ciudad. Alguien golpeo la puerta.
– ?Si? -dijo con fastidio.
Su secretario, Bartolome de Chartres, asomo su afilado rostro tras la puerta y dijo:
– Lo siento, Ilustrisima, pero es algo urgente.
– Pasad.
El hombre de confianza del cardenal De Enzo entro con un volumen de tapas de cuero bajo el brazo.
– Ha llegado esto para vos. Me temo que debeis echarle un vistazo. Lo envia un tal Tomas, un criado de Silvio de Agrigento que acompano al desaparecido Rodrigo Arriaga en su mision.
– Sin duda los mataron a todos -repuso el prohombre de la Iglesia.
– Sin duda, sin duda… pero echad un vistazo al libro, merece la pena.
Rodrigo desperto sintiendose mejor. Logro levantarse apoyandose en un largo baston que le habian dejado junto a las parihuelas. Habian acampado en una colina. Oyo voces. Camino con dificultad pese a que ya no sentia dolor. La droga que le habian estado dando aquellos salvajes era efectiva, sin duda.
Entonces los vio, despreocupados, practicando con palos un extrano y vigoroso juego de pelota, con los torsos descubiertos y sus largas melenas al viento.
Al fondo, sobre inmensas tierras de verdes pastos, corrian manadas de enormes animales que parecian toros cubiertos de denso pelaje.
El sol se perdia por poniente. Estaba vivo y lejos de cualquier lugar conocido. Quiza debia dar gracias por ello. No pudo evitar que los recuerdos lo invadieran. Penso en Aurora, en su padre, en su madre… Penso en el joven Tomas, en su horrible muerte; penso en Toribio, que de existir el cielo andaria persiguiendo mozas aqui y alla; recordo a Giovanno de Trieste; penso en Beatrice, la dulce Beatrice. Se sintio bien al saber que los habia vengado a todos.
Y culpable.
Culpable por estar vivo.
La joven que lo habia cuidado se le acerco sonriendo. Era bella y llevaba un bonito collar cenido a su esbelto cuello.
Se senalo a si misma y dijo:
–
Entonces lo senalo a el y antes de que pudiera contestar «Rodrigo», ella dijo:
–
Comprendio que le habian dado un nombre. Un nombre nuevo.
Aquellas tierras eran hermosas, vastas, repletas de luz. Aquellas eran gentes sencillas. Un buen lugar donde esperar el dia en que volviera a reunirse con todos aquellos que dejo en el camino.
Sonrio a la chica y se senalo a si mismo a la vez que asentia y decia:
– De acuerdo,
Murcia, 14 de enero de 2006
Jeronimo Tristante
[1] El que habla poco.
[2] Gota de rocio.
[3] Padre.
[4] Un amigo fiel es una fuerte proteccion.
[5] Ultimo aviso.
[6] A cada cual lo arrastra su placer.
[7] En blanco.
[8] El maestro.
[9] Recuerda que has de morir.
[10] Se teme mas a lo desconocido.
[11] Una mano lava la otra.
[12] Mas victimas ha hecho el vicio que la espada.
[13] Ni tregua ni descanso.
[14] El Templo de Salomon.
[15] Tantos siervos, tantos enemigos.
[16] El equivalente de los cataros a un sacerdote.
