Busco el numero del instituto de Isafjor?ur y cruzo los dedos con la esperanza de que alguien respondiera. Era pleno verano y no estaba nada claro que fuera a haber alguien. Afortunadamente, la secretaria resulto que estaba abierta y ?ora dio con una funcionaria dispuesta a ayudarla en todo lo posible.
?ora prefirio esperar al telefono mientras la mujer intentaba encontrar la referencia de Alda, por miedo a no poder establecer contacto mas tarde. Despues de un rato larguisimo, la mujer volvio a ponerse al telefono.
– Pues mira, el invierno de 1972-1973 no hubo ninguna Alda ?orgeirsdottir matriculada en el instituto -dijo la mujer, que parecia triste por no haber podido encontrar los datos solicitados-. ?Puede ser que tuviera algun otro nombre de pila? Lo unico que tenemos son registros en papel y en orden alfabetico. Llevamos tiempo pensando en informatizarlo, pero nunca hay tiempo. Por eso necesito el nombre completo, lo siento.
– No -respondio ?ora, vacilante-. Creo que ese es el unico. ?Puede ser que no figure la matricula porque empezara cuando el curso ya estaba iniciado? A finales de enero, despues de la erupcion en las Vestmann.
– Eso no cambia las cosas -dijo la mujer, aun con pena en la voz-. Naturalmente, es posible que haya habido algun error, pero me parece bastante improbable. La financiacion del instituto por los poderes publicos se asigna de acuerdo con el numero de alumnos, y siempre hemos tenido mucho cuidado en que nuestras matriculas esten perfectamente en orden. Aunque hoy dia hay muchas cosas que no siguen ya el mismo patron, esta es una de las pocas que se mantienen inalteradas.
?ora le dio las gracias y se despidio. ?Habria ido Alda al colegio con otro nombre o sencillamente Johanna recordo mal el nombre de la escuela a la que asistio su hermana despues de la erupcion? Esto era probablemente lo que pasaba, porque la historia de Johanna no encajaba en absoluto. Los alumnos no cambiaban de clase y de curso de la noche a la manana en pleno invierno. ?ora estuvo pensando en quien podria conducirla a la verdad del asunto, y su conclusion fue que tenia que hablar con la madre de Alda sin demora. La madre probablemente recordaria sin confusion alguna todo aquello, y ?ora podria, ademas, aprovechar la ocasion para preguntarle una serie de cosas. Entre las notas que habia tomado figuraba el numero del movil de Johanna, la hermana de Alda, pero cuando la llamo para ver como organizar una reunion con su madre no hubo respuesta. Johanna seguramente estaba muy ocupada con su trabajo de cajera y lo unico que ?ora podia hacer era volver a intentarlo mas tarde. Tambien queria informarla de que en los diarios no habia nada anomalo sobre la relacion de Alda con su padre.
Decidio hacer otro intento y preguntar a las amigas de la infancia de Alda lo que fue de ella despues de la erupcion, por si entretanto hubieran recordado algo mas. Solo contestaron dos de ellas, y por el tono de ambas estaba claro que temian que sus llamadas telefonicas fueran a hacerse demasiado frecuentes y que habian cometido un error al atenderla cuando llamo por primera vez. Por lo menos, las dos tuvieron en comun el atender a ?ora mucho peor que la otra vez. Ninguna de las dos dijo recordar nada importante, aparte de lo que ya le habian contado, y siguieron empecinadas en que Alda habia ido al instituto de Reikiavik, aunque no sabian cuando habia empezado a asistir ni si llego a hacer el examen final de acceso a la universidad. Despues, la primera mujer empezo a protestar porque se le estaba haciendo tarde y se despidio, sin dar ocasion a ?ora de hacerle mas preguntas. Afortunadamente, la otra mujer no se mostro tan antipatica y ?ora consiguio preguntarle muchas cosas que se le habian ocurrido despues de leer el articulo publicado en el periodico.
– ?Puede ser que a Alda le sucediera algo justo antes de la erupcion, algo que la hiciera ser distinta a como era habitualmente? -pregunto ?ora.
– Dios mio, hace tantisimo tiempo de eso… -respondio la mujer; se podia apreciar que se sentia como si la conversacion no fuera a acabar nunca-. Si paso algo, yo no lo recuerdo.
– No se, ?baja de animos, malhumorada o algo por el estilo? -insistio ?ora.
– No lo recuerdo -respondio la mujer, pero entonces se callo un momento, como si se tomara tiempo para pensar-. En realidad, todos tuvimos ciertos problemillas el fin de semana anterior; ya lo tenia completamente olvidado.
– ?Que paso? -pregunto ?ora expectante.
– Bueno, una tipica tonteria de adolescentes -dijo la mujer-. Probamos el alcohol por primera vez el fin de semana antes de la erupcion. Nos emborrachamos a muerte y se supo todo. A mi me castigaron sin salir por la tarde durante dos meses, pero naturalmente el castigo ceso con la erupcion. Si Alda estaba mustia seria probablemente por como se enfadaron sus padres con ella.
– ?Donde estuvisteis bebiendo? -pregunto ?ora-. ?En alguna casa? -apunto entonces, a la luz de su propia experiencia.
– No, en el baile del colegio -respondio la mujer-. Claro, se descubrio enseguida y nos mandaron a todos a casa, incluso a quienes no habian bebido.
?ora insistio en el tema, pero no saco mucho mas en claro. Los chicos se habian dedicado a robar bebidas en sus casas: cada uno lleno una botella pequena de Coca-Cola con lo que encontraba, la mayoria cogio una copita de cada tipo de alcohol para que nadie sospechara. Asi acabaron con toda clase de mezclas y se armo la de San Quintin, como era de esperar. La mujer con la que estaba hablando ?ora se puso mala en el baile, asi que llamaron a sus padres para que fueran a buscarla, como les paso a otros muchos; tenia una vomitona de aupa. Por eso no podia decirle si Alda habia podido irse a casa sola o si tambien la habian ido a recoger. No recordaba nada de la ultima parte de la fiesta por culpa de la borrachera. Asi que ?ora decidio no seguir preguntandole por ese tema: le preguntaria a Markus en cuanto tuviera oportunidad de hacerlo. Ojala no tuviera el tanto problema para recordar y contar lo sucedido.
– Una cosita mas, y prometo dejarte en paz -dijo ?ora-. ?Sabes por que estaba tan molesta Alda con su pelo?
?ora esperaba que la mujer dijese que no sabia de que le estaba hablando, pero no fue asi.
– Ah, eso -respondio, con voz apagada-. Menuda barbaridad.
– ?Le paso algo a su pelo? -por la mente de ?ora pasaron todas las historias terrorificas que habia oido a lo largo de los anos sobre peluqueros que les quemaban el pelo a sus clientes con el liquido de la permanente o con los tintes.
– Se lo cortaron -respondio la mujer-. El curso entero hizo una acampada en el gimnasio al terminar los examenes, antes de las navidades, y cuando Alda se desperto por la manana le habian cortado el pelo, probablemente mientras dormia. Nunca se descubrio quien habia sido.
?ora fruncio las cejas.
– ?Quienes estaban alli, y quienes tenian acceso al gimnasio?
– El curso entero, si no recuerdo mal. Claro que hubo algunos que prefirieron no participar o que estaban enfermos, pero la mayoria de los chicos y las chicas estaban alli. Tambien habia dos profesores y el conserje. Puede ser que hubiera mas adultos, pero no lo recuerdo. Naturalmente, me habria olvidado de todo si no hubiese sido por lo del pelo de Alda. Como es logico, se puso hecha un basilisco, pues tenia un pelo especialmente bonito, largo y rubio. Se lo cortaron con unas tijeras y casi la dejaron al cero. Naturalmente, tuvo que ir a una peluqueria al dia siguiente para que se lo arreglaran, pero fue una imbecilidad. Demasiado corto, igual que un chico.
?ora se despidio. Estaba de lo mas confusa, porque recordaba perfectamente lo importante que era el pelo en la adolescencia. Era absurdo pensar que aquel desagradable suceso pudiera tener alguna relacion con el caso, pero nunca se sabe. Otro detalle mas que preguntarle a Markus, junto a lo que habia dicho la mujer sobre la borrachera adolescente del fin de semana anterior a la erupcion, la noche antes de que apareciera la sangre en el muelle.
?ora paso a ocuparse de la clinica en la que trabajaba Alda. Vio en la Red que la llevaban dos cirujanos plasticos, Dis Hafli?adottir y Agust Agustsson. ?ora tuvo la sensacion de que el nombre del tal Agust le resultaba conocido. Efectivamente, lo habia oido mencionar de pasada en una reunion de su grupo de amigas, hablando de tratamientos de belleza. Las amigas mas enteradas decian que era el mejor especialista en senos de toda la ciudad. Habia ademas rumores menos contrastados sobre personas que venian incluso desde Hollywood para ponerse en sus manos, y ?ora recordo que aquello le habia sonado un poco excesivo. Si en Hollywood no se podian conseguir unos senos decentes, seria absurdo que tuvieran que marcharse nada menos que a Reikiavik para operarse. La practica hace al maestro, segun dicen. En cambio, a la tal Dis no la habia mencionado nadie, y si miles de personas iban a someterse a sus tratamientos desde el otro extremo del mundo, su grupo de amigas no se habia enterado.
El contestador informo a ?ora de que la peticion de hora se debia hacer antes del mediodia en dias laborables. Le indico igualmente que si necesitaba contactar con alguno de los doctores en relacion con intervenciones ya realizadas podia llamar al numero que figuraba en su parte de alta. El numero de emergencias,
