– ?Objetos? -El hombre parecia extranado. Se rio-. Querida amiga, esto se estuvo utilizando como establo hasta 1950. Dificilmente puede haber nada oculto. A menos que lo hubieran ocultado con mucho cuidado, te lo aseguro.

– Aah-dijo ella decepcionada-. ?Pero investigaron estos sitios, por decirlo asi?

– No, no es eso lo que digo -respondio el hombre-. Que yo sepa, solo una vez hubo una investigacion aqui en mis cuevas.

– ?Y cuando fue eso? -pregunto ?ora-. ?Recientemente?

El hombre rio.

– No, recientemente no puede decirse que fuera. No recuerdo cuando fue, pero hace un montonazo de anos. Practicamente no sacaron nada en claro, como era de esperar. Se encontraron restos de huesos de animales y unos cuantos agujeros que, segun tengo entendido, se utilizaban para cocinar. -Senalo unos agujeros en el suelo, cerca del altar-. No, lo poco que habia que encontrar salio a la luz hace tiempo… eso te lo aseguro.

?ora pregunto al hombre finalmente si tenia alguna idea de la visita de Harald a las cuevas. No supo dar razon, pero anadio que aquello no significaba en absoluto que no hubiera estado alli: las cuevas no estaban valladas y cualquiera podia deslizarse hasta alla abajo sin que el se enterase.

– Ahora ve a cambiarte de ropa, Cocodrilo Dundee -dijo Matthew cuando estuvieron de vuelta en el hotel-. Estoy encantado de poder quitarme la chaqueta e irme al bar. Digamos que a recuperar el tiempo perdido en la hondonada aquella.

?ora le hizo una mueca pero a pesar de todo se fue a cambiarse de ropa. Se puso unos pantalones de vestir y una sencilla camisa blanca; se lavo la cara y se pinto un poco los labios. No habia nada malo en arreglarse una pizca cuando la invitaban a una a cenar fuera… aunque, a fin de cuentas, tampoco tenia nada malo andar vestida con cualquier cosa. Pero se detuvo un poco en aquel «a fin de cuentas». No era suficientemente convincente, y daba que pensar. Dejo de darle vueltas y se dirigio hacia el bar. Alli estaba Matthew, en animada charla con el barman… seguramente el famoso Oli. Matthew le envio a ?ora una sonrisa, visiblemente satisfecho con la transformacion.

– Estupendo -dijo laconico y conciso-. Este es Oli. Estaba hablandome de Harald y Harry Potter… les recuerda bien. Bebian como locos y eran diferentes a los demas huespedes.

– Eso es mas bien un eufemismo -puntualizo Oli, y pregunto a ?ora que queria beber.

– Un vino blanco, por favor -respondio ella, que pregunto a su vez que queria decir con aquellas palabras.

– Bueno, ya ves -contesto el-. Se fueron tomando un tequila detras de otro… pidieron una guitarra aerea y otras cosas que no se ven mucho por aqui. Hasta ahora, con excepcion del tal Harald ese. Otros huespedes permanecian ahi sentados con la boca abierta, mirando como tontos a Harald y su amigo. Fumaban como carreteros… estuve a punto de quedarme frito con tanto cigarro.

?ora miro a su alrededor, a aquel confortable bar instalado bajo el techo de tablas. Habria podido mostrar su acuerdo… lo primero que a uno se le ocurria pedir no era precisamente una guitarra aerea… como mucho, un violin aereo, si existia semejante cosa. Se volvio hacia Oli:

– Y Harry Potter… ?tienes idea de cual era su nombre real?

El barman sonrio.

– Se llamaba Dori. Los dos acabaron demasiado borrachos para recordar que se llamaba Harry Potter, segun fue avanzando la noche. No lo tenian muy claro, todo lo que tenia algo que ver con la realidad.

Mas no se le pudo sacar a Oli. Se acomodaron en un gran sofa de cuero, brindaron y charlaron sobre los sucesos del dia. Vino el camarero con el menu y, cuando hubieron pedido, Matthew decidio tomarse otra copa. Para gran asombro de ?ora, ella misma tambien habia acabado la suya y no dijo que no a otra mas. Despues de la cena volvieron al bar, y en el tercer Cointreau, ?ora estaba ya a punto de pedir una guitarra aerea para Matthew y Oli. En lugar de eso, se recosto sobre el primero.

11 DE DICIEMBRE

Capitulo 27

?ora desperto con un dolor de cabeza, pulsante, opresivo, como si el cerebro estuviese intentando escapar del craneo. Se sujeto la frente con las manos y solto un quejido. Precisamente Cointreau. Ya era mayorcita para saber que «licor» significaba «resaca» en latin. Respiro hondo y se dio la vuelta a un costado. Al hacerlo, su mano rozo algo caliente, se desperto con un enorme sobresalto y sus ojos se abrieron de par en par. Junto a ella, en la cama, habia un hombre. Estaba viendo la espalda de Matthew. ?O la de Oli, el barman? Intento refrescar sus recuerdos de la noche anterior y suspiro muy bajito, pero con la alegria de haberse decantado por la mejor de las opciones. La niebla que llenaba su cabeza le hacia dificil encontrar una escapatoria a aquella situacion… ?como podia salir sin ser vista y sin despertar a Matthew? Y lo que era aun peor: ?que cara tenia que poner? ?Podria hacer como si no pasara nada? A lo mejor, el no recordaria ya nada. Esa era la cuestion… escaparse sin que lo notara y confiar en que el hubiese bebido cuatro veces mas que ella.

Sus buenas intenciones se vinieron por tierra cuando Matthew se dio la vuelta y le sonrio.

– Buenos dias -dijo con la boca totalmente reseca-. ?Que tal estas?

?ora levanto el borde del edredon. Estaba desnuda. Si se le hubiera concedido un solo deseo, habria sido estar completamente vestida bajo el edredon. Necesito carraspear fuerte varias veces antes de que las cuerdas vocales se pudieran poner en movimiento.

– Una cosa. Para que todo quede claro, ya entiendes. -Matthew la miro sin entender, pero la permitio continuar-. Lo de anoche no era yo, fue el alcohol. Digamos que dormiste con una botella de Cointreau… no conmigo.

– Ah, ya -dijo Matthew, incorporandose un poco y apo yandose sobre el codo-. Estas botellas de licor son totalmente imprevisibles. Desconocia por completo que acostumbraran a hacer ciertas cosas. Te dedicaste a decir maravillas de mis zapatos. Insististe en que me los dejara puestos.

Ella enrojecio. Intento encontrar algo que pudiera defender minimamente su integridad moral, pero no se le ocurrio nada. Poco a poco los recuerdos se le fueron haciendo mas claros y tuvo que reconocer ante si misma que tampoco habia estado tan mal.

– No se lo que me paso -se excuso sonrojandose aun mas.

– Tienes encima una resaca tremenda -dijo Matthew poniendo la mano sobre el edredon de ella.

– Es que yo no hago estas cosas… eso es todo. Soy madre de dos hijos y tu eres un extranjero.

– Pues ya que tienes hijos, esto no deberia pillarte con la guardia tan baja. -Esbozo una sonrisa-. Esto sucede mas o menos igual en todas partes, me parece a mi.

El rubor de las mejillas de ?ora empezo a acrecentarse. Su nerviosismo se multiplico por dos cuando, de repente, Amelia Guntlieb aparecio en su memoria.

– ?Le vas a contar esto a los Guntlieb?

Matthew echo la cabeza hacia atras y estallo en una carcajada. Despues de hartarse de reir, la miro y dijo tranquilamente:

– Naturalmente. Una de las clausulas de mi contrato como asesor establece que tengo que presentarles un informe de mi vida sexual a finales de cada mes. -Cuando se dio cuenta de que ?ora no estaba nada segura de si lo habia dicho en serio o en broma, anadio-: Claro que no, ?como se te puede ocurrir algo asi?

– No lo se… pero es que no quiero que la gente piense que tengo por costumbre acostarme con mis colaboradores. Nunca lo habia hecho hasta ahora. -Teniendo en cuenta que trabajaba con Bragi, ya muy mayor, aquella horrible Bella y el empalagoso ?or, aquella justificacion era practicamente palabras vacias.

– Yo no me lo he tomado asi -dijo Matthew-. Lo he tomado como que en aquel preciso momento te apetecio acostarte conmigo… que no fuiste capaz de resistirte a mi atractivo sexual. -La miro con gesto de estar tomandole

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