– No, no puedo decir que viera nada de eso. En su momento, la policia pregunto lo mismo. Lo unico que recuerdo fue una pelotera, una rina, entre Harald y una chica. Pero no me fije demasiado, estaba ocupada preparando el pastel de Navidad. No es que estuviera yo tambien alli, con ellos, que va; solo les oi al pasar. -La voz se le fue apagando. Sin que se lo pidieran, les habia ensenado el lavadero, les habia explicado como y donde habia encontrado la caja. El cuarto daba al interior y no se podia pensar que hubiera
– ?Oh! -suspiro con su mejor espiritu de colaboracion-. Yo tambien vivi en un piso en el que la puerta del espacio comun daba a mi vivienda, y no habia forma. En cuanto habia alguien alli, se oia practicamente todo. Me resultaba insoportable.
– Si -dijo la mujer, vacilante-. Harald solia ir solo al lavadero… asi que bien. No se si aquella chica le estaba ayudando con la colada o si simplemente le acompano y estaban ya de malas. Era por culpa de un documento desaparecido, si no recuerdo mal. A lo mejor era ese -La mujer senalo con la barbilla en direccion a la carta antigua-. Harald le pedia que dejara en paz el tema; al principio muy tranquilamente, pero se fue calentando cuando ella insistio en que la apoyara. No hacia mas que repetir que aquello podria ser un empujon maravilloso para la carrera… significara eso lo que significara. No oi nada mas, porque fue solo de pasada, como les he dicho.
– ?Reconocio la voz de la chica? ?Podia haber sido una chica rubia, menudita, que formaba parte de su grupo de amigos? -pregunto ?ora, esperanzada.
– No, no la reconoci-dijo la mujer, nuevamente con hosquedad-. Habia dos que venian por aqui, sobre todo una alta y pelirroja y luego la que acaba de describir usted. Las dos tenian en comun la pinta como de putas reclutadas a toda prisa en el ejercito… con pinturas de guerra y ropas de camuflaje completamente deformes. Ambas carecian del mas minimo atractivo y eras unas maleducadas. Puedo asegurarles que ni siquiera me saludaban, aunque nos encontrabamos bastantes veces. Por eso nunca les oi la voz.
Aunque ?ora estaba de acuerdo con la mujer en que Briet y Marta Mist eran bastante maleducadas, no se podia decir precisamente que careciesen de atractivo. Estaba empezando a sospechar que la mujer podia estar enamorada de Harald y por eso le molestaban tanto sus amigas. Cosas mas raras pasan. Intento que no se le notara.
– Bueno, en todo caso, no importa demasiado. Sin duda, eso no tiene ninguna relacion con el caso. -Se dispuso a levantarse y cogio la carta-. De nuevo, muchisimas gracias, y transmitire inmediatamente sus deseos en lo referente al apartamento.
Matthew tambien se levanto y le dio la mano a la senora. La miro sonriente, y ella le devolvio la sonrisa, aunque no parecia tenerlas todas consigo.
– ?No le interesaria a usted quedarse con el apartamento? -pregunto la mujer, que puso su mano izquierda sobre la de Matthew, de lo mas afable.
– Si, no, solo estoy temporalmente en este pais -dijo el con apuro, intentando pensar como recuperar la mano.
– En ultimo caso, siempre podrias vivir en casa de Bella -intervino ?ora con una sonrisita perversa. Matthew le envio una mirada asesina que solo se suavizo cuando la mujer le solto la mano.
– Tu le das el documento -dijo ?ora, intentando pasarle a Matthew el grueso sobre. La mujer se lo habia traido cuando se estaban marchando… para evitar mayores danos al documento. Si servia de algo ya.
– De eso ni hablar -se quejo Matthew apretando contra el cuerpo los brazos cruzados-. Tuya fue la idea y yo pienso limitarme a sentarme con vosotros y ver lo que pasa… y a darle un panuelo al buen hombre si se echa a llorar cuando le des ese papelucho roto.
– No me sentia asi desde que acababa de sacarme el carne de conducir y le di por detras al coche del vecino -dijo ?ora mientras esperaban. Les habian dicho que se sentaran, senalando que Gunnar estaba a punto de volver de clase. No habia nada que hacer entretanto, asi que ?ora se reclino en el respaldo de la silla-. Y ni siquiera es que haya sido yo quien rompio la carta.
– Pero eres tu a quien le toca comunicarle la noticia -dijo Matthew, mirando el reloj-. ?Es que no va a llegar nunca? Tengo que comer antes de que vayas tu a hablar con Amelia. ?Seguro, seguro, que el dia de descanso de la hosteleria dura solo hasta mediodia?
– No tardaremos mucho, no te preocupes. Te habras ido a comer antes de que puedas darte cuenta. - Escucho unos pasos que se acercaban desde el final del pasillo y levanto la vista. Era Gunnar, que caminaba rapidamente hacia ellos. Cargaba un monton de papeles y libros en los brazos y parecio asombrado de verles.
– Buenos dias -dijo mientras trataba de sacar del bolsillo la llave del despacho-. ?Han venido a verme a mi?
Matthew y ?ora se levantaron.
– Si, buenos dias -dijo ella. Hizo ondear el sobre-. Queriamos comprobar con usted si una carta encontrada este fin de semana era la que andaba buscando.
En rostro de Gunnar se ilumino.
– ?Que me dice!-exclamo mientras abria la puerta de su despacho-. Sirvanse pasar, por favor. Es una noticia esplendida. -Fue a su escritorio y dejo el cargamento. Luego se sento y lea luzo sena de que ellos hicieran lo propio-. ?Y donde aparecio?
?ora se sento y puso el sobre encima de la mesa.
– En casa de Harald, dentro de una caja con otros objetos. Tengo que advertirle que la carta no esta en buen estado de conservacion. -Sonrio pidiendo excusas-. La persona que la encontro habia sufrido un ataque de nervios.
– ?Un ataque de nervios? -pregunto Gunnar sin comprender. Cogio el sobre y lo abrio con sumo cuidado. Muy despacio fue sacando la carta y cuando pudo comprobar con claridad cual era su estado, se fue disgustando mas y mas-. ?Pero que demonios es lo que paso! -Puso la carta sobre la mesa, delante de el, y se quedo mirandola fijamente.
– Mmmm, la mujer encontro toda clase de cosas que la desequilibraron por completo -explico ?ora-. Y no sin motivo, se lo aseguro. Nos pidio que dijeramos que lo sentia muchisimo, pero que esperaba que fuera posible recomponerla. -Sonrio pidiendo excusas.
Gunnar no dijo nada. Siguio mirando fijamente la carta, inmovil. De pronto, se echo a reir. Con una risa bastante destemplada… nada parecida a la que se produce cuando alguien dice algo divertido.
– ?Dios mio! -exclamo asfixiado cuando se le paso el ataque de risa-. ?Como se va a enfadar Maria! -Su cuerpo sufrio un estremecimiento al decir aquellas palabras. Acaricio el documento, lo levanto y lo observo-. Pero si, esta es la carta, asi que al menos habria que alegrarse de que haya aparecido -resoplo.
– Maria -dijo ?ora-. ?Quien es Maria?
– La presidenta del Instituto Arni Magnusson -dijo Gunnar con voz apagada-. Es ella quien esta en pie de guerra por culpa de esta carta.
– Expliquele lo de la mujer que la encontro -propuso ?ora-, que esta apenadisima por lo sucedido.
Gunnar levanto la vista de la carta y miro a ?ora. Su gesto indicaba que aquello no importaria mucho.
– Si, eso hare.
– Y ya de paso, querria aprovechar la oportunidad, Gunnar, para preguntarle por una alumna de la facultad: Briet, una amiga de Harald.
Gunnar entorno los ojos, serio.
– ?Que pasa con ella?
– Nos han dicho que tuvieron un rifirrafe ellos dos. Algo relacionado con un trabajo sobre Brynjolfur Sveinsson que estaban haciendo juntos. Su relacion se agrio a causa de un documento desaparecido. ?Sabe usted algo de eso? -?ora se dio cuenta de que en la pared, detras de Gunnar, habia colgada una pintura, y le parecio que se trataba precisamente del dichoso Brynjolfur-. ?No es ese? -senalo el cuadro.
Gunnar permanecia en silencio, pensativo. No miro hacia atras, sin duda sabia perfectamente lo que habia en la pared.
– Ese no es Brynjolfur Sveinsson, es un antepasado mio, con cuyo nombre fui bautizado. El reverendo Gunnar
