Se quedo como idiotizada, con la mirada perdida. Hannes nunca apagaba su movil: dormia con el en la mesilla por si alguien le necesitaba a media noche. Los paseos a caballo, ademas, los organizaba siempre de modo que fueran en zona de cobertura: dudaba de que Hannes se hubiera permitido nunca salir de una de esas zonas desde que se compro el movil. Volvio a llamar pero no hubo respuesta. ?Que podia haber hecho el chico? ?Habria empezado a fumar? No, que va. ?Se habria hecho adicto a las drogas? No, imposible. Ella se habria tenido que dar cuenta. ?Estaba saliendo del armario? ?Queria ir con ellos a una reunion de la asociacion? Pero Hannes no se habria puesto como un basilisco por eso, porque una cosa si que habia que reconocerle: era bastante moderno. Ademas, ella habia tenido siempre la sensacion de que Gylfi estaba colado por aquella chica que nunca recordaba como se llamaba. No, no se trataba de eso. Su mente se veia atravesada por toda clase de ideas, cada cual mas absurda que la anterior. Que sera, sera. Se puso en pie y miro el pasillo para ver si Matthew llegaba ya. Resulto que estaba en la puerta de su habitacion intentando sacar la maleta.

En cuanto lo consiguio, ?ora le agarro del brazo y casi lo arrastro.

– ?Que pasa? -pregunto extranado cuando ella le empujo para salir del hotel.

– En casa pasa algo gordo y tengo que llegar alli lo antes posible; inmediatamente.

Matthew no se hizo de rogar y, sin preguntar de que se trataba, metio las maletas en el coche y se sento al volante. Salieron hacia Reikiavik, pasando por Hella, Selfoss y Hverager?our. Matthew apenas dijo nada. Solo al llegar a Kembar le pregunto si habia algo que el pudiera hacer, y ?ora le respondio que ni siquiera ella sabia lo que sucedia… fuera lo que fuese, se podria solucionar. Le dijo que era algo relativo a su hijo, algo que el tenia que comunicarle. Al pasar por Ski?askal iban muy bien de tiempo, y tambien cuando atravesaron el Litla kaffistofa. En Rau?avatn, reventon.

– Maldita sea -exclamo Matthew, que agarro con fuerza el volante para no perder el control del vehiculo. Redujeron la velocidad y se detuvieron en el arcen.

– ?Oh no, no!-grito ?ora. Miro el reloj. Las doce y veinticinco. Aun podrian llegar a Nes antes de la una, si conseguian cambiar pronto la rueda.

– ?Mierda de neumatico del demonio! -bramo Matthew mientras se afanaba en sacar la rueda del maletero. Finalmente lo consiguio y se lanzaron a levantar el coche con el gato y a cambiar el neumatico. Cuando terminaron, Matthew cogio la cubierta pinchada y la echo al maletero, con tanta precision que aterrizo sobre el maletin de ?ora. A ella no podia haberle importado menos. La hora se acercaba a toda velocidad.

Se metieron en el coche y Matthew arranco.

– Esperame -dijo ?ora cuando llegaron a su casa, y subio corriendo. Saco las llaves mientras corria para no perder ni un segundo con el timbre. Llamo con la mano izquierda para que Gylfi supiera que llegaba, mientras con la derecha metia la llave en la cerradura y abria-. Gylfi -le llamo jadeante.

– Hola mami. -Soley vino corriendo hacia ella, una sonrisa tan luminosa. Si habia pasado algo, a ella no le habia afectado mucho.

– Hola carinito. ?Donde esta tu hermano? -?ora paso al lado de Soley en busca de su hijo.

– Se fue. Tengo un papelito para ti -dijo sacando del bolsillo del pantalon un papel doblado.

?ora le arrebato la nota de las manos. Mientras la desdoblaba, pregunto:

– ?Cuando se fue? ?Y adonde?

– Pues se tuvo que ir. Hace una hora. -Soley todavia no se aclaraba mucho con las horas y los relojes. Gylfi podia haberse ido hacia un segundo o dos semanas, ella no veia la diferencia-. Se fue a donde pone ahi-. Un dedito senalo la nota como para evitar que se confundiera.

– Venga. -?ora vio que la direccion era de Nes, de modo que no muy lejos de alli-. Vamos a dar un paseo en coche con un amigo mio. -Le echo a Soley sobre los hombros el plumifero de Gylfi, le coloco unas botas de agua y se la llevo. Abrio de golpe la portecilla trasera del todoterreno y ayudo a su hija a entrar con movimientos rapidos. Luego se sento ella en el asiento delantero y le dijo a Matthew que arrancara.

– Matthew, esta es mi hija Soley. Solo habla islandes. Soley, este es Matthew. No sabe islandes, pero seguro que sereis buenos amigos.

El hombre dedico un segundo a mirar a la nina y sonreirle.

– Tan linda como su mama -dijo, y giro hacia una calle lateral, siguiendo el gesto de la mano de ?ora-. Y el mismo gusto para vestir.

– Ahi… y luego a la derecha. Buscamos el numero 45 -dijo ?ora, aun nerviosa. La casa aparecio enseguida. Fue facil reconocerla, porque vio la espalda de Gylfi que subia las escaleras de la entrada.

– Alli, alli -exclamo ?ora como loca, senalando a su hijo. Matthew redujo la velocidad y detuvo el coche junto a la acera, justo delante de la casa: el paso de vehiculos estaba ocupado. ?ora reconocio uno de los coches: era el de Hannes. Abrio la puerta a toda prisa en el momento en que el coche se detenia-. Soley, esperame aqui con Matthew.

Gylfi no miro hasta que su madre hubo gritado su nombre varias veces mientras corria hacia la casa. Habia llegado ya a la puerta de la calle, y alli estaba el, cabizbajo, que acababa de tocar al timbre.

– Hola -saludo con un hilo de voz.

– No pude llegar antes -dijo ?ora animosa. Puso el brazo sobre los hombros de su hijo-. ?Pero que es lo que pasa, corazon? ?Quienes viven aqui?

Gylfi la miro, su gesto reflejaba absoluta desesperacion.

– Sigga esta embarazada. Solo esta en decimo. Yo soy el padre. Aqui viven sus padres.

La puerta se abrio justo cuando pronunciaba la ultima palabra. ?ora se quedo petrificada y boquiabierta. Por algun motivo, era incapaz de apartar los ojos del i-Pod que su hijo llevaba en torno al cuello, quiza porque era lo que estaba mirando cuando se derrumbo el mundo. Si quien abrio la puerta no hubiese estado dominado por la ira, seguramente habria sonreido al ver el estupido gesto de ?ora.

– Hola -le dijo un hombre de mediana edad, que miro luego a Gylfi, entorno los ojos con desprecio y anadio-: Buenas. -Pero tras esta simple palabra se ocultaba algo muy distinto que un deseo de felicidad y bienestar. Mas bien, en ella podia leerse entre lineas: Vete al infierno, violador de ingenuas e inocentes hijitas de personas honradas.

La cortesia intervino por pura costumbre y ?ora intento sonreir.

– Hola, me llamo ?ora. La madre de Gylfi.

El hombre gruno algo, pero pese a todo les invito a entrar. Se despojaron del calzado bajo los irritados ojos del hombre, que permanecia apoyado sobre el marco de la puerta del vestibulo. ?ora tuvo la clara sensacion de que el hombre se estaba preparando para no ponerle los puntos sobre las ies solo a Gylfi, sino que seguramente arrojaria tambien su desprecio contra la senora.

– Gracias -dijo ?ora al vacio cuando paso por delante del hombre y entro en el salon. Llevaba las dos manos sobre los hombros de su hijo, conduciendole por delante de ella… por si acaso la furia empujaba a aquel hombre a agredirla. Entraron sin mas a un gran salon abierto donde habia tres personas: Hannes, a quien ?ora reconocio inmediatamente por la posicion del cuello, una mujer de la edad de ?ora que se puso en pie cuando se acercaron y una chica jovencita sentada en una silla, con la cabeza baja, totalmente abatida.

– Bueno, por fin llegais -casi grito la mujer con voz chillona. «Oh, Dios mio, permite que el nino herede voz de contralto», rezo ?ora en silencio. Intento de nuevo esbozar una sonrisa. Las manos seguian sobre los hombros de su hijo.

– Hannes -dijo ?ora mirando a su antiguo marido. Intento enviarle un mensaje para que ahora cumpliese el su obligacion y la permitiese pasar lo mas desapercibida posible. Pero el no dejo traslucir signo alguno de haber recibido el mensaje, sino que la miro con gesto severo-. Hola Sigga -le dijo tan amistosamente como pudo a la chica, que al oirla levanto la mirada. Tenia los ojos hinchados de llorar y se veian dos lagrimas largas y gruesas en cada uno.

Gylfi se solto por fin de las manos de ?ora y corrio hacia la muchacha.

– ?Sigga!-gimoteo, visiblemente conmovido de ver a su amor en tan triste estado.

– ?Ah, estupendo! -aullo la madre-. ?Igualito que Romeo y Julieta! Me haceis vomitar.

?ora se volvio hacia ella como movida por un resorte. Su rostro estaba rojo de ira. Alli estaban dos jovencitos que habian dado un traspies horrible, y la mujer aquella tenia el valor de burlarse de su destino, aunque uno de los dos fuera su propia hija. ?ora no solia perder el control, pero esta vez sucedio.

– Perdona, pero esto es ya suficientemente dificil… no vayas a empeorar las cosas aun mas con ese humor islandes. -Hannes se puso en pie de un salto y ?ora noto que se la llevaba hasta el sofa antes de que pudiera oponer resistencia. La mujer jadeaba como una posesa: la furia relampagueaba en sus ojos aun mas que

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