Dori estaba como hipnotizado. Miro fijamente a los ojos verdes que le observaban sin parpadear desde debajo de unas cejas atravesadas por un aro. Movio la cabeza levemente, en senal de asentimiento: las manos de Marta Mist seguian sujetandole la barbilla e hicieron fuerza para obligarle a hacerlo. Por eso precisamente habia dicho que iba a ir a la policia: sabia que ella siempre conseguia imponerle sus ideas. Aparto de su mente aquel pensamiento.
– Vale, vale.
– Ah, estupendo -murmuro Briet enviandole una sonrisa a Dori. Ya se sentia mucho mejor y le dio un pellizco de alegria a Marta en el brazo. Nada indico que Marta Mist lo notase: su atencion siguio centrada en Dori, y su mano continuo en la barbilla del joven.
– ?Que hora es? -pregunto ella sin soltarle.
Briet se apresuro a pescar el movil rosa de un bolso que colgaba del respaldo de su silla. Desconecto el bloqueo y anuncio:
– Va a ser la una y media.
– ?Que vas a hacer esta tarde? -pregunto Marta a Dori.
– Nada -fue la breve respuesta.
– Vente a casa… yo tampoco tengo plan -respondio Marta-. Hace mucho que no pasamos un rato juntos, y se que te gusta estar
Briet se rebullo incomoda en la silla.
– ?Y si nos vamos al cine? -Miro esperanzada a Marta, que no devolvio la mirada. Briet noto que algo le pisaba con fuerza el empeine, y cuando miro hacia abajo vio que la bota de cuero de Marta ocultaba por completo su precioso zapato. Se sonrojo, comprendio que aquella tarde no se deseaba su presencia.
– ?Quieres ir al cine? -pregunto Marta a Dori-. ?O prefieres pasarte un rato tranquilamente por mi casa? - Ladeo la cabeza.
Dori asintio.
Marta sonrio:
– ?Cual de las dos cosas? Aun no me has contestado.
– A tu casa. -La voz de Dori sono ronca y pesada. Ninguno de los tres ignoraba de que iba aquello.
– Me alegro. -Marta solto la barbilla de Dori y dio una palmada. Hizo una senal al camarero, que pasaba cerca, y pidio la cuenta. Dori y Briet no dijeron nada. Le acababan de hacer un feo bastante considerable. Tampoco Dori tenia nada que anadir. Saco del bolsillo un billete de mil, lo dejo sobre la mesa y se puso en pie.
– Se me ha hecho demasiado tarde. Nos vemos. -Salio, y las dos chicas se volvieron para verle irse.
Cuando se hubo ido, Marta se dio la vuelta y dijo:
– Vaya culo de mal asiento que es el chico. Tendria que dejarnos en paz mas a menudo. -Miro a su amiga, que la observaba herida-. Por todos los dioses. No vayas a ponerte de morros ahora. Dori tiene los nervios a flor de piel estos dias, y eso es de lo mas peligroso. -Le dio un cachetito a Briet en la parte superior del brazo-. Esta colado por ti y esto no va a cambiarlo.
Briet esbozo una debil sonrisa.
– No, quiza no. Pero me parecio que estaba de lo mas contento contigo.
– Carino. Eso no tiene nada que ver con andar colado con alguien. Eres tu la que encandila a los tios. Yo… bah… yo soy buena en la cama. -Se puso de pie y lanzo a Briet una mirada gelida-. ?Sabes una cosa? -No hubo respuesta-. Yo gozo del instante. Tu tambien podrias intentarlo. Deja de querer salvarte tu sola: goza de la vida.
Briet cogio su cartera. A aquello no tenia nada que responder. Ella, que habia participado en toda clase de inventos con aquel grupo de gente… se sonrojo solo de pensarlo. ?Aquello no era gozar de la vida? ?Habia dado a entender alguna vez que queria salvarse ella sola? ?Que tonteria era esa? Cuando salian las dos juntas, la consolaba que los chicos fueran a por ella. No a por Marta. Pero era demasiado arriesgado intentar mortificarla hablando de las virtudes femeninas de cada una y estableciendo comparaciones. A Marta se la vio enseguida como una especie de Harald en femenino. Tenia dominado a Dori. Briet no queria ir a la carcel de mujeres. No, gracias… a la mierda con Dori. Podria recuperarle mas tarde. Briet enderezo la espalda para hacer destacar aun mas sus pechos. Al ir las dos hacia la puerta, disfruto cuando los tres hombres trajeados sentados junto a la ventana se quedaron embobados mirandola… a ella, no a Marta. Briet sonrio para si. Las victorias pequenas suelen ser las mas dulces.
Capitulo 15
– Nada -dijo ?ora y, cansinamente, aparto la vista de la pantalla del ordenador y la dirigio a Matthew. Habian ido al bufete despues de visitar a Hugi, entre otras cosas para comprobar si habia llegado a su ordenador alguna respuesta del desconocido «Mal».
El se encogio de hombros.
– ?Quien sabe? A lo mejor no contesta nunca.
A ella le resultaba dificil rendirse tan facilmente como Matthew.
– Pero a lo mejor Harald tiene informacion sobre el en su ordenador.
Matthew enarco las cejas.
– ?Tu tienes informacion sobre tus amigos en tu ordenador?
– Venga, ya sabes a lo que me refiero, el archivo del correo electronico donde figura la gente con la que se tienen mas contactos.
Matthew volvio a encogerse de hombros.
– Si, se perfectamente a lo que te refieres. A lo mejor Harald tenia un archivo de esos. Nunca se sabe.
?ora puso de nuevo el monitor en su posicion habitual.
– ?Que tal si llamas un momento a la policia para preguntar por el ordenador de Harald? -Miro la hora en la pantalla-. No son mas que las dos, de modo que la oficina estara abierta. -La carta en la que solicitaba la entrega de los informes ya no estaba en la bandeja de Bella por la manana, de modo que todo indicaba que la habia puesto en el correo el dia anterior. Asi que seguramente habria llegado a su destino, aunque no estaba tan claro que ya hubiesen podido tomar una decision al respecto. Lo mas sensato seria esperar uno o dos dias mas antes de llamar, y asi resolver las dos cosas a un tiempo, el ordenador y la documentacion. ?ora se quito de la cabeza tanta sensatez y permitio que triunfase la impaciencia. De todos modos, tampoco quedaban muchas mas opciones en la reserva. Habia buscado los numeros de movil de los amigos de Harald en el directorio de la red y habia conseguido encontrar los de Marta Mist, Briet y Brjann. Todos se negaron a hablar con ella cuando contacto con ellos (Briet casi histerica), alegando que ya habian informado a la policia. A ?ora y Matthew les quedaban pocos recursos, por el momento-. Llamales -reitero.
Matthew se puso a ello, y el resultado fue que podian ir a la comisaria a buscar el ordenador en cuanto quisieran. Les atenderia un policia llamado Markus Helgason.
En la comisaria, el tal Markus saludo a ?ora en islandes pero luego se dirigio a Matthew y le dijo en un ingles con fuerte acento islandes:
– Nos hemos visto dos veces usted y yo, en el registro domiciliario y luego cuando vino usted a hablar con el comisario, Arni Bjarnason. -El policia sonrio turbado-. No conectaron demasiado bien, de modo que se ha tomado la decision de que sea yo quien les reciba esta vez. Espero que no tengan ninguna objecion.
Se trataba de un hombre joven, vestido con la camisa azul claro y los pantalones negros del uniforme de la policia. Era de estatura bastante baja, claro que hacia ya tiempo que se habian reducido las exigencias de talla para los policias. Por otra parte, Markus tenia un aspecto de lo mas corriente, ni guapo ni feo, de pelo castano y unos ojos grisaceos que no llamaban demasiado la atencion. Sonrio al estrecharles la mano y aquel gesto produjo un cambio radical en la primera impresion que se habia hecho ?ora al juzgar su aspecto. Tenia unos preciosos dientes blanquisimos, y ella deseo, en beneficio de el mismo, que siempre tuviera motivos suficientes de alegria. Matthew y ?ora le aseguraron que no tenian objecion alguna a no poder reunirse con el comisario, y el joven policia volvio a tomar la palabra, muy contento.
