buscada a toda prisa. No le sonaba ningun Siggi en el grupo de amigos de Gylfi… claro que Gylfi tendria un monton de amistades que ella no conocia de vista ni de nombre. En cambio, conocia a su hijo suficientemente bien para saber que no era tan aficionado al futbol para que un traspies en la liga inglesa fuera capaz de afectarle de aquel modo. Recapacito para decidir que hacer, si intentar sonsacarle o hacer como si no pasara nada. Decidio al final que lo mejor era disimular… por el momento.

– Ay, ay. Que mal. Ese maldito Liverpool siempre se sale con la suya. -Miro fijamente a su hijo a los ojos-. Si quieres charlar conmigo, o si necesitas hablar conmigo de eso, Gylfi, carino, prometeme que no esperaras mas tiempo del debido. -Cuando vio que el chico se aprestaba a la huida, se apresuro a anadir-: Quiero decir, hablar del partido. El Arsenal ese. Sabes que puedes contar conmigo, corazon. Yo no podre solucionar todos los problemas del mundo, pero puedo intentarlo con los que entran en casa.

Gylfi la miro sin decir nada. Esbozo una debil sonrisa y farfullo algo de tener que acabar los deberes. ?ora tambien musito algo y salio del dormitorio, cerrando la puerta. No era capaz de imaginarse que podia alterar de aquel modo a un chico de dieciseis anos: nunca se habia encontrado ante aquella situacion, y ademas no se acordaba demasiado bien de los anos de su propia adolescencia. Lo unico que recordaba eran las cosas tipicas de chicas. Quiza estaba enamorado de alguna que no correspondia a sus sentimientos. ?ora decidio intentar enterarse con sutileza: podria ir dejando caer, como si nada, unas cuantas preguntas inocentes al dia siguiente, a la hora del desayuno. Quiza para entonces ya se habria pasado la crisis. A lo mejor no era mas que una tormenta en un vaso de agua… un shock hormonal.

Despues de que Soley se lavara los dientes y de leerle un cuento, ?ora se instalo en el sofa, delante del televisor. Llamo por telefono a su madre: sus padres estaban pasando un mes de vacaciones en las islas Canarias. Siempre que llamaba se encontraba con alguna queja. La ultima vez habia sido el trauma de perder a sus difuntos padres, ahora era el Discovery Channel del televisor del hotel, al que se habia vuelto adicto su padre. Se despidieron y su madre dijo fatigada que iba a apoltronarse por ahi al lado de su padre a aprender como se aparean las lombrices. ?ora sonrio, colgo y volvio a perder la mirada en la television. Cuando estaba a punto de dormirse con un horrible reality show, sono el telefono. Se incorporo en el sofa y alargo el brazo hacia el aparato.

– Diga -respondio, preguntandose si su voz no delataria que estaba medio dormida.

– Hola, soy Hannes. -Se oyo al otro lado de la linea.

– Ah, ya, hola. -?ora penso si nunca llegaria el momento en que dejara de sentirse incomoda al hablar con su ex marido. Aquella dolorosa relacion tenia sus raices, sin duda, en el cambio que implica pasar de un trato muy intimo a una mera cortesia forzada, como cuando se encontraba con un antiguo novio o algun hombre con el que se habia acostado en sus anos de juventud… algo inevitable en un pais pequeno como Islandia.

– Oye, es sobre el fin de semana, a ver si puedo ir a recoger a los ninos mas tarde el viernes. Quiero llevar a Gylfi a unas carreras de coches y creo que seria mejor salir despues de la hora punta, como a las ocho.

?'ora respondio que si, aunque sabia perfectamente que el retraso no tenia nada que ver con las carreras. Sin duda, Hannes tendria que trabajar hasta mas tarde o queria echarse la siesta despues del trabajo. Uno de los motivos de sus constantes grescas desde el divorcio era precisamente que Hannes parecia incapaz de responsabilizarse de nada. Pero ahora el problema no era suyo sino de Klara, la mujer que vivia con el actualmente.

– ?Que vais a hacer el fin de semana? -pregunto ?ora por decir algo-. ?Tengo que ponerles algo especial en la bolsa?

– Si, a lo mejor montamos a caballo, de modo que estaria bien que llevaran ropa adecuada -respondio Hannes.

Klara era aficionada a los caballos y habia iniciado a Hannes en ese deporte. A Soley y Gylfi les causaba autentico pavor, porque habian heredado de su madre ser de lo mas miedosos, de forma que padecian de terror congenito, si bien es cierto que las cosas crecen al pasar de la madre a los hijos. ?ora tenia miedo a patinar, a subir montanas, a montar en ascensor, a comer comida cruda y a todo lo que podia imaginarse que pudiera tener alguna consecuencia negativa. Por algun motivo incomprensible, sin embargo, no tenia el mas minimo miedo a volar. Equipo adecuadamente a sus hijos, aunque a los dos les aterraba la simple idea de montar, convencidos de que cada paseo representaria el ultimo momento de sus vidas. Hannes, por su parte, era incapaz de reconocer que aquello fuera un estado permanente, y se pasaba la vida intentando convencer a los ninos de que todo era cuestion de acostumbrarse.

– ?Estas seguro de que es sensato? -le pregunto, aunque sabia perfectamente que no conseguiria enterarse de los planes de Hannes-. Gylfi esta un poco mustio en estos momentos, y no estoy nada segura de que un paseo a caballo sea precisamente lo que necesita ahora.

– Que tonteria -respondio Hanncs con aspereza-. Llegara a ser todo un jinete.

– Lo diras tu. Pero intenta hablar un poco con el. Sospecho que anda en lios de faldas y tu sabes de eso mas que yo.

– ?Lios de faldas? ?Y que se yo de eso? -pregunto Hannes, extranado-. Acaba de cumplir los dieciseis. No puede ser nada serio.

– No, quiza no. Pero estate atento, de todos modos, e intenta sonsacarle de que se trata.

– ?Sonsacarle? ?El que? ?A que te refieres? -Su ex marido habia perdido la calma y ?ora sonrio.

– Ya sabes, cualquier cosa que pueda ayudarle a enfrentarse con las dificultades de la vida. -La sonrisa de ?ora se hizo aun mas amplia.

– Estas bromeando -dijo Hannes, confiando en que fuera asi.

– No, de verdad que no -respondio ella-. Esperaba que tu pudieras encontrar algun remedio. Yo hare lo mismo por nuestra hija cuando empiece con problemas de chicos. Puedes intentar quedarte a solas con el durante el paseo, por ejemplo, y charlar tranquilamente mientras montais.

Cuando concluyeron la conversacion, ?ora estaba bastante segura de que habia conseguido, al menos, hacer algo menos probable su excursion a caballo. ?ora intento enfrascarse de nuevo en la irrealidad de la television. No lo logro, porque enseguida volvio a sonar el telefono.

– Perdone que llame tan tarde, pero imagine que estaria pensando en mi -dijo Matthew de lo mas tranquilo despues de los saludos preliminares-. Decidi dejarla oir mi voz.

?ora se quedo pasmada… no tenia claro si Matthew habia perdido un tornillo, o si estaba borracho, o si bromeaba.

– Pues precisamente no estaba haciendo nada de eso que dice. -Estiro la mano para coger el mando a distancia del televisor y bajar el volumen, a fin de que Matthew no pudiera escuchar la atrocidad que estaba viendo-. Estaba leyendo.

– ?Y que lee? -pregunto el.

– Guerra y paz, de Dostoievski -mintio ?ora.

– Vaya, bueno -dijo Matthew-. ?Es como Guerra y paz de Tolstoi?

?ora, enfadada, se dio un punetazo a si misma por no haber mencionado a Laxness o a cualquier otro escritor islandes que el no conociera. Nunca se le habia dado bien mentir.

– Tolstoi, queria decir. Pero aparte de eso, ?hay algo especial? No creo que llame para discutir de literatura.

– No, para eso esta claro que me he equivocado de numero -respondio Matthew burlon. Como ?ora no contesto, anadio-: No, perdone, llame porque el abogado del hombre al que detuvo la policia acaba de ponerse en contacto conmigo.

– ?Finnur Bogason? -pregunto ?ora.

– Si, aunque usted pronuncia el nombre incomparablemente mejor que yo -contesto Matthew-. Me informo de que podemos ir manana a ver al chico, si queremos.

– ?Nos han dado permiso? -inquirio ?ora extranada. Los presos preventivos no obtenian nunca permiso de visita, en ningun caso.

– Este Finnur -Matthew lo pronunciaba con un fuerte acento aleman- consiguio convencer a la policia de que ibamos a trabajar con el en la defensa del muchacho, lo que no es del todo cierto, naturalmente.

– ?Y que le empujo a decir algo asi?

– Digamos que le di un empujoncito.

?ora no siguio ahondando en el tema, pues no tenia ningun deseo de participar en irregularidad alguna. No sabia si Matthew se habia dedicado a amenazar al abogado, penso que probablemente le habria prometido

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