Este miro un instante a ?ora y luego otra vez a la carretera.

– No del todo. Lo comprobe y, creeme, cogio ese vuelo.

?ora se quedo sin saber que decir. Al final resolvio que era preferible no hacer mas observaciones hasta hablar con la chica personalmente. Quiza Matthew tenia razon. Tambien podia ser que ella no entrara en cuestion como posible asesina. Se percato de un cartel que decia «Hotel Ranga».

– Alli. -?ora le indico una desviacion a la derecha al lado del cartel, que conducia hacia el hotel. Siguieron la pista en direccion al rio y llegaron a un gran edificio de madera.

– ?Sabes? Creo que hace dos anos que no me alojo en un hotel -dijo mientras salia del coche y entraba en el edificio con su maletin-. Desde que me divorcie.

– Naturalmente, estas bromeando -dijo Matthew cogiendo su propia bolsa.

– No, te lo juro -respondio ella, y a nadie le pasaria desapercibido que estaba deseosa de romper aquella rutina-. Hicimos un ultimo intento de salvar nuestro matrimonio con un viaje de vacaciones a Paris hace dos anos, y desde entonces no he salido al extranjero. Curioso, ?no?

– ?El viaje a Paris no tuvo efectos beneficiosos? -pregunto Matthew mientras le abria la puerta. ?ora resoplo.

– Ninguno. Estabamos en nuestro intento final de salvar nuestra relacion, y en lugar de sentarnos frente a unas copas de vino para charlar del tema… para encontrar un clavo ardiendo al que agarrarnos… el se paso el tiempo pidiendome que le hiciera fotos junto a un monumento tras otro. Fue una autentica sentencia de muerte.

En la puerta, o justo al lado de ella, encontraron un gigantesco oso blanco… erguido sobre las patas traseras y dispuesto a atacar. Matthew fue hacia el y se coloco a su lado.

– Hazme una foto. En serio, venga.

?ora hizo una mueca y se acerco al mostrador de recepcion. Detras del monitor del ordenador estaba sentada una mujer de mediana edad con chaqueta oscura de uniforme y camisa blanca. Sonrio a ?ora, que le informo de que habian reservado dos habitaciones y dio los nombres. La mujer tecleo algo en el ordenador, cogio dos llaves y les indico donde se encontraban las habitaciones. ?ora echo mano al bolso y estaba a punto de marcharse cuando decidio comprobar si la mujer recordaba que Harald se hubiese hospedado alli. A lo mejor habia preguntado alguna direccion o alguna informacion que pudiera ponerlos a Matthew y ella en el buen camino.

– El otono pasado se alojo aqui un amigo nuestro, su nombre es Harald Guntlieb. ?Quiza podria usted recordarlo?

La mujer miro a ?ora con el gesto de quien recibe toda clase de preguntas sin que ninguna de ellas sea tan pueril como para que no se pueda plantear.

– No, ahora mismo no recuerdo ese nombre -respondio con amabilidad.

– ?Podria comprobarlo en el registro? Era aleman, con toda clase de piercings en la cara. -?ora intento sonreir… y aparentar que era algo de todos los dias.

– Puedo intentarlo. ?Como se deletrea el nombre? -pregunto la recepcionista, volviendose hacia la pantalla.

?ora fue diciendo las letras una tras otra y espero mientras la mujer obtenia los datos del registro de Harald. Desde donde se encontraba, al lado del mostrador, ?ora vio que el listado aparecio en la pantalla, al pie de otros varios.

– Aqui lo tenemos -dijo por fin la mujer-. Harald Guntlieb, dos habitaciones para dos noches. El otro huesped era Harry Potter. ?Es correcto? -La mujer no dio senal alguna de que el ultimo nombre le hubiera resultado extrano.

?ora dijo que si.

– ?Les recuerda? -pregunto esperanzada.

La mujer estudio la pantalla y sacudio la cabeza.

– No, lo siento. En esa epoca ni siquiera estaba trabajando aqui. -Miro a ?ora-. Estaba de vacaciones en el extranjero. Cuando trabajas en este ramo es dificil marcharse en verano. Volvio a mirar la pantalla. El barman quiza le recuerde. Olafur (le llamamos Oli) si que estaba. Tiene turno esta tarde.

?ora le dio las gracias y se pusieron en marcha hacia sus habitaciones. Cuando estaban a punto de desaparecer por la esquina del pasillo, la mujer les llamo.

– Veo tambien que tomo prestada una linterna en recepcion.

?ora se volvio.

– ?Una linterna? -pregunto-. ?Pone para que?

– No -respondio la mujer-. Solo lo anotaron para asegurarse de que la devolvia al marcharse del hotel. Y es lo que hizo.

– ?Puede comprobar si fue durante la noche? -pregunto ?ora. Quiza Harald habia perdido algo en la explanada del exterior y quiso ir a buscarlo.

– No, fue el que estaba de turno de dia quien le presto la linterna -respondio la mujer-. Pero solo por curiosidad… ?no es este el nombre de un estudiante aleman al que asesinaron en la universidad?

?ora le dijo que si y le dio las gracias por su ayuda. Matthew y ella continuaron hacia sus habitaciones, que resultaron estar contiguas.

– ?Nos tomamos media horita de descanso? -pregunto ?ora al ver su confortable habitacion. La gran cama era atrayente y le desperto el deseo de tumbarse a la bartola un ratito… el edredon era grueso y mullido, y las sabanas estaban perfectamente planchadas. Ella no veia una cosa asi todos los dias. Su propia cama la recibia todas las noches completamente deshecha, pues siempre salia por las mananas a toda prisa.

– Si, claro, perfecto -respondio Matthew… que, obviamente, era de su misma opinion-. Dame un toque en la puerta cuando estes lista. Y recuerda que siempre seras bienvenida a mi habitacion. -Le guino un ojo y luego cerro la puerta antes de que ?ora atinase a responder algo.

Despues de dejar el maletin y el abrigo y de echar un vistazo al bano y el minibar, ?ora se dejo caer de espaldas sobre la cama. Alli se quedo con los brazos en cruz, disfrutando del instante. Pero no duro mucho… desde su bolso sono la senal de llamada del movil. Se incorporo con un quejido y saco el telefono.

– Diga.

– ?Hola, mami! -dijo la alegre voz de su hija Soley.

– ?Hola, bicho! -respondio ?ora, que sonrio al oir su voz-. ?Que estas haciendo?

– Puf -exclamo la nina con bastante menos alegria-. Vamos a montar a caballo. -Y dijo algo en voz tan baja que ?ora casi no pudo entender sus palabras, mas aun porque su hija habia pegado la boca completamente al telefono para que nadie mas pudiera oirla. Le hablo con tono de estar contando algun secreto-. No tengo ni pizca de ganas. Los caballos son malos.

– ?Eh!-dijo ?ora, intentando dar animos a su hija-. No son malos, los caballos son siempre buenisimos. Ya veras que bien lo pasais… ?Hace buen tiempo?

– Gylfi tampoco quiere ir -susurro Soley-. Dice que los caballos son cosa del pasado.

– Ahora cuentame algo divertido, ?que hicisteis hoy? -pregunto la madre, consciente de que no era la persona mas adecuada para salir en defensa de los caballos.

La nina se puso otra vez contenta.

– Tomamos un helado y vimos los dibujos de la tele. Fue divertidisimo. Oye, Gylfi quiere hablar contigo.

Antes de que ?ora pudiese despedirse de la nina, en el telefono sono la voz de su hijo.

– Hola -dijo en tono mustio.

– Hola corazon -respondio ?ora-. ?Que tal todo?

– Horrible. -Gylfi intentaba no susurrar… si acaso, ?ora se dio cuenta de que habia bajado el tono de voz-. Tengo que hablar contigo un momento cuando vuelvas a casa.

– Por fin, corazon -contesto ?ora, sin saber si alegrarse de que por fin se hubiera decidido a abrirse o lamentarse por lo que le iba a decir-. Estupendo, ya tengo ganas de que sea pasado manana para charlar un poco. -Se despidieron y la madre hizo otro intento de tumbarse… sin exito. Al final se levanto y se dio una ducha caliente.

Mientras se secaba con las blanquisimas y morbidas toallas, los ojos de ?ora fueron a dar al folleto que resenaba los principales atractivos turisticos de los alrededores. Lo estudio por encima en busca de lugares que hubieran podido resultarle atractivos a Harald. Ciertamente habia mucho donde elegir, pero pocos sitios parecian

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