evidentemente, no era publico. ?ora decidio dejar un mensaje en el contestador.
Ya no le quedaba mas que hablar con el servicio de urgencias, pero el numero le recordaba a ?ora muchos anos de matrimonio con un medico que volvia siempre tardisimo despues de las guardias. Siempre se alargaban lo indecible. Incluso le sono familiar la voz de la mujer que respondio, aunque llevaba ya cinco anos separada de Hannes. Pero no le paso lo mismo a la mujer al otro lado de la linea, la voz de ?ora no parecio encender ninguna lucecita en su memoria, ni paso a un registro de mayor familiaridad al oir su nombre. ?ora intento consolarse pensando que alli trabajaba mucha gente y que a lo largo del tiempo unos se iban y otros venian, ademas de que su nombre era relativamente comun. Despues de esperar para hablar con la supervisora de Alda ?orgeirsdottir, informaron a ?ora con cierta desgana de que trasladaban su llamada a la jefa de enfermeria que estaba de guardia en esos momentos. ?ora le dio las gracias, pero antes de que acabara su frase la mujer ya habia transferido la llamada. En los oidos de ?ora sono una espantosa melodia electronica que seguramente jamas habria podido entrar en ninguna lista de exitos.
Unos minutos mas tarde se presento con voz fria una mujer llamada Elin, a quien no parecian quedarle muchas ganas de hablar despues de haberse pasados unas cuantas horas aliviando los sufrimientos de las personas que llegaban al servicio. ?ora se presento y explico el motivo de su llamada. Dijo que buscaba informacion sobre Alda ?orgeirsdottir y pregunto si podria pasarse por alli a hablar con sus antiguos companeros de trabajo, por un asunto que afectaba a un amigo de la infancia de la enfermera recientemente fallecida.
– Se perfectamente como estais de liados y os molestare lo menos posible -dijo finalmente, con la esperanza de ser mejor recibida. Aquella gente tenia muchisimo que hacer, pocos lo sabian mejor que ?ora, e imagino que acabaria teniendo que hablar con ellos mientras curaban alguna herida abierta.
– Alda ?orgeirsdottir habia dejado de trabajar aqui ya antes de su fallecimiento -dijo la enfermera jefe-. En realidad nunca fue empleada fija, sino que se limitaba a hacer algunas guardias los fines de semana y algunas noches. Trabajaba en una clinica privada en el centro, por lo que creo que deberias ponerte en contacto con ellos.
Siempre venian bien los consejos de los demas, sobre todo si eran obvios.
– Claro, pienso hacerlo -respondio ?ora, algo molesta por la frialdad de la voz al otro lado de la linea-. Pero preferiria poder hablar tambien con vosotros.
– No creo que sea posible -fue la respuesta-. En primer lugar, no tenemos nada que decir, ademas es muy dudoso que sea etico, y por ultimo no tenemos obligacion ninguna de hablar con un abogado de la ciudad. La etica ocupa aqui un lugar prioritario.
?Etica? ?ora intento adivinar la edad de aquella mujer. ?Cien anos? ?Ciento cincuenta?
– Naturalmente, no teneis ninguna obligacion de recibirme -respondio-; claro, a menos que tenga un accidente. Pero en todo caso siempre podria llamaros a testificar ante un tribunal y enterarme entonces de si teneis informacion que afecte al caso. Tal vez esa sea la mejor solucion.
– ?Ante un tribunal? -exclamo la mujer, menos orgullosa que antes-. Creo que eso sera totalmente innecesario. Ya te he dicho que dejo de trabajar aqui -se la noto vacilar por un momento-. ?De que va todo esto, si puedo preguntar? ?De la muerte de Alda?
– De un caso en el que trabajo para un senor que conocia a Alda -respondio ?ora, aprovechando la situacion para jugar sus cartas.
– ?Se trata de un caso de violacion? -pregunto la mujer, y ahora su voz estaba llena de recelo-. Ya hemos dicho todo lo que tenemos que decir. Nosotros no protegemos a nadie, y de nada sirve presentarse con subterfugios. Este caso va a resolverse en el tribunal, que es el que decide la culpabilidad, y ahi termina nuestra labor. Seguimos las normas habituales en este tipo de casos, y entre ellas no figura el tener reuniones con abogados de la calle sobre cualquier tema del que a ellos les apetezca hablar.
Ahora fue ?ora quien titubeo. ?Un caso de violacion? Tenia que andarse con cuidado para no meterse en algo que no tuviera nada que ver con ella y con el caso de Markus. En realidad, la enfermera tenia toda la razon; el hospital no tenia ninguna obligacion de atenderlos a ella ni a Markus y los intereses de quienes se veian obligados a recurrir a sus servicios tenian que quedar siempre en primer plano.
– No, no se trata de ningun caso de violacion. Te lo prometo -dijo ?ora, esforzandose al maximo para ser amable-. Ya veo que desgraciadamente no va a ser posible, asi que mejor lo dejamos. Teneis mucho trabajo.
?ora colgo. No habia abandonado su intencion de hablar con los trabajadores de urgencias por respeto a las normas de trabajo del hospital o el juramento hipocratico. Sencillamente, entraria por la puerta de atras. Se trago una parte de su orgullo y marco el numero de telefono de su ex marido.
Dis escucho el mensaje del contestador y la sonrisa que llevaba en los labios despues de una intervencion exitosa desaparecio como por ensalmo. ?Y ahora? ?Una abogada que queria hablar con ellos sobre Alda? No la policia, como habia temido, sino la abogada de un amigo de la infancia de Alda al que Dis nunca habia oido mencionar. Escucho de nuevo el mensaje e intento sacar de el algo mas, aunque sin exito. La voz era suave y amable y no daba a entender en absoluto que Dis y Agust escondieran algo sucio ni que estuviera interesada exclusivamente por alguna cuestion formal sin relacion ninguna con ellos. Dis penso en ir a buscar a Agust, que estaba terminando la consulta con el ultimo paciente del dia, un hombre joven que queria que le borrasen las cicatrices de una pelea. Decidio esperar. Agust era un teatrero y ella no tenia ningun interes en alimentar sus propios temores escuchando sus ideas paranoicas. Casi le dieron arcadas de pensar en el unico pleito que habian tenido por cuestiones profesionales. En esa epoca, Agust estaba casi antipatico, por su permanente preocupacion por el caso, aparte de sus absurdas cavilaciones que no renunciaba a exponer en todas las ocasiones posibles. Cuando el pleito termino en una sentencia, Dis estuvo a punto de anadir su alma a la indemnizacion que fueron condenados a pagar. Era pura calderilla, sobre todo en comparacion con la posibilidad que les proporciono para poder trabajar en paz.
Dis anoto el numero de la abogada y a continuacion borro los mensajes. Decidio llamar a la abogada al dia siguiente, cuando Agust no estuviera en la clinica. Lo mas probable era que no se tratara de nada importante, seguramente seria algo relativo a la herencia, querria saber si Alda tenia un seguro de vida a cargo de la clinica o algo parecido. Dis lo solucionaria ella sola, y si por un azar improbable el asunto fuera algo mas serio, avisaria a Agust. Pero solo si era imprescindible.
Dis se dirigio a la bonita mesa de escritorio de Alda. Tenia un espacio reservado en la recepcion, detras de un tabique que la separaba de la sala de espera. Alda no tenia despacho propio, como Agust y ella misma, pues ayudaba sobre todo en el quirofano y algo en el papeleo. Dis observo el pulcro lugar de trabajo, que se parecia, en ese aspecto, al despacho de Agust. Pero, a diferencia de este, Alda habia dado a aquel pequeno espacio un poco de alma; sobre la mesa habia una fotografia enmarcada de una mujer que Dis recordo que era la unica hermana de Alda, mas pequena que ella, y habia tambien una maceta de color con un cactus que parecia crecer estupendamente. «Pobre cactus», penso Dis. Ni ella ni Agust eran capaces de mantener con vida ni una mala hierba, y la chica de la recepcion tendria problemas para separarse un momento de su telefono movil y cuidarlo. Lo mas razonable seria, penso Dis, tirar de inmediato la maceta a la basura, para no tener que ver como se marchitaba el cactus, pero no se decidio a hacerlo, por respeto a la memoria de Alda. Mejor seria intentar acordarse de la planta y cuidarla lo mejor posible. De ese modo, si el cactus moria, al menos podria decir que lo habia intentado. Por respeto a Alda no podia tirar algo que ella apreciaba.
Encantada con sus nobles pensamientos, Dis se sento y empezo a examinar la mesa y el ordenador de Alda. Ni se le paso por la cabeza que aquello pudiera ser inapropiado. Ella tenia una empresa que era propietaria de aquel ordenador, igual que de todo lo demas que habia por alli, y si Alda guardaba secretos que no hubiera querido que fueran conocidos en la consulta, a Dis le parecia perfectamente normal disponer de ellos. Agust era un cotilla y la chica de la recepcion era, si acaso, tonta. Ninguno de los dos tenia la madurez suficiente para honrar la vida particular de otra persona.
Mientras el ordenador arrancaba, Dis repaso los cajones de la mesa. En el de mas arriba estaban los objetos de escritorio, tan bien ordenados como Dis nunca habria sido capaz de ponerlos aunque le fuera la vida en ello. En el primer cajon de Dis todo estaba amontonado: plumas, clips, sellos y otras cosas mas que iban a parar alli porque no tenian ningun sitio especial.
En los otros dos cajones no habia muchas cosas, pero entre ellas habia unos documentos que Dis no supo que eran, a primera vista. Entre ellos estaba el informe de la autopsia de una mujer fallecida en el hospital de Isafjor?ur. Dis lo leyo por encima pero no encontro ninguna relacion con Alda ni con su trabajo en la clinica. No le
