ?Y si habian descubierto que era un espia de Roma? En cualquier caso debia actuar rapidamente.

?Habria recibido Silvio de Agrigento su carta? ?Le esperaria en La Rochelle como el le habia pedido?

El capitan pudo entenderse con unos pescadores, quienes, a cambio de una moneda de oro, llevaron a Rodrigo a tierra. Dejo sus ropas de templario en el camarote -quiso pensar que para siempre- y se cubrio con el manto negro para mostrar lo menos posible el rostro. Cuando llevaba caminando un buen rato a paso vivo se volvio y vio como la galera se alejaba aguas adentro. Contreras habia cumplido su parte del trato. Tenia que darse prisa.

Llego a La Rochelle a media tarde. No le resulto dificil hallar acomodo en una posada junto al puerto. Desde su cuarto se observaban las fenomenales defensas de aquel abrigo natural. El acceso a la darsena estaba guardado por dos torres: la de Saint-Nicolas, una imponente construccion de tres alturas, y la Tour de la Chaine, de menos envergadura. Entre ambas habia tendida una enorme cadena que solo se bajaba al paso de los barcos que tenian permiso para entrar en el puerto.

Le llamo la atencion la existencia de una tercera torre que permanecia unida a la de la Chaine por un lienzo de muralla, la Tour de la Lanterne, llamada asi porque cumplia las funciones de faro para orientar a los navegantes que surcaban aquellas costas. Desde alli veia las dos enormes naves que el Temple habia construido para surcar el misterioso y oscuro oceano. Habia una tercera, mas grande, en el dique seco.

Cuando salio a la calle reparo en que aquella era una villa templaria, no solo por el elevado numero de caballeros, sargentos y armigueros que deambulaban por las calles, sino porque tambien se veia a sacerdotes de la orden, hermanos legos, cooperadores y companeros del santo deber; carpinteros, constructores y artesanos que servian a la orden desempenando sus respectivos oficios. Acudio a la Torre de Saint-Nicolas y pregunto por Eugene, el carcelero al que conocia Contreras. Le dijeron que trabajaba por la noche, asi que, tras preguntar donde vivia, decidio hacer tiempo porque supuso que estaria durmiendo hasta la hora en que empezaba su turno. Paso por todas las tabernas y posadas preguntando por Silvio de Agrigento, pero a nadie le sonaba su descripcion. Estaba claro que no se habia presentado en La Rochelle. ?Habria recibido su carta?

En cualquier caso no iba a quedarse alli esperando. Despues de cenar un buen palomino asado y algo de queso, salio hacia la casa del carcelero, una misera vivienda en el barrio de los marineros, extramuros, apenas una chabola. Le abrio una mujer gruesa algo enfadada por los gritos de la chiquilleria que albergaba aquella

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