– No, no, que va. Quiza tampoco fuera ese el motivo. El era un hombre derrotado cuando fallecio. Es comprensible… morir solo, aquel hombre tan importante, toda su familia muerta y ningun descendiente. Es un destino que conmueve a quien oye su historia.

– Pero dijiste que Harald al principio tenia interes en ver la tumba de Brynjolfur… ?Luego cambio de parecer, o que paso?

– Si, desde luego. Me puse a hablar con el sobre Brynjolfur, un poco de todo, cuando vi que se habia llevado una decepcion con la tumba. Le ensene el sotano y le mostre la exposicion de antiguedades que tenemos alli. Luego sali a ensenarle las excavaciones arqueologicas. Despues surgio el tema de los manuscritos de Brynjolfur; ?sabiais que tenia una gran coleccion de manuscritos islandeses y extranjeros? -?ora y Matthew sacudieron la cabeza: no tenian ni la menor idea al respecto-. ?Sabiais que le regalo a Federico, el rey de Dinamarca, algunos de los pergaminos mas importantes del pais? -?ora sacudio la cabeza-. Vuestro amigo se puso de lo mas excitado cuando empece a hablarle de los manuscritos, y quiso saber que habia sido de ellos tras la muerte de Brynjolfur. No se lo pude decir con exactitud, aunque si sabia que los libros extranjeros se los dio a un hijo, por entonces aun muy nino, del corregidor de Bessasta?ir, un danes llamado Johann Klein, y los libros islandeses los repartio entre su sobrina Helga y su cunada Sigri?ur. Si que recuerdo que parte de los libros extranjeros desaparecieron; por lo menos, algunos ya no estaban cuando Johann Klein vino desde Bessasta?ir para recogerlos. Se dice que la gente de Skalholt escondio una parte de esas obras para que no se los llevaran a Dinamarca. Esos libros y manuscritos nunca han aparecido. Ni siquiera se sabe exactamente de que libros se trataba.

– ?Donde pudieron haberlos escondido? -pregunto ?ora mirando a su alrededor. El joven sonrio.

– Aqui dentro no. Este edificio es de 1956. La iglesia antigua, que Brynjolfur mando construir en los anos 1650-1651, se derrumbo en un terremoto en 1784.

– ?Y no habeis intentado encontrarlos?

– Aun no hemos encontrado la tumba de Brynjolfur y su familia, aunque exista una descripcion del lugar. Murio en 1675. Mucho menos aun podemos haber encontrado unos libros que pudieron haber estado enterrados aqui en la epoca… quiza. Tampoco se sabe a ciencia cierta que fue de los libros que fueron a parar a los herederos de la biblioteca, aunque tengo entendido que el Instituto Arni Magnusson consiguio hacerse con algunos de ellos al fundar su coleccion de manuscritos. Pudieron identificar los libros de Brynjolfur por su monograma.

– ?BS? -pregunto ?ora por decir algo.

– No. LL -respondio el joven sonriendo.

La mujer pregunto extranada:

– ?LL?

– Loricatus Lupus, expresion latina que significa «lobo acorazado», lo mismo que el islandes Brynjolfur. -Sonrio a ?ora, que no pudo evitar chasquear los dedos: Loricatus Lupus figuraba en la hoja de Harald. Ciertamente, estaban en el buen camino, si es que aquello guardaba alguna relacion con el crimen.

La conversacion no se alargo mucho mas. Ambos le dieron las gracias por su paciencia y se despidieron. Antes de poner el coche en marcha, Matthew se volvio hacia ella y dijo:

– Loricatus Lupus, vaya. ?No deberiamos esperar a que se vaya todo el mundo y ponernos a excavar en todas partes donde se pueda meter una pala?

– Si, faltaria mas -respondio ?ora sonriente-. Empezaremos por el cementerio.

– Tu manejas la pala… estas vestida para ese papel. Yo te iluminare con los faros del coche.

Abandonaron Skalholt.

– Se adonde tenemos que ir ahora -dijo ?ora con cara di inocente-. Al lado de Hella hay unas cuevas excavadas probablemente por los monjes irlandeses, a lo mejor vemos por alli algo que explique el interes de Harald por esos anacoretas. Y ahora recuerdo que me dijeron que Harald cogio prestada una linterna para ir a echar un vistazo por alli.

Matthew se encogio de hombros.

– Valdra la pena echar una ojeada… ?y la linterna?

– Nos pasamos por la gasolinera y compramos una.

Cando llegaron a Hella, era ya noche cerrada. Empezaron en la gasolinera, donde compraron dos linternas. Cuando le preguntaron al encargado, este les dijo que podrian obtener informacion sobre las grutas en el Hotel Mosfell. Estaba muy cerca, de modo que fueron caminando. Un hombre ya mayor y muy amable salio con ellos para indicarles la localizacion de las cuevas, que encontrarian junto a la carretera, al otro lado del rio. Les indico ademas el mejor sendero, pues no era posible llegar hasta las cuevas en coche. Tras darle las gracias muy cordialmente, regresaron al coche y fueron hasta el lugar donde el hombre les habia recomendado que dejaran el coche. Para gran alegria de ?ora, tenian que caminar un trecho por un herbazal que parecia pertenecer a una granja que habia alli cerca. Matthew resbalaba una y otra vez debido a la suela lisa de sus zapatos, pero siempre consiguio mantener el equilibrio a base de mover los brazos a un lado y otro como un poseso, como si estuviera intentando elevarse por el aire. Cuando llegaron al borde de la hondonada que llevaba hasta las cuevas, ?ora estaba ya del mejor de los humores.

– Alli -dijo, senalando con el dedo. Miro a Matthew con cara de preocupacion-. ?Crees que podras llegar hasta alli abajo, pobrecito mio?

Matthew fruncio las cejas mirando muy serio a ?ora, intentando comportarse como un hombre. Empezo a descender por la cuesta con muchisimo cuidado, como si fuera un anciano de noventa anos, mientras ?ora triscaba cuesta abajo como un corderito. Se detuvo por debajo de el, decidida a disfrutar del momento, y le grito, movida por una irrefrenable malicia:

– ?A moverse!

Matthew dejo que aquello le entrara por un oido y le saliera por otro, y por fin llego al final del sendero.

– ?Menudo fregado! -exclamo mientras encendia la linterna-. ?Tanta prisa tienes por ir a cenar conmigo cuando acabemos con esto?

?ora encendio su linterna y dirigio el haz de luz hacia los ojos de Matthew.

– Pues no, precisamente no. Vamos. -Dio media vuelta y entraron en la primera gruta-. ?Toma! ?Como se les ocurrio hacer una cosa como esta? -dijo estupefacta, y con el rayo de luz fue recorriendo todo aquel inmenso espacio. Si habia comprendido bien, aquellas grutas las habian excavado los monjes en la arenisca, con herramientas primitivas.

– ?Para que utilizarian esto? -pregunto Matthew.

– Como refugio principalmente -se oyo decir a una voz desconocida desde la boca de la cueva.

?ora dio un respingo del susto y se le cayo la linterna. Fue rodando por el suelo irregular de la cueva, con el rayo de luz iluminando la pared de enfrente, hasta detenerse.

– ?Dios mio, que susto!-exclamo, y se inclino para recoger la linterna-. No sabiamos que hubiera alguien aqui.

– Perdona, mi intencion no era meteros miedo en el cuerpo -se excuso el hombre, aunque ella penso que lo habia conseguido maravillosamente bien-. Estamos empatados -dijo el hombre entonces-. Hace mucho que no me llevaba un susto como el que me ha causado tu grito. Me llamaron desde Mosfell a decirme que habia unos turistas que venian para las cuevas. Pense que a lo mejor estabais interesados en un guia. Me llamo Grimur, y soy el propietario de las tierras de ahi arriba. Las cuevas estan en mi propiedad.

– Ya -dijo ?ora extranada-. No esta nada mal la finca. Y le agradeceremos que nos sirva de guia… no sabemos practicamente na da sobre lo que estamos viendo.

El hombre entro en la cueva y empezo a explicarles lo que tenian ante sus ojos. Lo hacia en islandes, y ?ora traducia la mayor parte para Matthew. El hombre les mostro entre otras cosas como se pensaba que se habian producido aquellos cubiculos en las paredes. Luego observaron un tubo de chimenea que habia sido excavado en el techo para permitir la entrada de aire o la salida de humo. Les mostro el altar que, supuestamente, los monjes irlandeses habian tallado o esculpido en la pared detras de la chimenea.

– Ah, aqui -exclamo ?ora emocionada y asombrada-. Esto es de lo mas impresionante.

– Si, desde luego -convino el hombre con gesto de broma-. Esta tierra siempre ha sido buena para vivir, por lo que se sabe. Hay muchos sitios donde encontrar buen cobijo.

– Desde luego. -?ora recorrio otra vez lo que se abria a su alrededor, con ayuda de la linterna-. ?Se han estudiado las cuevas? Quiero decir si no podria haber aqui objetos ocultos.

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