fantasma oscuro, fuerte, con cuatro palos e inmenso velamen. Era aun mas grande que las otras dos naves que surcaban el Atlantico hacia las tierras ignotas del oeste. Aquel barco no tenia remos a babor y estribor, solo navegaba a vela. Su casco era colosal y se hundia en gran medida bajo el agua. No era una embarcacion tan marinera como una galera, pero estaba disenada para atravesar las frias y revueltas aguas del oceano cubriendo amplias distancias. A su lado permanecian ancladas La Madeleine y La Petite Marie, ambas embarcaciones templarias que, aun siendo mas pequenas, eran el mismo tipo de nave que la Bethania, una nueva clase que llamaban galeon.

Rodrigo, que se habia cortado el pelo a la manera militar con su cuchillo, se presento ante el capitan vestido de templario y mostrando la credencial de Jean de Rossal.

Bernard, el hombre al mando de la nave, al igual que los capitanes de las otras dos naves, era un templario. La orden se habia encargado de bragarlos, a ellos y a sus tripulaciones, pues no podian confiar en gente ajena al Temple y por ello las tripulaciones de aquellos tres grandes barcos estaban integradas por armigueros, sargentos y caballeros de la orden. Rodrigo supo por su capitan que en cada barco viajaban siete caballeros y que el, Jean de Rossal, estaba al frente de la expedicion. Entonces se presento a bordo el capitan de La Madeleine disculpando a su colega de La Petite Marie, Antoine Vallat, que se hallaba indispuesto. Segun supo Rodrigo era un viejo conocido de Jean de Rossal que deseaba verlo lo antes posible y le pedia excusas por no haberse podido presentar al tener suelto el estomago. Rodrigo ordeno que las naves partieran de inmediato pese a que su capitan aconsejaba esperar a que mejorara el tiempo. No podia permitirse un encuentro con Antoine Vallat. Le descubririan.

Durante los dias siguientes penso en su situacion. Nadie conocia a Jean a bordo, asi que hasta que llegaran a su destino podia estar tranquilo. Maduro su plan. Al llegar, ordenaria que la Bethania desembarcara primero. Asi se aseguraria poder escapar antes de que ese tal Vallat pusiera el pie en tierra firme. ?Como serian aquellas tierras? ?Podria perderse en ellas y sobrevivir? ?Hallaria a aquellos salvajes de los que le hablo Alonso Contreras?

Despues de trece dias de navegacion llego la calma: una total ausencia de viento, una tranquilidad que aflojo las velas y detuvo el avance de los barcos. Una manana escucho voces al despertar, se levanto frotandose los ojos y cuando salio de su camarote se dio de bruces con un tipo que resulto ser Antoine Vallat. Aprovechando la calma chicha, se habia acercado en un bote a saludar al jefe de la expedicion.

– Este no es Jean de Rossal -dijo.

Rodrigo no tuvo tiempo de reaccionar. ?A donde iba a ir? ?Como escapar en medio de un barco?

Rapidamente se vio rodeado. Alzo los brazos mostrando a las claras que se entregaba.

– ?Quien sois entonces?

– Me llamo Rodrigo Arriaga. Dadme un vaso de vino y os contare.

Habia llegado bastante lejos pero supo que su aventura terminaba alli. Era obvio que iban a torturarle para saber que habia hecho con Jean de Rossal, asi que se lo conto todo. El capitan y Vallat se miraron cuando Rodrigo les relato lo ocurrido. Sin duda, Arriaga era una buena captura. Aquello les haria progresar en la orden. Rodrigo penso que al menos faltaba mas de un mes para la vuelta; quiza podria escapar al tocar tierra, de no ser asi se quitaria la vida antes de que lo llevaran de nuevo a Francia. Quedo recluido en la bodega, hacia la proa, en un pequeno hueco que quedaba delante de los caballos, que habian introducido alli abriendo la tripa del barco y sellandola con brea.

Encadenado a una argolla de la pared, en la semioscuridad de la bodega y compartiendo el olor de las bestias, su nerviosismo y su miedo, Arriaga sintio que todo le daba igual. Aquello habia sido una locura. No sabia a donde iba ni si podria escapar en aquel mundo nuevo. Todos sus amigos estaban muertos y el con ellos…

El tiempo comenzo a empeorar lentamente. Primero fue un viento atroz que aullaba como mil lobos, luego oyo la lluvia, que al principio golpeaba la nave de manera suave y continua para terminar sacudiendo la madera violenta y despiadadamente. Se oian carreras en la cubierta y ordenes para que los marineros hicieran esto y aquello. Le parecio que arriaban las velas. Los truenos eran ensordecedores y las bestias se mostraban asustadas.

– ?Tierra a la vista! -grito alguien en el exterior.

El barco se bamboleaba de manera preocupante, el oleaje afuera debia de ser espantoso. Estaban en mitad de una tormenta. Oyo gritos de los hombres. Los siete caballos se agitaban nerviosos. «?Hombre al agua!», le parecio oir. Un candil de los que alumbraba tenuemente la bodega para que las bestias no se sintieran intranquilas en la oscuridad cayo al suelo y prendio la paja. El fuego comenzo a avanzar y las bestias relincharon por el panico. Un caballo tordo, al fondo, comenzo a agitarse frenetico al quemarse las patas por el efecto de las llamas. Los demas golpearon las paredes y dieron coces a su alrededor presas del miedo. El humo lo lleno todo anulando la visibilidad y Rodrigo se arrojo al suelo para poder respirar.

– ?Hombre al agua! -volvieron a gritar arriba.

Una yegua que habia junto a el comenzo a cocear y casi le patea la cabeza, y una de las patadas del animal arranco la argolla de la recia pared de madera. Pese a estar esposado, Rodrigo corrio entre las bestias hacia la escalera. El agua comenzaba a inundar la bodega y el fuego comenzaba a extinguirse. Los relinchos de los caballos hacian ensordecedor aquel ambiente y le ponian nervioso.

Pateo la puerta como pudo y se encontro frente a frente con el carcelero. Se abalanzo sobre el y le rodeo el cuello con la cadena. El agua caia como una cascada por las escaleras de madera que accedian a la cubierta. Apreto la cadena todo lo que pudo y espero a que aquel hombre quedara inmovil. Entonces le quito las llaves y se libero de los grilletes. Paso al pequeno camarote del capitan para buscar la bolsa con sus cosas. No le fue dificil hallarla bajo la unica litera del cuarto. Subio las escaleras y salio al exterior, agachado para no ser visto y con la daga en la mano. El barco se inclino y el rodo chocando con la borda. Sintio un dolor horrible en la pantorrilla y cayo al suelo. Apenas si podia levantarse.

Debia de haberse roto la pierna. Agarro un cabo y se levanto a pulso. No habia nadie en la cubierta y el viento atronador, la lluvia y los truenos, no dejaban percibir ningun otro sonido. Vio a hombres que saltaban por la borda, aqui y alla. Vio que los mastiles se habian partido. El barco estaba a la deriva y se movia como una cascara de nuez. Iba a hundirse.

Se asomo como pudo. Las olas eran inmensas. Habia un barril flotando en el agua, maderas… se dejo caer.

Un caballo que le lamia la cara lo desperto en la playa. Miro a la derecha y, al fondo, contemplo los restos del naufragio de la enorme Bethania. Parecia un gigante embarrancado con la tripa abierta. El frio y el olor putrido del cieno lo hicieron caer en la cuenta de que se hallaba en la orilla de algun estuario, quizas un rio. La pierna le dolia de manera horrible. Se giro. Tenia que arrastrarse fuera del agua o moriria de frio. El rostro de un marino que yacia junto a el, destrozado por los cangrejos, le hizo gritar de miedo. Intento bracear hacia delante, arrastrandose, aullando de dolor a cada impulso. Se situo boca arriba cuando dejo de sentir el contacto con el agua. Habia salido el sol. Eso le secaria. Volvio a desmayarse.

Abrio los ojos y vio a dos hombres de aspecto salvaje frente a el. Otro, al fondo, acariciaba a uno de los caballos. Los dos vestian comodos jubones de piel de ciervo, calzas con flecos y mocasines de gamuza con tiras de vivos colores. Lo levantaron y lo llevaron a una especie de parihuelas. El senalo la bolsa de terciopelo un poco mas alla. Ellos entendieron y fueron a recogerla. Vio cadaveres de sargentos y armigueros flotando en el ancho rio, aqui y alla.

Desperto junto a un fuego. Estaba cubierto por pieles suaves y calidas. Sintio que la pierna estaba inmovilizada, se la habian entablillado. Cantaban una extrana letania al son de unos tambores. Vio que llevaban el pelo suelto, largo, hasta el final de la espalda, y adornaban sus lisas y negras melenas con plumas de aves. Una joven de ojos enormes y tez rojiza, como tostada por el sol, se le acerco y senalandose a si misma dijo:

– Chu'ma ni. Entonces lo senalo a el. Contesto: -Rodrigo.

Ella le dio algo de beber y al instante se sintio invadido por una maravillosa sensacion de paz. Durmio de nuevo.

Augusto de Enzo, el nuevo hombre fuerte de Roma, el nuevo jefe de los espias de la Iglesia, jugueteaba con los senos de Donatella a la vez que introducia dulces granos de uva en la sensual boca de la mejor cortesana de la

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