– No -dijo Johanna sacudiendo la cabeza-. No soy capaz. En su momento, estos diarios eran lo mas sagrado que tenia Alda, y a mi casi ni me dejaba verlos, incluso cuando ni siquiera sabia leer. No tengo interes en conocer sus secretos, por muy corrientes que puedan parecer hoy dia -miro a ?ora con ojos suplicantes-. Confio en ti aunque no te conozca. Tu comprendes lo que es ser una chica jovencita y ademas puedes juzgar si entre las cosas de las que se escribe en ellos puede haber algo importante sobre los cadaveres y el asesinato de Alda.

– No es seguro que Alda haya sido asesinada -dijo ?ora, sobre todo por guardar las formas. La hermana estaba ya completamente convencida, y nada que ?ora pudiese decir seria capaz de hacerla cambiar de opinion-. E incluso si los diarios pudieran arrojar alguna luz sobre este caso, eso no significaria que puedan explicar la muerte de Alda.

– De eso me doy perfecta cuenta -respondio Johanna, aunque su rostro decia algo completamente distinto-. A lo mejor no hay nada en absoluto en esos diarios. A lo mejor hay algo -cogio la mano de ?ora-. ?Me prometes que los leeras por mi? Si no hay nada que le pueda interesar a la policia, me devuelves los diarios y ya esta. Pero no soy capaz de deshonrar la memoria de mi hermana dandoselos a la policia si no es imprescindible.

?ora observo durante un instante a la mujer que tenia alli delante de ella. Igual que el dia anterior, llevaba puesto un traje de chaqueta corriente, de empleado de banca, y una camisa verde que no pegaba nada con la chaqueta y los pantalones azules. En la comisura de los labios habia una manchita de pasta de dientes. Ropa, estilo y aspecto no era en lo que mas se pensaba en momentos tristes como aquellos. ?ora comprendia perfectamente el lamentable estado de animo de aquella mujer.

– Los leere, pero tendre que entregar todo lo que considere que afecta al caso -miro la bolsa-. Naturalmente, lo mejor seria que los leyeras tu misma.

Johanna sacudio la cabeza con vehemencia y el peinado, que no estaba especialmente cuidado, se le deshizo por completo.

– No. No quiero hacerlo. Te parecere ridicula o mojigata, pero es mas que la lealtad hacia mi hermana lo que me impide leer lo que pone ahi -tomo aire por la nariz y lo exhalo despacio-. Habia algo horrible en las relaciones de Alda con mi padre. Que yo sepa, nunca hablaban, ni se veian a solas. No tengo ninguna gana en absoluto de enterarme de por que pasaba eso, me da miedo que mi padre le hubiera hecho algo imperdonable. Quiero recordarlos a los dos como los veia yo y, en todo caso, ya es demasiado tarde para cambiar nada. Los dos estan muertos.

?ora asintio. Podia entender a esa mujer. A la vista de los casos de incesto que iban saliendo poco a poco a la superficie, Johanna tenia miedo de que hubiera pasado algo parecido.

– Comprendo -se limito a decir-. Puedes confiar en que no desvelare nada que no este directamente relacionado con el caso. Ademas, me pondre en contacto contigo antes de hacer nada.

Johanna sonrio satisfecha.

– Bien -miro al gran reloj de pared que estaba colgado en la recepcion-. Dios mio, tengo que darme prisa. Se me ha hecho demasiado tarde.

?ora vio a la mujer salir por la puerta del hotel y dirigirse a paso rapido hacia su trabajo, hasta que desaparecio al doblar la esquina. La bolsa pesaba en los dedos doblados de ?ora y ardia en deseos de leer lo que decian los diarios. Albergaba la sincera esperanza de no encontrar nada que pudiera causar a Johanna un dolor innecesario, pero tambien se temia que seria eso precisamente lo que la esperaba. Si habia algo en los diarios que afectase al caso, seria algo malo y negativo. Las palabras de Matthew sobre el odio sonaban como un eco en su mente, y cuando hubiera llegado hasta el fondo, ?ora no estaba nada segura de que le apeteciera saber lo que habia puesto en marcha toda aquella horrible cadena de acontecimientos.

Bella se dejo caer en una silla al lado de ?ora, que estaba sentada ante una mesa del aeropuerto. Senalo con el pulgar en direccion a una ventanilla donde vendian golosinas.

– Menudo rollo. No habia -se volvio y ?ora pudo ver perfectamente que estaba poniendo malisima cara al hombre del mostrador-. Y a esto lo llaman aeropuerto.

– El vuelo dura veinte minutos, Bella -dijo ?ora, molesta-. Tienes que ser capaz de aguantarlos sin chicles de nicotina -ahora era ?ora la de la mala cara, y miro hacia donde estaba el avion-. Tienen que empezar con el embarque ya -solto por decir algo. No era solo el cabreo de Bella lo que aumentaba su impaciencia por partir, sino tambien los diarios de Alda, pues ardia de ganas por empezar a leerlos. No era solo la expectacion por lo que pudiera haber alli oculto lo que la hacia tener tanta prisa por revisar aquellos cuadernos, sino que, obviamente, si no tenia mas remedio que entregarselos a la policia, mas valdria leerlos lo antes posible. La policia se enfadaria con ella por mucha prisa que se diera en entregar los diarios, pero el dano era menor si lo hacia al poco de llegarle a ella a las manos; a ser posible. Si los repasaba ese mismo dia, al siguiente podria hacer una fotocopia y entregar los cuadernos.

– No hay ninguna prisa -farfullo Bella-. Ya hemos pagado los billetes y no se iran sin nosotras -se puso en pie-. Voy a fumarme un cigarrillo.

?ora respiro mas tranquila al quedarse sola, y su alegria se vio aumentada cuando anunciaron que en breves momentos partiria el avion para Reikiavik. Se levanto para buscar a Bella en la explanada del aeropuerto, y la vio apoyada en la escultura conmemorativa de la visita a Islandia de Gorbachov y Reagan, dejando escapar una nube de humo detras de otra.

– Vamos -dijo ?ora-. No podemos perder el avion.

– No se ira -dijo Bella encantada consigo misma, pero dio la ultima calada y luego apago el cigarrillo. Senalo la escultura y la placa con la inscripcion-. ?Quienes son estos tipos?

– Vamos -dijo ?ora, que no tenia ganas de explicarle la historia que habia detras del encuentro de los dos lideres mundiales, eran unos jefazos que ya no le importan a nadie. ?ora se apresuro a entrar e incluso mantuvo la puerta abierta para que la secretaria entrase tambien. Aun asi, fueron las ultimas en entrar en el avion y ocupar sus asientos. Nada mas abrocharse el cinturon de seguridad, ?ora saco los cuadernos.

– ?Que es eso? -pregunto Bella con un gesto de extraneza al ver en manos de ?ora aquellos cuadernos de diferentes colores y un tanto estropeados por las esquinas. Fruncio sus cejas pintadas de oscuro-. ?Diarios? -dijo al momento-. De pequena yo tambien tenia de esos. ?De quien son?

Aunque ya hubiera llovido desde la visita de Reagan y Gorbachov, al parecer la vida seguia igual generacion tras generacion. ?ora tambien habia tenido un diario muy parecido al que estaba en lo mas alto del monton.

– Nada, es una cosa que tengo que revisar -respondio ?ora sin decir a quien pertenecian los diarios-. Nada especial, creo -?ora parecia haber dado en el clavo en lo tocante al primer cuaderno. Era del ano 1970 y a primera vista no contenia nada relacionado con la investigacion. La caligrafia de Alda era la tipica de las adolescentes, grandes letras redondeadas y de vez en cuando las ies iban rematadas por un corazoncito en vez de por un punto. Las fechas estaban en la parte superior de cada pagina; a veces se saltaban una semana entera, y quiza era ese el motivo de que hubiese perseverado durante varios anos. ?ora habia dejado de escribir en su diario al cabo de seis meses, cuando sus anotaciones le empezaron a mostrar ya con meridiana claridad lo poco que pasaba en su vida a los once anos de edad. Habria debido limitarse a los acontecimientos especiales. Habria podido hacer un ejercicio de introspeccion desde una infancia que ya le habia desaparecido casi en su totalidad.

?ora cerro el cuaderno y lo puso al final del monton. Busco el cuaderno de 1973, que encontro con facilidad, porque era el mas estropeado y la cubierta crujio al abrirlo. ?ora lo abrio por la primera pagina y leyo la entrada del ano nuevo de 1973, donde Alda daba la bienvenida al ano entrante y resumia en cinco puntos lo que se proponia conseguir en los doce meses que tenia por delante. ?ora sonrio al ver los objetivos que se habia propuesto.

1. Viajar al extranjero.

2. Estudiar en casa.

3. Comprar un tocadiscos.

4. Encontrar novio.

5. Dejar de pensar en el pelo: crece.

Aunque no comprendia este ultimo punto, todo encajaba perfectamente con una chica de quince anos que estaba empezando a meter un pie en el mundo de los adultos. Ahora eso mismo seria mas tipico de una jovencita de trece anos, pero en 1973 las cosas sucedian mas despacio en la vida de los ninos y los jovenes. ?ora leyo entonces sobre lo mustios que se habian quedado los padres de Alda despues de la feliz noche anterior, y que su hermanita Johanna estaba todavia mas asustada por los fuegos artificiales, que habian sido mucho mas chulos

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