ante la inminencia del mas atroz de los sufrimientos, se sintio desfallecer. Quiza el podria aguantar pero… ?y Tomas?

Era entrada la noche cuando Jean llego acompanado por dos tipos de aspecto fiero.

«Ya estan aqui», penso Arriaga.

Jean entro solo en la celda.

– El libro -dijo.

Rodrigo suspiro, no podia decirle que Tomas no habia querido contarle donde estaba la copia que faltaba.

– No se donde esta, Jean, de veras.

– Voy a disfrutar con esto, ciertamente…

Salio de la celda y fueron donde Tomas. Vio que traian un brasero. El crio lloraba, suplicaba. Entonces comenzo a oir el sonido de los golpes sordos sobre el cuerpo adolescente de Tomas y sus gritos de dolor.

– Dadme el hierro -ordeno Jean.

El inconfundible siseo y el olor de la carne quemada coincidieron con el aullido del crio. Luego vino otro, y otro.

– ?Diselo, Tomas! ?Diselo! -grito Rodrigo.

Solo se escuchaban los alaridos del joven hasta que Arriaga tuvo que taparse los oidos para no oir. Cuando los torturadores se fueron intento hacer razonar a Tomas, pero este no contestaba. Debia de estar inconsciente.

Volvieron por la noche. Rodrigo perdio la nocion del tiempo, que pasaba muy lentamente. Le hubiera gustado estar en el lugar de Tomas: era una victima inocente y Jean sabia que hacia mucho mas dano a Arriaga torturando al joven. De vez en cuando se asomaba y le preguntaba por el paradero del libro. No quiso escuchar las suplicas de Arriaga, no lo creyo cuando le repitio llorando que el no lo sabia, que dejaran al chico, que hablaria con el. Sabia que llegaba un momento en que un torturado perdia el control sobre su propia mente, un punto sin retorno en el que solo se murmuran incoherencias. Era de madrugada cuando Jean entro en su celda. Llevaba el habito manchado de sangre.

– Ha muerto -dijo sonriendo.

– Hijo de puta.

– Me voy a dormir, estoy cansado. Manana os toca a vos. Disfrutare de veras. Sois mas fuerte que ese chiquillo. Me durareis mas.

– ?Como habeis podido hacerlo?

– La culpa es vuestra. Vos lo metisteis en este negocio.

– Yo no, fue su amo, Silvio de Agrigento. Era su criado. Ahora se por que la gente del valle de Chevreuse os odia tanto.

Jean alzo las cejas como si le diera igual.

– Os matare por esto, lo juro -dijo Rodrigo.

– Dejaos de bravatas. Estoy cansado. Ah, y haced memoria sobre el paradero del libro de notas de Tomas.

Lorena Saint Claire

A Rodrigo le costo mucho trabajo conciliar el sueno. Tuvo pesadillas de nuevo, veia a Aurora, a Beatrice, a Tomas, a su madre… todos estaban en el infierno y alzaban las manos para que el los salvara. El chirrido de la reja que se abria lo hizo despertar de un salto.

– Tranquilo -dijo una voz de mujer-. Quiero hablar con el a solas.

Era Lorena.

– ?Que haceis aqui?

– No estais en condiciones de preguntar.

– Cierto.

– Vengo a hablar con vos -dijo ella con un tono muy dulce-. No quiero que sufrais, hacedme caso. Si dijerais donde se oculta el libro…

– ?Es eso lo que os trae aqui? Os envian para sonsacarme.

– Eso y vos…

La joven le acaricio la cara.

– No se donde esta.

Lorena Saint Claire le dio una sonora bofetada.

– ?Maldito hijo de puta! -exclamo.

– Vaya, ?es esta que veo la verdadera Lorena Saint Claire?

– No teneis ni idea de quien soy. Pobre imbecil.

– Asi que todo era una farsa.

– ?Acaso pensais que es la primera vez que lo hago? Los hombres sois verdaderamente manejables gracias a vuestra lujuria. No pensais con la cabeza, lo haceis con el vientre.

– Ya, y yo era peligroso…

– En efecto, sabiamos que los mandamases del proyecto querian eliminar a mi hermano. No podian hacerlo en la Grande Tour de Paris, eso hubiera provocado un cisma sin precedentes. Asi que resolvieron realizar la pantomima de traerlo de vuelta a casa para que luego vos lo mataseis. Os tenia que vigilar de cerca. Por eso os seduje. -Rodrigo sonrio amargamente-. Solo lo hice por obligacion. No podia permitir que eliminarais a mi hermano.

– Pues pareciais disfrutar de veras con esa obligacion -repuso el.

– ?Acaso creeis que no se que bebiais los vientos por esa puta de la posada? Yo misma la despache. Murio degollada como un cerdo.

– Hija de puta.

Entonces lo comprendio todo. Supo cual era la baza que tenia que jugar. Era como jugar a naipes junto al fuego de campamento. A veces solo tiene uno una buena carta y debe jugarsela. Era el momento. Una pequena luz se abria al final del tunel; era solo una remota posibilidad, pero debia intentarlo. La ultima oportunidad. Dijo:

– Vaya, vaya. Entonces supongo que se han restablecido las buenas relaciones entre la familia Saint Claire y el resto del proyecto…

– Asi es.

– Y ahora el tesoro sera trasladado a Rosslyn como se habia planeado en principio.

– ?Como sabeis eso?

– Es mi trabajo, ?recordais?

– Manana saldran las cajas hacia alla.

– ?Me permitis una pregunta?

La joven asintio.

– ?Donde ha estado guardado el tesoro durante todos estos anos?

Ella estallo en una carcajada. Le miro divertida.

– Donde menos se podia esperar. En la misma guarida de la bestia.

– ?En Roma?

Ella asintio.

– Me asombrais. Un golpe maestro. Si pudiera avisarles… -dijo lanzando el anzuelo.

– No serviria de nada, ya no esta alli. -Habia picado.

– Claro, claro, estara en el Temple de Paris…

Ella nego con la cabeza.

– ?No? -repuso el-. ?Donde lo guardais entonces?

Ella sonrio.

– ?Esta aqui! ?En el subterraneo! -exclamo Rodrigo. Ella volvio a reir. Rodrigo pensaba con rapidez.

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