– Pues vaya perspectiva mas halaguena para mi cliente -dijo ?ora-. No quiere seguir siendo sospechoso el resto de su vida, que es lo que sucedera si no se averigua la verdad -callo, pero prosiguio enseguida-: Claro que, en cierto modo, eso seria lo mejor para el, en caso de no encontrar al culpable. Porque tambien podria ser acusado el, e incluso pueden juzgarle. Por el momento no hay mas opciones, y este caso tiene todo lo necesario para que salgan buenos titulares en los medios de comunicacion. Y eso amenaza con influir hasta en el mas listo de los jueces y de los policias.

– Tus casos los eliges tu -dijo Matthew-. ?Has elegido este conscientemente?

– No, en absoluto -respondio ?ora al momento-. Pero por lo menos tengo que creermelo. Yo no fui a buscar a ese hombre. Jamas me habria esperado nada ni remotamente parecido cuando me encargue del caso, en el que no habrian tenido que rodar cabezas, en el sentido literal de la expresion… -bufo-. Pero aun no me has respondido a que se puede deber lo que hicieron con la cabeza. ?Tienes alguna idea?

– No me puedo considerar un experto -respondio Matthew, y ?ora se dio cuenta de que su voz tenia un tono diferente, mucho mas serio que cuando empezaron a hablar-. Pero bueno, uno ha oido y ha leido algo sobre esas cosas.

– Naturalmente -dijo ?ora-. Es algo totalmente inevitable.

– Sabes lo que quiero decir -respondio Matthew, picado-. No es tan raro en las guerras, aunque no se muy bien si es algo practicado por el hombre desde tiempo inmemorial. El objetivo es sin duda privar a la victima de su virilidad y al mismo tiempo mostrar repugnancia ante ese individuo. La mafia utilizaba tambien este sistema cuando quitaba la vida a los traidores.

?ora fruncio las cejas:

– Dudo mucho que la mafia tenga nada que ver aqui. Esto es una ciudad pequena que vive de la industria pesquera, y aqui la mafia no tiene mucho que rascar.

– Pero habra un puerto, supongo.

– Si, claro, pero dudo de que esto tenga algo que ver con la familia -dijo ?ora, segura de su posicion. Habia visto fotos de las Islas Vestmann de la epoca de la erupcion, y mafiosos al estilo italiano con traje y cigarro puro habrian llamado tanto la atencion como un astronauta con el equipo completo-. Cierto que estallo una guerra por el bacalao entre Islandia y el Reino Unido en esa epoca, pero no fue una guerra en el sentido habitual, porque practicamente no hubo ejercitos.

– Te repito que se utiliza tambien en los asesinatos motivados por el odio, cuando se mata por raza, religion o tendencia sexual. ?Puede haber algo de eso?

– Pues vaya, no tengo ni idea -respondio ?ora-. Aun no han conseguido identificar los cadaveres, lo que hace bastante fastidioso el caso. Confio en que lo logren, porque sabiendo tan poco estoy mas bien sin recursos.

– Sea cual fuere el resultado, ?ora -dijo Matthew con la respiracion agitada-, un acto como ese deja ver un odio, una furia y una rabia autenticamente exacerbados. Si la persona que lo hizo sigue con vida, creo que conviene andarse con pies de plomo. Quien sea responsable de algo asi no estara nada feliz de que se escarbe en el pasado.

?ora intento relajar un poco el clima.

– Vaya, gracias. Pero el asesino estara ya criando malvas o formara parte de la tercera edad. Creo que no corro ningun peligro.

Matthew callo por un instante.

– El odio no envejece con las personas. No un odio como ese, ?ora. Tienes que poner los pies en el suelo, con mucha prudencia.

Al concluir la conversacion, ?ora se quedo un rato mirando al infinito. Hizo un esfuerzo por imaginarse a si misma cortando el organo sexual de un hombre y metiendoselo en la boca. No lo consiguio. Se dio cuenta de que las palabras de Matthew eran mas que razonables. Aquello demostraba un odio increible; un odio que hacia que la persona en cuestion no pudiera seguir en medio de la sociedad humana. Pero ?que podia provocar un odio semejante?

Capitulo 15

Miercoles, 18 de julio de 2007

No habia nadie en recepcion cuando ?ora bajo a dejar la llave. No se veia a Bella por ninguna parte, de modo que ?ora le envio un SMS para que se diera prisa si querian tomar el avion. ?ora no tenia ningun interes en perder el vuelo de la manana y tener que esperar hasta la tarde para poder viajar de Heimaey a Reikiavik, pues tenia muchas cosas esperandola en el campo de batalla del hogar, y tambien en el trabajo. Dejo las llaves sobre el mostrador con un golpe, esperando que la recepcionista se percatara de su presencia, pero no tuvo exito. Descubrio una campanilla de estilo antiguo y la hizo sonar bien fuerte. No paso mucho tiempo hasta que aparecio, con una sonrisa en los labios, la mujer que, al parecer, atendia la recepcion dia y noche, y arreglo la cuenta de ?ora. Pero Bella seguia sin dar senales de vida. ?Habria vuelto a salir de copas y a lo mejor seguia durmiendo en la cama de algun marinero desconocido? ?ora miro su reloj y vio que aun no habia motivo de alarma, asi que se acomodo en un sillon y cogio la prensa. Los periodicos eran del dia anterior, pero ?ora se puso a hojearlos de todos modos.

Poco despues aparecio en la puerta principal del hotel Johanna, la hermana de Alda, y se dirigio hacia ?ora, que enseguida dejo el periodico y la saludo.

– Si, hola -respondio Johanna cogiendole la mano sin fuerza mientras intentaba recuperar el aliento-. Estaba segura de que ya te habrias ido. Tomas el vuelo de por la manana, ?verdad?

– Si -respondio ?ora, mirando otra vez el reloj de la pared-. La chica que me acompana se retrasa un poco. Mejor, porque si no ya estaria en el aeropuerto -miro a Johanna y le sonrio-. ?Hay algo nuevo?

– Anoche encontre una cosa. Despues de hablar contigo me puse a pensar en Alda y en lo que dijiste de los cadaveres del sotano. Si hay unos criminales que le hicieron algo a mi hermana, quiero ayudar en todo lo posible -levanto una bolsa de plastico que llevaba e hizo ademan de darsela a ?ora-. Por eso busque esto. Quiero que les eches un vistazo.

?ora miro la bolsa extranada y la cogio. Contenia cinco cuadernitos. Miro de nuevo a Johanna.

– ?Que es esto?

Johanna tenia un gesto que parecia pedir perdon, y se acariciaba la barbilla, aparentemente por los nervios.

– Alda desde siempre escribia un diario, y yo sabia que estaba guardado con otras cosas suyas en el trastero de mis padres. Nuestra casa era una de las que no quedaron cubiertas del todo, y la desenterraron enseguida. Despues de la muerte de mi padre, mi madre puso la casa en venta pero no ha salido comprador aun. Yo la ayude a examinar los trastos y a tirarlos para dejar la casa libre y que no tuviera que avergonzarse de que estuviera llena de cosas inutiles en el trastero y el almacen cuando viniera alguien a verla. Me encontre esto entre las cosas que Alda se dejo alli despues de la erupcion, por las que no habia mostrado ningun interes desde entonces. Pensaba devolverle sus diarios cuando viniera el fin de semana pasado -sonrio como excusandose-. Mi madre esta en Reikiavik por la muerte de Alda, y no sabe que los he cogido. No estoy segura ni de que conozca su existencia.

A ?ora le dieron unas ganas tremendas de darle un beso a aquella mujer, pero se contuvo. Sabia perfectamente que no debia hacerse cargo de aquellos cuadernos, pues podrian ser de utilidad para las investigaciones de la policia, pero tambien sabia igual de bien que si los entregaba no podria volver a verlos durante una buena temporada, y quiza ni siquiera en su totalidad. Pero, como abogada, no le parecia nada conveniente quebrantar la ley.

– Lo mejor es que estos diarios vayan a manos de la policia -dijo, entregandole la bolsa a Johanna-. Es muy posible que contengan informacion de la que deba disponer la policia.

El gesto de Johanna se endurecio y se quito la mano de la barbilla.

– Esto no se lo pienso llevar a Gu?ni y compania. De eso ni hablar. Aqui hay pensamientos privados de mi hermana en los anos de su adolescencia, y no quiero ni imaginarme que puedan hacerse publicos y que los lean unos desconocidos.

– ?Tu los has leido? -pregunto ?ora, con la bolsa aun en la mano.

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