Har?arson. Lleva habito de sacerdote, no ropas obispales del siglo XVII.

?ora se sonrojo y decidio no preguntar por ninguna de las numerosisimas fotografias enmarcadas que colgaban tambien en las paredes… una foto que le parecio ser de Gunnar y el campesino de Hella que les habia acompanado a Matthew y a ella cuando estuvieron visitando las cuevas. El hecho de que se sonrojara, irrito aun mas a Gunnar, que se inclino sobre el borde de la mesa y dijo enfadado:

– Son ustedes de los huespedes mas fastidiosos que he tenido nunca -dijo secamente.

?ora se quedo estupefacta.

– Lo lamento mucho. Pero si querria pedirle que tuviera un poquito de paciencia con nosotros… estamos intentando atar una serie de cabos sueltos y esto de Briet es uno de ellos. Si no quiere informarnos al respecto, puede darnos el nombre del profesor, o del catedratico, que se encargo del tema.

– No, no. Claro que puedo informarles yo… no me sera nada dificultoso. Solamente les rogaria que se abstuviesen de indagar demasiado en los asuntos privados de la facultad. Este es uno de ellos.

– ?Y eso? -pregunto ?ora extranada-. Yo creia que esto tenia que ver sobre todo con esa chica, Briet. Tenemos entendido que se comporto de una forma algo extrana, y por eso le hacemos la pregunta.

– Briet, si. Exacto, se comporto de una manera harto extrana. Fue principalmente gracias a Harald por lo que se consiguio detenerla antes de que la institucion se hallara en una situacion muy comprometida. -Gunnar se aflojo el nudo de la corbata.

– ?Pero de que se trataba exactamente? -pregunto ella mientras observaba el alfiler de corbata de Gunnar. Le recordaba a algo, pero no conseguia caer.

Gunnar bajo los ojos hacia la corbata, pues le extrano que ?ora la mirase con tanta atencion. Como por costumbre, se paso la mano por encima, por si casualmente tenia alli algun resto de comida. Se raspo en el borde aguzado del alfiler y retiro la mano al instante.

– ?De que se trataba, me pregunta? Vamos a ver. Si no recuerdo mal, Harald y Briet decidieron catalogar todas las fuentes sobre Brynjolfur Sveinsson de las que se tenia noticia, y aquel trabajo era parte de los estudios que cursaban. Creo que fue Harald quien propuso el tema, no Briet. Ella se limito a sumarse a el, estaba acostumbrada a engancharse a otros para hacer los trabajos de curso.

– ?Aquello tenia alguna relacion con la tesis del master de Harald? -pregunto ?ora, aunque penso que debia de ser una manera de comprobar si Brynjolfur habia tenido la version original del Malleus Maleficarum sin siquiera saberlo.

– No, de ningun modo -respondio Gunnar-. Nosotros lo consideramos bastante irrelevante a ese respecto, creo haberselo mencionado a ustedes. En lugar de utilizar los trabajos de curso de las distintas asignaturas como temas preparatorios de su tesis, solia dedicarse a asuntos que con frecuencia carecian de toda relacion con la cuestion de la brujeria.

– ?Fue usted el supervisor de ese trabajo? -pregunto ?ora.

– No, creo recordar que fue ?orbjorn Olafsson. Puedo comprobarlo, si quiere. -Gunnar movio la mano en direccion al ordenador que habia sobre la mesa.

?ora declino la oferta.

– No, seguramente no hace falta. Con que pudiera decirnos que es lo que paso, nos bastaria. Por ahora no queremos pedirle nada mas. No andamos demasiado bien de tiempo.

Gunnar miro su reloj.

– Ni yo tampoco, desde luego… tengo que ir a llevarle la carta a Maria. -En su gesto se podia leer que no le hacia mucha gracia la visita que tenia que hacer-. Fueron a las principales bibliotecas de la ciudad, al Archivo Nacional, a la Seccion de Manuscritos y otros lugares semejantes para catalogar todos los documentos y cartas en los que se menciona al obispo Brynjolfur Sveinsson. Les fue bastante bien, segun tengo entendido, hasta que Briet creyo descubrir que una carta habia desaparecido del Archivo Nacional.

– ?Eso seria posible? -pregunto ?ora mirando como sin querer el destrozado papel que habia sobre la mesa-. Quiero decir, de una forma diferente a lo que ha pasado ahora.

– Bien, puede pasar, pero en esta ocasion se trataba de una mera cuestion de incompetencia del sistema de control. Ciertamente se desconoce que fue de la carta, pero ella acuso del robo a cierto individuo que esta por encima de toda sospecha en ese contexto.

– ?A quien? -pregunto ?ora.

– A quien esta aqui presente -respondio Gunnar, y guardo silencio. Les miro alternativamente a uno y otro, retandoles con los ojos a poner en duda su inocencia.

– Comprendo -dijo ?ora; miro decidida a Gunnar y anadio-: Perdone que se lo pregunte, pero ?como se le ocurrio a Briet semejante idea?

– Como les he dicho, se habian producido ciertos errores en la catalogacion. Segun el catalogo, yo fui la ultima persona que pudo estudiar la carta, aunque nunca la he tenido en mis manos. Quiza alguna otra persona utilizo mi nombre, o la signatura se confundio. Brynjolfur Sveinsson no me interesa, y jamas se me habria pasado por la cabeza buscar documentos relacionados con el. Lo que hizo aun mas desdichado este asunto fue que la chica intento aprovechar la ocasion para facilitarle las cosas en los estudios. Con toda desfachatez, me dijo que callaria si le echaba una manita, por repetir su vulgar expresion. Hable del asunto con Harald y el me prometio quitarle aquella locura de la cabeza. Me puse en contacto con un amigo mio del Archivo Nacional y le exprese mi deseo de que investigaran el asunto. No quiero que ninguna mocosa se crea con derecho a insubordinarseme. Pero no pudieron encontrar nada en todo este tiempo, y ya ha transcurrido alrededor de un ano. Al final reconocieron que debia de haber sido un error por su parte, la carta habria acabado confundida con otros documentos y acabaria por aparecer mas pronto o mas tarde. Briet tuvo el seso suficiente para no volver a hablarme del tema.

– ?Y que carta era esa? -pregunto ?ora-. Quiero decir, ?de que trataba?

– La carta fue escrita en el ano 1702 y era de uno de los sacerdotes de Skalholt, e iba dirigida a Arni Magnusson. Seria la respuesta a una solicitud de Arni acerca del paradero de los manuscritos extranjeros propiedad de Brynjolfur Sveinsson, que habia muerto unos anos antes, en 1675. No hay duda alguna de que la carta estaba en la biblioteca. Muchos la recuerdan, ademas. A todos les parecio bastante extrano.

– ?Nada mas? -inquirio ?ora-. ?Nada sobre manuscritos que hubieran podido estar escondidos, o sobre intentos de sacarlos de Skalholt?

Gunnar la miro con gesto pensativo.

– ?Por que pregunta, si conoce la respuesta?

– ?Que quiere decir? -pregunto ?ora extranada-. Yo no se nada sobre esa carta, aparte de lo que acaba de decirnos. -Sus ojos volvieron a dirigirse al alfiler de corbata de Gunnar. ?Que demonios pasaba con aquel alfiler que tanto la irritaba? ?Y que cosa rara pasaba con aquel hombre?

– Extrana casualidad -dijo el decano secamente. Evidentemente, estaba convencido de que sabian mas de lo que en realidad sabian-. Podemos seguir jugando a los despropositos, si quieren. En la carta hay unas expresiones que se resisten a la interpretacion, un texto bastante oscuro sobre la proteccion de unos tesoros contra el gobernador danes y su deposito donde la cruz antigua. La mayoria coincide en que se refiere a la santa cruz de la iglesia de Ka?lanes, que fue retirada de alli en la Reforma a causa de la prohibicion de las reliquias.

– Sabe usted muchisimo sobre esa carta -dijo Matthew, que intervenia por primera vez-. Teniendo en cuenta que nunca la ha visto.

– Naturalmente me informe al respecto cuando se me quiso imputar aquel error -replico Gunnar al momento-. La carta es bien conocida entre los historiadores, y varios de ellos escribieron interesantes articulos al respecto.

?ora volvio a clavar los ojos en la corbata, como por aburrimiento. Era un alfiler nada corriente, de forma bastante irregular y, al parecer, de plata.

– ?Donde consiguio ese alfiler de corbata? -pregunto, como si fuera tonta, senalando la corbata azul ribeteada de cuero.

Gunnar y Matthew la miraron extranados. Gunnar cogio la corbata y miro el alfiler. Luego la solto otra vez y volvio a mirar a ?ora.

– Tengo que reconocer que ya no se adonde va nuestra conversacion. Pero, ya que tanto parece interesarle, le dire que fue un regalo en mi quincuagesimo cumpleanos. -Se puso en pie-. Creo que no tiene sentido alguno continuar esta conversacion… no tengo especial interes en hablar sobre mi mismo. Me espera una reunion muy poco agradable con Maria, la presidenta del Instituto Arni Magnusson, y no puedo seguir perdiendo el tiempo con

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