– Y hay algo mas, el plato fuerte, una naderia, pero a fin de cuentas la baza a nuestro favor que desnivelo la balanza: en las galerias del Templo, entre los documentos hallados, se encuentran las pruebas de toda la historia que os he contado sobre Jesus: partidas de nacimiento de Cristo y sus hermanos, su acta de matrimonio, los documentos que demuestran que era un nazareo, un candidato a la corona, la fecha de su defuncion… todo. Aquella informacion nos resulto mas valiosa que el oro, mucho mas. Nos sirvio para extorsionar a dos papas. No se atreven a meterse con nosotros.
– Entonces las sospechas de Lucca Garesi eran fundadas.
– Totalmente.
– Una conspiracion de varios siglos.
– Exacto.
– De mil anos… Mil anos.
En aquel momento se abrio el porton que daba acceso a las celdas y entro el sargento de nuevo. Abrio la reja y se acerco a Jean para decirle algo al oido. Este sonrio.
– Vaya, Rodrigo, buenas noticias. Al parecer los danos que vais a causar no van a ser tan cuantiosos como parecia en un principio. Ahora debo irme: os espera una sorpresa.
Arriaga se quedo solo. Fue entonces cuando se dio cuenta de todo. Quiza fue debido a que su destino habia sido sellado, a la cercania de una muerte inevitable y horrible, pero por primera vez reparo en el calado de la investigacion que habia llevado a cabo. No se trataba de un negocio entre nobles en el que se jugaba el dominio del mundo, no. Era algo mas profundo, mucho mas. ?Seria verdad todo lo que Jean de Rossal le habia contado sobre Cristo? Ahora entendia por que no creian en la divinidad de Cristo, por que negaban a Jesus en el rito de iniciacion al Temple. Si aquello era verdad, todo lo que le habian ensenado desde pequeno se desvanecia en el aire, como un sueno. No era una persona excesivamente religiosa pero le reconfortaba la idea de poder reunirse en el cielo con Aurora.
Aurora.
Tambien penso en la joven Beatrice: habia muerto por su culpa. Y en su padre, Luis. Pobre hombre.
?Seria todo un gran bulo? Jean aseguraba tener pruebas de ello, pero ?y si se trataba de una burda mentira urdida por las familias? Quizas estaban equivocados. Aunque una cosa era cierta, estaban en poder del
No queria morir. Al menos no hasta que pudiera orientarse, saber si aquello en lo que habia creido era verdad. Sintio miedo de verdad por primera vez en mucho tiempo. Miedo a la muerte, al dolor, a la tortura. Le odiaban.
Intento buscar algun resquicio, alguna fisura en el discurso de Jean, necesitaba hallar un punto debil que al menos le proporcionara una buena baza.
Ellos lo sabian todo, hasta se habian enterado de que Tomas habia hecho una copia de su libro de notas. Era obvio que sabian que uno de los volumenes habia quedado en casa de Silvio de Agrigento y buscaban el otro. Era una prueba de todo lo ocurrido. Debia de ser vital para ellos localizarlo.
Siguio pensando, necesitaba hallar algo que el supiera y ellos ignoraran pero no dio con ello. Se quedo dormido.
La luz del sol que entraba por un ventanuco lo desperto a la manana siguiente. El carcelero vino y le dio unas gachas casi imposibles de tragar aunque tenia hambre.
Cuando termino de comer dejo la escudilla en el suelo y la observo con la mirada perdida. Sus ojos se habian acostumbrado ya a la oscuridad de la celda. ?Cuanto tiempo llevaria alli?
Entonces reparo en un pequeno detalle. A veces una simple tonteria te salva o te cuesta la vida. En el oficio de espia una palabra a destiempo, una frase, un simple gesto, te pueden descubrir. Por eso era siempre tan minucioso repasando los hechos. Y habia dado con un detalle que, aunque nimio, no debia ser despreciado: Jean, al igual que su padre y Andre de Montbard, creian que el habia matado a Robert Saint Claire. Solo el sabia que no habia sido asi. ?Le serviria de algo?
En ese momento se abrio el porton y oyo ruido de pasos. Dos guardias cruzaron frente a la reja llevando a una suerte de guinapo en volandas. Reconocio el jubon granate de Tomas.
– ?Dios! -exclamo desesperado.
El joven debia de estar inconsciente porque no respondio a las llamadas de Rodrigo cuando los carceleros los dejaron a solas. Grito y grito para que su amigo le oyera desde su celda, y al final pudo oir:
– ?Rodrigo?
– Si, soy yo.
– ?Estais herido?
– Me duele todo el cuerpo, me dieron una paliza.
– ?Puedes acercarte a la reja de tu celda? Yo estoy encadenado al muro.
– Yo tambien.
– Tomas… ?y Toribio?
Silencio.
– ?Tomas?
Escucho un sollozo, quiza una queja.
– Nos estaban esperando. Cuando llegamos a vuestras tierras y entramos en vuestra casa no vimos nada. Fuimos a la de Matias y Eufrasia. Los habian degollado en la cama. Intentamos salir de alli pero surgieron cuatro esbirros de no se donde. Era una pelea desigual. Tres fueron a por Toribio y uno me ataco a mi. Hice lo que pude pero no soy bueno con la espada y me desarmo. Toribio peleo como un bravo, vi caer a uno de ellos pero los otros dos lo ensartaron al unisono. Estaba muerto antes de llegar al suelo. Se pusieron furiosos por lo de su companero. Eran templarios disfrazados de campesinos. Me tiraron al suelo y me patearon hasta que me desmaye.
– Lo siento, Tomas.
– Fue culpa mia -dijo el crio, que comenzo a sollozar.
Quedaron de nuevo en silencio. Rodrigo le oia respirar con dificultad. Seguro que tendria rota alguna costilla.
– Y ahora ?que? ?Van a matarnos, Rodrigo?
– Me temo que si, hijo.
– No quiero morir… soy joven… ?ni siquiera se lo que es estar con una mujer!
– ?Tranquilo, hijo, se fuerte!
Otro largo silencio.
– ?Nos torturaran?
Rodrigo no queria contestar. Entonces penso algo:
– Mira, hijo, hay una posibilidad para ti. Podemos negociar con ellos para que no te hagan dano… dejame a mi.
– ?Como?
– ?Donde escondiste el libro?
– Esta en lugar seguro.
– Bien hecho, pero ellos lo quieren, lo necesitan. ?Donde esta?
– No os lo dire. Si lo sabeis os torturaran y si se lo damos, nos mataran.
– Me torturaran igualmente, pero si me dices donde esta podre negociar y salvarte la vida. Me quieren a mi, ?entiendes?
El joven comenzo a toser.
– ?Tomas! ?Tomas! ?Me oyes?
Nada.
Penso que debia de haberse desmayado. Rodrigo se sintio morir. ?Que iba a hacer? Muchas veces habia pensado en la posibilidad de caer en manos del enemigo y ser torturado, era algo natural en su oficio, pero ahora,
