trabajaba todos los dias menos los domingos, por eso las tardes de los sabados eran los unicos dias en que podia relajarse un poco. Miro el reloj: aun faltaba demasiado para la hora de la cena como para ponerse ya a cocinar. Suspiro. Todo esta limpio y ordenado… asi que ni limpiar podia. Pero algo tenia que buscarse para matar el tiempo si no queria volverse loca. Algo que le apartara la mente de aquella ansiedad tan opresiva. Recordo lo mal que se sintio cuando llego a la puerta la policia con aquella orden de registro del piso de arriba. No paso nada. Increible pero cierto. Todas sus preocupaciones resultaros inutiles y pudo volver a relajarse. Hasta hacia muy poco.
?Por que andaba esa gente hurgando en el caso otra vez? ?No estaba satisfecha la policia con el resultado? ?Para que revolverlo todo de nuevo? Suspiro en voz alta. ?En que habia estado pensando? Aunque Alli fuera casi siempre tan aburrido como un muerto y anduviera ya perdiendo todo interes en su matrimonio, eso no queria decir que ella deseara quitarselo de encima. Ademas, habia muchas cosas que le hacian querer conservarlo. Tenia cuarenta y tres anos y ya era demasiado mayor para volver a entrar en el circuito.
Que tonta habia sido. Acostarse con el inquilino. Ademas, aquel apartamento se lo habian alquilado a hombres mucho mas atractivos que aquel aleman majareta. No podia estar en su sano juicio… aparte de que sucedio mas de una vez, y mas de dos. El sexo con el habia sido divertido… eso no se podia negar. Hasta tenia algo de aventura; seguramente porque sabia que no deberia estar haciendolo. Ademas, Harald era mucho, pero que mucho mas joven que su marido, tanto mas delicioso por eso mismo. Si no hubiese estado siempre tan terriblemente chiflado por toda clase de anillos y cicatrices y alfileres.
Piensa, piensa… respiro hondo. ?Como iban a enterarse? Nadie lo sabia, por lo menos ella no se lo habia contado a ningun bicho viviente. Solo la razon le habia impedido ponerse a presumir delante de su mejor amiga. Y Harald dificilmente habria hablado de aquello. El no tenia necesidad de presumir: siempre habia un monton de mujeres jovenes subiendo a su apartamento. Si tuviese necesidad de alardear de su vida sexual, siempre podia presumir de ellas. Se penso mejor el asunto… aquel «monton» eran en realidad principalmente dos chicas, una alta y pelirroja, la otra menudita y rubia. De lo otro dificilmente se habria puesto a hablar, por lo menos la policia no se habia olido nada en absoluto. Habia hablado brevemente con ellos varias veces y nunca salio nada, ni en lo que dijeron ellos ni en una insinuacion que pudiese indicar que no viesen su relacion con Harald como la habitual entre casera e inquilino. Ademas, y.i se habia acabado todo. Harald le habia dicho que no podia continuar, que tenia una serie de cosas pendientes. Al recordarlo hizo una mueca. Habria preferido ser ella quien rompiera la relacion… no el. En realidad, el que le diera las gracias tan efusivamente por las horas que habian pasado juntos no impidio dejarla tirada. Enrojecio al pensarlo. Pobrecita inocente. Le habia fastidiado tanto saber que era lo que pasaba y que el no dijese nada. Y es que habia empezado con una novia. Gurra los habia visto entrando y saliendo del apartamento varias veces, la semana antes del asesinato. Era una chica nueva que no habia ido nunca antes al piso de Harald; por lo menos que Gurra supiese. Hablaban aleman entre ellos, de modo que la chica debia de ser compatriota suya… a lo mejor, a la hora de la verdad, las islandesas no le resultaban suficientemente buenas. Su colera crecio con la hipocresia de Harald; no habia nada malo en que ella siguiese enganando a su marido, pero el era demasiado bueno para enganar a su mierda de novia.
Y que, ya estaba acabado todo, y lo que habia que hacer ahora era no darle vueltas a una cosa que quiza no llegaria nunca a salir a la superficie. Se dirigio hacia el lavadero. Hacia tiempo desde que paso por alli la ultima vez. Daba al pasillo y se podia entrar desde su propia casa y desde la puerta de la calle del apartamento de Harald. Aquel era uno de los pocos cambios que hicieron en la casa cuando decidieron comprarla y alquilar el piso de arriba. Quito el pestillo y entro. Claro que si, aqui si que podia encontrar algo que hacer. Aun habia restos de los sabuesos que lo recorrieron todo husmeando en busca de drogas. Por suerte no encontraron nada de eso: Gurra no sabia si aquello los hubiera convertido en sospechosos a Alli y a ella, o si los hubieran puesto en una lista, caso de encontrarse droga en aquel espacio comun. Por lo menos pidieron que les dejaran estar presentes en el registro. Y no es que hubieran tocado nunca las drogas, al menos ella. Quien sabe si Alli la habia probado en alguno de sus interminables viajes. En cualquier caso no sucedio nada: la policia puso a los perros a olisquear por alli dentro y cuando parecieron satisfechos, el grupo entero se marcho sin decir ni una palabra mas. Habian mirado dentro de la secadora y la lavadora, mas por curiosidad que por cualquier otro motivo. Pero tampoco hicieron las cosas demasiado a fondo.
Abrio el armario y saco el cubo y la fregona. Al hacerlo aparecio una caja grande. Se quedo mirandola. La ultima vez que habia fregado alli, en el armario, no habia ninguna caja. En realidad estaba vacio, aparte de los trastos de limpieza de las dos viviendas. Saco la caja con mucho cuidado. Tenia que ser de Harald. Intento recordar cuando habia sido la ultima vez que habia fregado alli. Dios mio… fue alli precisamente donde Harald la dejo colgada. Habia entrado a poner la lavadora y cuando hizo notar (para que no hubiera malentendidos) que estaba alli ocupada, aparecio el a comunicarle tan sonriente que el asunto se habia acabado. Aquella caja la habia dejado alli en algun momento justo antes del crimen. ?Por que? Nunca acepto utilizar el espacio que ella le ofrecio en el trastero. Las cuatro estanterias destinadas a los inquilinos estaban vacias. ?Podia ser que le hubiese querido ocultar algo a su nueva amante, lo hubiese metido en la caja y la hubiese dejado luego alli dentro? Teniendo en cuenta como acabo y lo raro de la decoracion de su apartamento, era dudoso que tuviese algo que ocultar. Gurra dio las gracias de todo corazon. A menos que se hubiera dedicado a hacer fotos de sus anteriores companeras de sexo y luego hubiese querido evitar que la chica nueva las encontrase. Pocas cosas habia mas repelentes que pensar en el sexo de esa forma: saber que al cabo de un rato una misma formaria parte de la coleccion. Gurra se cogio la cabeza entre las manos. Entonces podia ser que tambien ella estuviese alli, en un carrete o en una foto. Se quedo inmovil mirando fijamente la caja que tenia a sus pies. Habia que abrirla. No quedaba otra solucion. Abrir la caja y comprobar que no habia en ella nada que pudiera traicionar su secreto.
Gurra se inclino y apreto las alas de carton para abrirlas. Clavo los ojos en lo que habia dentro. Nada de fotos… nada de carretes. Eran trapos que envolvian unos objetos, seguramente fragiles, asi como unos papeles en fundas de plastico. Se sintio enormemente aliviada. Cogio uno de los papeles y vio que era una carta antiquisima, que imagino seria valiosa. Pero no comprendia la letra ni el texto, de modo que se puso la carta debajo del brazo… la miraria mas tranquilamente despues. Hojeo el resto de los papeles y comprobo, con gran alivio, que tampoco tenian nada que ver con la vida sexual o privada de Harald. Una de las hojas le llamo la atencion. Estaba muy mal escrita, unos fragmentos a medio terminar, en tinta roja, y el papel (si aquello era papel) era espeso, oscuro y de tacto de cera. El texto era de lo mas extrano y habia runas o signos de alguna clase dibujados en la parte inferior de la hoja. Y estaba firmada con los nombres de dos individuos; ninguna de las dos firmas era legible, pero por el contrato de alquiler reconocio una de ellas como la de Harald. Volvio a meter el papel en la caja. Que raro.
Gurra hurgo entre las cosas que habia hasta llegar a los objetos fragiles que estaban envueltos en panos, en el fondo de todo. Saco uno de los envoltorios y lo levanto con cuidado. No pesaba mucho… en realidad era como si dentro de los panos no hubiese nada. Lo abrio con mucha cautela y se quedo perpleja mirando lo que contenia. Solto un grito, estrujo la carta antigua y solto el pano. Salio corriendo del lavadero y cerro con llave.
Gunnar levanto el telefono y marco el numero de Maria, la directora del Instituto Arni Magnusson. Era bastante probable que siguiera alli, aunque fuera sabado. Se acercaba una importante exposicion y si la ultima exposicion del mismo tamano habia ensenado algo es que el Instituto estaba lleno a todas horas.
– Hola, Maria, aqui Gunnar. -Procuro que la voz sonara adecuadamente autoritaria: la voz de un hombre que no tiene nada que ocultar y que no alberga deseo alguno de aparentar mas de lo que era.
– Ah, eres tu -La laconica respuesta indicaba que no lo habia conseguido-. Justamente iba a ponerme en contacto contigo. ?Tienes alguna noticia que darme?
– Si y no -respondio el decano lentamente-. Estoy en el buen camino de encontrar el documento, creo.
– Me siento mucho mejor ahora que
Gunnar se esforzo por no dejarse arrastrar a una discusion.
– He descartado toda posible sospecha de que este aqui y me he puesto en contacto con los representantes de la familia de Harald, que van a buscar a fondo en su casa. El documento esta alli… de eso estoy completamente seguro.
– ?Quieres decir que crees que estas completamente seguro?
– Escucha, te he llamado solo para que sepas como van las cosas… no es hora de venirme con reproches - dijo Gunnar, aunque lo que realmente le apetecia era colgar.
– Muy bien, perdona. Esto anda muy revuelto por culpa de la exposicion. Estoy un tanto cabreada. No te lo tomes tan a la tremenda -dijo Maria en un tono de voz mas amable. Y anadio entonces, en el mismo tono de
