antes-: Pero sigo manteniendo lo que dije, Gunnar. Solo te quedan unos dias para encontrarlo. No puedo verme en un apuro asi por culpa de vuestros estudiantes.
Gunnar penso cuantos serian «unos» dias. Seguramente no mas de cinco, mas probablemente andaria por los tres. No queria presionarla dando una respuesta mas precisa por miedo a que redujese el plazo.
– Me hago cargo… te informare en cuanto sepa algo.
Se despidieron bastante secamente. Gunnar escondio la cabeza entre las manos y se apoyo en los codos. Aquella carta tenia que aparecer. Si no… seguramente podria ir despidiendose de su puesto. No resultaba admisible que un decano se viese involucrado en el robo de bienes pertenecientes a una institucion extranjera. El odio ascendio por su interior. Aquel maldito Harald Guntlieb. Antes de que apareciese el, Gunnar tenia ciertas expectativas de llegar a presentarse a rector en un plazo breve. Ahora habia pasado a sonar con que la vida pudiese seguir como hasta entonces. Asi estaban las cosas. Llamaron a la puerta.
Gunnar se incorporo y dijo en voz alta:
– Entre.
– Buenas, perdone que le moleste un momento. -Era Tryggvi, el conserje. Entro y cerro la puerta tras de si. Fue lentamente hasta el escritorio de Gunnar y rechazo el asiento que este le ofrecio. Extendio el brazo y abrio la mano, con la palma hacia arriba.
– Una de las limpiadoras encontro esto en el local de la asociacion de estudiantes.
Gunnar se estiro para mirar una pequena estrella de acero. La observo con detenimiento y luego miro a Tryggvi, extranado.
– ?Que es esto? No debe de tener ningun valor.
El conserje carraspeo.
– Creo que es una estrella de los zapatos del Harald ese. La limpiadora la encontro el otro dia, pero hasta hoy no me dijo nada.
El decano le miro sin comprender.
– ?Y que? No entiendo nada.
– Hay mas. Si la he comprendido bien, tambien encontro sangre en una de las ventanas. -Tryggvi miro a Gunnar a los ojos, aparentemente esperando su reaccion.
– ?Sangre? ?No le estrangularon? -pregunto Gunnar perplejo-. ?No sera sangre vieja?
El conserje se encogio de hombros.
– No lo se. Solo queria traerle esto… ya decidira usted lo que hacer con ello. -Iba a darse la vuelta para marcharse, pero se detuvo-. En realidad le hicieron otras cosas, ademas de estrangularle.
Gunnar sintio que se le revolvia el estomago al recordar su espeluznante encuentro con el cadaver.
– Si, tiene razon. -Miro desconcertado la estrella. Levanto la mirada cuando Tryggvi volvio a hablar.
– Estoy seguro de que es de los zapatos que llevaba cuando lo asesinaron. Pero, naturalmente, no tengo ni idea de si la estrella se le habia caido antes.
– Ya, claro -murmuro el decano. Apreto los dientes, miro decidido a Tryggvi, se puso en pie y dijo-: Muchas gracias, a lo mejor no tiene ninguna importancia, pero hizo bien en informarme.
El conserje asintio con un lento movimiento de cabeza.
– En realidad hay mas -dijo mientras sacaba del bolsillo una toalla plegada-. La que limpio la sala de los estudiantes el fin de semana que se cometio el crimen hallo restos de sangre en el suelo, que alguien habia intentado limpiar. Y tambien encontro esto. -Entrego la toalla a Gunnar-. Creo que no estaria mal hablar con la policia.
Dio las gracias y salio. Gunnar volvio a sentarse, clavo los ojos en la estrella y se puso a pensar que debia hacer. ?Tendria aquello alguna importancia? ?Una llamada telefonica a la policia volveria a removerlo todo y habria que empezar de nuevo con el caso? Eso no podia ser. Eso no podia ser de ninguna manera, justo ahora que todo se estaba sosegando por fin. Aparte de aquella mierda de carta, claro. Aquello tendria que esperar hasta el lunes. Abrio la toalla. Le llevo un tiempo hacerse una idea de la relacion que aquel objeto sin importancia podia tener con el caso. Cuando se dio perfecta cuenta, apenas pudo ponerse una mano delante de la boca antes de soltar un grito. Levanto el telefono y marco el 112. Aquello no podia esperar hasta el lunes.
Capitulo 26
El viaje a Ranga fue de pelicula. El buen tiempo habia continuado y, aunque todo estaba cubierto de nieve, la atmosfera era tranquila y luminosa. ?ora iba sentada de lo mas contenta en el asiento delantero del nuevo todoterreno de alquiler, contemplando lo que se le ofrecia ante los ojos. Estuvo machacando a Matthew con la importancia de conducir despacio al descender por Kambar, contando historias y mas historias de accidentes de circulacion, con la consecuencia de que atravesaron la zona a velocidad de tortuga. ?ora perdio enseguida la cuenta de los coches que les adelantaban. Aprovecho el tiempo para revisar una de las dos carpetas que les habia entregado la policia, y que segun dijeron contenia la totalidad de los informes. Se entretuvo en los detalles de la camiseta encontrada en el armario de Hugi.
– ?Toma!-exclamo sin darse cuenta.
Matthew se sobresalto y la velocidad del coche se redujo aun mas.
– ?Que?
– La camiseta -dijo ?ora exaltada, golpeando con un dedo sobre la pagina abierta-. La camiseta esta es la que vi en las fotos de la operacion de la lengua.
– ?Y? -pregunto el sin comprender.
– En las fotos se veia una camiseta en la que ponia
– El tendria que recordarlo -dijo Matthew-. Uno no se mancha la ropa con la sangre de otro todos los dias.
– Tu y yo quiza no -respondio ?ora-. ?Recuerdas que Hugi dijo que no habia visto nunca la camiseta? Quiza no recordaba ya nada de aquello.
– Quiza -convino el. Continuaron en silencio un rato pero al atravesar el puente del rio Ytri Ranga, en Hella, dejo escapar de pronto-: Las dos llegan manana.
– ?Las dos? ?Quienes?
– Amelia Guntlieb y su hija Elisa -dijo Matthew sin apartar los ojos de la carretera.
– ?Eh? ?Que vienen? -pregunto ?ora perpleja-. ?Por que?
– Tenias razon. La hermana de Harald estuvo en su casa justo antes del crimen. Quiere hablar con nosotros… tengo entendido, segun me conto su madre, que Harald le habia hablado de en que andaba trabajando. Aunque desde luego no en detalle.
– Ah, vaya -dijo ?ora-. Comprendo lo de la hermana… ?pero y la madre? ?Viene a hacer de carabina mientras hablamos con su hija?
– No. Viene para charlar contigo. En privado. De madre a madre… son sus propias palabras. Ya sabes que tenia intencion de hablar contigo. ?Creias que iba a ser por telefono?
– Si, claro. ?De madre a madre? ?Para comparar nuestros libros de educacion de los hijos? -Nada le apetecia a ?ora menos que verse en persona con aquella mujer.
Matthew se encogio de hombros.
– No lo se; yo no soy madre.
– ?Cojonudo! -exclamo ella dejandose caer sobre el respaldo del asiento. Empezo a reflexionar, pero volvio a tomar la palabra con prudencia-. La hermana… ?puede estar involucrada en el caso de alguna forma?
– No. Excluido.
– Si se me permite preguntar: ?por que esta excluido?
– Porque esta excluido. Elisa no es asi. Ademas, dice que regreso el viernes; cogio un vuelo de Keflavik a Francfort.
– ?Y eso te basta? ?Que lo diga ella? -pregunto la abogada, extranada por la simpleza de Matthew.
