– Lorena…

– ?Si?

– Supongo que si voy a morir, debo ser sincero. Vine a Chevreuse a hablar con Beatrice. Le habia dado palabra de matrimonio y crei deberle una explicacion. Vine a decirle que habia conocido a otra mujer, que os queria a vos… -mintio-. Iba a ir a Rosslyn a por vos. Pensaba que podriamos perdernos y vivir en Irlanda, lejos de todo esto. Pero habia un problema…

– Me tomais por idiota si pensais que voy a creerme esta estupida historia.

– Sere sincero, desde que sali de Rosslyn no he hecho otra cosa que pensar en vos, pero habia un obstaculo. ?Como iba a desposar a la hermana de Robert Saint Claire si…?

Ella puso cara de no saber de que hablaba Arriaga.

– Yo mate a Robert, Lorena.

Ella volvio a carcajearse.

– Tengo que confesarlo. He de irme tranquilo a la tumba.

– ?No seais imbecil! Mi hermano fallecio de muerte natural.

– Cumpli el encargo que me hicieron.

– ?Mentis!

– Jacques de Rossal y Andre de Montbard querian que pareciera una muerte natural para evitar conflictos con vuestra familia.

– ?Olvidais que yo estaba alli?

– Si, cuando Robert se ahogaba salisteis del cuarto por encargo mio, ?recordais? Os pedi que avisarais a las criadas para que me trajeran mi bolsa… -Ella guardo silencio repasando mentalmente los hechos-. Si, si, pensad, me quede a solas con el durante unos instantes, se ahogaba. Tome un cojin y le tape la cara. Estaba a punto de asfixiarse ya, asi que no tuve que presionar mucho… fue rapido.

Ella abrio los ojos como el que ve la verdad. Entonces volvio a pensarlo y dijo:

– No os creo.

– Sabeis que es cierto. Es facil de comprobar. ?Por que creeis que me hicieron partir de inmediato sin poder asistir al entierro? Ademas, me dieron una bolsa de monedas de oro por el trabajo. Haced averiguaciones. Iban a eliminarme en La Rochelle, rapidamente, para que no pudierais averiguar nada sobre ese horrible crimen.

– ?Hijo de puta! -grito ella dandole un punetazo en su tumefacta nariz.

Rodrigo solto un alarido de dolor. Ella comenzo a caminar por la celda.

– ?Como no me habia dado cuenta? ?Os querian eliminar en La Rochelle! Nada mas bajar del barco, claro… era raro… sin tortura… sin averiguar nada… ?Malditos hijos de puta! Juro que pagaran por ello.

– Lorena, os amo… ?podreis perdonarme?

Ella le miro sorprendida. Al menos habia logrado confundirla lo suficiente como para albergar esperanzas. Faltaba un ultimo empujon.

– Yo tambien los odio, ?sabeis? Daria lo que fuera por vengarme de lo que le hicieron a Toribio y a Tomas… Los quiero muertos como vos. A Jacques, a Andre, a Jean.

– Jean parte manana por la tarde hacia La Rochelle. Ha de coger el barco que le llevara a su destierro al otro lado del Atlantico.

Quedaron en silencio. Se escuchaba el aullido del viento.

– Yo podria eliminarlos por vos. Seria facil, nadie podria culparos. El reo que escapa y los mata, una perdida… pensadlo.

– Sabrian que yo os he dejado escapar…

– No -dijo el-. Puede arreglarse.

Ella le miro atentamente.

– Ahi fuera, en el pasillo, sobre el banco, hay un pequeno saco. Buscad entre mis remedios, hay un receptaculo que contiene una capsula de hierro. Cabe en una mano. Necesito que me la deis. Eso y una daga. Es la mejor forma de hacerlo. Nadie os podra culpar.

– No permitire que os suicideis.

– No, no, confiad en mi. ?Queda algun otro preso en las mazmorras?

– Un paisano del pueblo, un timador.

– Sera un golpe maestro. Se que es dificil, pero dejadme redimir mi pena. Os amo, dejadme hacerlo por Robert, por vos, luego haced lo que querais conmigo.

Lorena parecia pensarselo. Salio de la celda y paso un rato. Volvio con algo en las manos.

Jean entro en la celda como una furia. No podia creerlo.

– ?Idiotas, ineptos! -grito golpeando a sus hombres con su vara-. ?Como no lo habeis vigilado? ?Donde esta?

– Se ha estrellado contra las rocas -dijo el carcelero sangrando abundantemente de una brecha en la cabeza.

– Llamad al medico. ?Rapido! ?Rapido!

– Es inutil, ha muerto -contesto el esbirro.

Jean llego al fin del pasillo y se asomo por la ventana. Abajo, en posicion antinatural, yacia el cuerpo de Rodrigo Arriaga. Ni siquiera la llegada de Jacques de Rossal y Andre de Montbard calmo al comendador, que comenzo a golpearse la cabeza contra el muro.

Pudieron sujetarlo entre varios. Lloraba desesperado. Estaba fuera de si.

– ?Era lo unico que me quedaba! Mi venganza antes de partir al destierro…

Jacques de Rossal se acerco lentamente y dio una bofetada a su hijo.

– ?Basta ya! -bramo.

Todos se miraron asustados por la humillacion que habia sufrido el dueno de la encomienda. Se sabia que partia a un destierro por haber sido enganado por el espia, pero aquello era demasiado. Jean miro a su padre con odio. Entonces Andre de Montbard se le acerco y lo miro con fiereza, sin decir palabra.

El comendador bajo la mirada y al instante pidio disculpas. Lo soltaron.

Un individuo de aspecto exotico, piel oscura y que lucia un extrano turbante llego al pasillo. Era el medico de confianza de Lorena y los prebostes.

– Vuestro hombre ha muerto. Vengo de examinar el cuerpo, se revento la cabeza contra las rocas.

– ?Como pudo escapar? -dijo Jacques de Rossal mirando al carcelero.

– Se abalanzo sobre mi y me golpeo cuando iba a entrarle su comida. Cuando iba a levantarme vi que iba hacia la celda del paisano ese que teniamos al fondo, el timador. Perdi el conocimiento.

– Esto es una negligencia -protesto Jean.

De Montbard y Jacques de Rossal miraron a Jean como inculpandole.

– ?Quien despacho al timador? -dijo el galeno arabe mirando al otro preso, que yacia inmovil al fondo con una gran herida en el estomago.

– Yo -hablo Lorena-. Habia bajado a intentar convencer a Rodrigo y los sorprendi. Ese desgraciado se echo sobre mi y le clave mi daga. Di la alarma y Arriaga corrio hacia la ventana del fondo, intento descolgarse por las rocas pero resbalo.

Jean de Rossal dijo:

– Esto no ha sido culpa mia.

Entonces su padre, Jacques, se arrebujo bajo su blanca capa y sentencio:

– Hijo mio, no lo estropeeis mas. Desde que se inicio este negocio no habeis dado una a derechas. Me alegro de vuestra partida. Intentad reorientar vuestro espiritu en el Nuevo Mundo y quiza dentro de unos anos, cuando todo esto se haya olvidado, podais volver. Mientras tanto, preparad vuestras cosas, partireis de inmediato. El otro libro ha escapado definitivamente de nuestras manos. Tomad el cuerpo de Arriaga. Llevadlo con el otro muerto. Esta noche se les enterrara en el cementerio del pueblo. Andando.

Una horrible sensacion de ahogo lo desperto del profundo letargo en que se hallaba. Se estaba ahogando en su propio vomito. Su mente reacciono a tiempo y ladeo la cabeza. No podia levantarse. Tosio y logro respirar.

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